La columna de Sherlock

 

Combatiendo la desocupación

–Se puede decir que los pases en comisión que utilizan los legisladores tienen también una función social–, le decía a Sherlock un conspicuo visitante de la presidencia de la Cámara de Diputados.

–¿Adónde quiere llegar?   contestó nuestro sabueso, sorprendido por la opinión del informante.

–Es que cuando se publiquen las listas de los pases, se podrá saber que por ejemplo algunos legisladores tienen en ese rubro a sus esposas o, también a esposas de ex legisladores. Están haciendo una «pierna» política para favorecer a la familia, el núcleo fundamental de nuestra sociedad.

–Y sí… mirado desde ese punto de vista…, balbuceó nuestro sabueso.

–Además en otros casos se favorece al deporte, también al periodismo.

–¿Cómo?

–Sí, por ejemplo José Carlos Domínguez, el directivo de Peñarol, revista con un legislador del Partido Nacional y un informativista de Canal 4, que tiene un cargo en el Ministerio del Interior, está en Comisión con un diputado colorado.

–Cuánto altruismo, ¿no le parece?

–Aunque usted ironice eso es así.

–Por eso se hace necesario publicar las listas de todos y cada uno de los funcionarios que están con pase en comisión. ¿No le parece?, dijo Sherlock con cara de inocencia.

–Claro está. Se debe demostrar que el pase en comisión no es una cosa arbitraria, sino que, con ese mecanismo se puede ayudar a mucha gente que, de lo contrario, tendría que trabajar… Así se ayuda a familias, a empresas periodísticas, a clubes de fútbol, a personas que están pasando una situación difícil.

–¿Se publicarán las listas?

–No lo puede asegurar   indicó el hombre   quizás algunos estén pensando en que la reserva es un método idóneo para no manosear a la gente.

No es necesario mostrar la buena actitud de algunos parlamentarios que lo único que hacen es ayudar a funcionarios de otras reparticiones, que tienen la desgracia de estar amparados por la ley de inamovilidad en la función pública.

–Ahh, ese perfil no lo había tenido en cuenta–, terminó Sherlock con los ojos húmedos, a punto de que una lágrima le corriera por la mejilla.*

 

El país de las diferencias

La cola frente al BPS para iniciar el trámite del Seguro por Desempleo, era como todos los días más que nutrida. Nuestro sabueso vio el panorama, las caras adustas de la gente que, obviamente, pensaba en su futuro incierto y prefirió no acercarse. Cruzó Colonia y se paró junto a un hombre que comercializaba guías telefónicas.

–Esa cola parte el alma   balbuceó nuestro sabueso.

El hombre asintió con la cabeza y dijo.

–La mayoría sabe que por largo tiempo no podrá volver a trabajar.

–Saben que tendrán que dedicarse, quizá, al comercio informal, agregó nuestro sabueso

Otro hombre que pasaba, también con cara de tristeza, se detuvo junto a nuestro sabueso y terció en la conversación.

–Esa fila es la que muestra la desocupación en la actividad privada–, dijo.

–Más bien la desocupación en el país–, agregó Sherlock.

–¡En la actividad privada! exclamó el hombre con una voz que mostraba molestia, agregando: Usted no me puede decir que en esa cola hay un solo funcionario público que fue despedido. Cuando se hacen las mediciones de desocupación siempre son sobre la situación de la actividad privada. ¿Usted cree que existe también un 16 por ciento de desocupados entre los funcionarios públicos?

–Ahora entiendo lo que usted dice, ¡claro! La situación es distinta. Pero los que trabajan en oficinas públicas no tienen la culpa de esta realidad. Existe un ordenamiento legal que establece la inamovilidad.

–Yo lo entiendo también. Pero no me diga, que, por lo menos, son situaciones distintas. Es sólo en la actividad privada donde cae el empleo.

–Eso está claro, pero menos mal.

–Menos mal, ¿por qué?

–Por lo menos el Estado ampara a un grupo de gente. Lo contrario sería simplemente multiplicar el número de desempleados.

–Si usted lo ve así  dijo el hombre y recomenzó su caminata.*

 

Lloviendo sobre mojado

–Al presidente de la República, Jorge Batlle, le gusta forzar las cosas hasta el límite, sin dar nunca el brazo a torcer–, le decía a Sherlock un funcionario colorado, en una de las puertas de la casona en donde funciona la sede de ese partido político.

Sherlock había llegado al lugar en su circuito informativo vespertino y, tanto como el funcionario, se encontró con que no había actividad alguna en la hermosa casona. Por eso resolvió escuchar al que hablaba.

–¿Por qué me dice eso?   preguntó nuestro sabueso.

–La respuesta es simple  contestó casi cantando el hombre, que siguió: ¿Vio el escandalete que se ha armado con los pases en comisión de los legisladores? Y sabrá que hay muchos temas más que irán saliendo, vinculados a esa situación.

–¿Qué me quiere decir?, por favor…

–Que, en buena medida, algunos de esos pases en comisión se han producido por la salida de una cantidad de funcionarios que provenían de la Intendencia de Canelones y trabajaban en el Edificio Libertad. Era una verdadera legión durante el período de Sanguinetti. Batlle cuando ingresó no los retomó en Presidencia y a muchos de ellos se les crearon situaciones difíciles, especialmente los que tenían domicilio en Montevideo.

–Los que tuvieron mayor «peso» político pudieron integrarse en las partidas, fuera de cupo, de algún legislador.

–Usted no me está diciendo nada nuevo…

–Espere que sigo, porque tengo otra perla para usted. Leí en su columna de la semana pasada que ingresó a Presidencia, para asesorar a Batlle, Héctor Pérez Peloche, un hombre que siempre trabajó por el partido y que estaba en la lona.

–Sí claro, un contrato de servicio por 21 mil pesos mensuales (IVA incluido), con aumentos anuales por el monto del IPC. Es algo que cayó mal en muchos sectores, ¿verdad?

–No me lo diga a mí, ¡por favor! , dijo el hombre mostrando impaciencia, pero déjeme contarle la otra novedad.

–¿Sobre lo mismo?

–Que Batlle firmó otro contrato, similar al de Pérez Peloche, con la señora Diver Villanueva.

–¿También por 21 mil pesos? ¿Y qué va a hacer?

–No me lo pregunte a mí, mejor hágalo con el Presidente. ¿Vio cómo es Batlle?

–Sí, hace llover sobre mojado.*

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