"La coalición es un chicle que se estira, que está por romperse"
RAUL LEGNANI
–La izquierda acumuló tradicionalmente a través de frentes políticos, con estatutos y autoridades comunes. Hoy Rafael Michelini propone una nueva idea que es crear nuevas mayorías, a través de una concertación política. ¿Cómo ve este proceso?
–Lo veo muy positivamente. Y esto creo palparlo cuando visito el Interior, donde se nota más, seguramente porque son sociedades más pequeñas. Allí es fácil saber cuándo alguien que toda la vida militó en los partidos tradicionales, se viene a nuestras filas. Y venirse a las filas del Encuentro no significa siempre que pida ingreso formal, sino que comienza a trabajar concertadamente en ese departamento, en ese pago, en esa ciudad con los compañeros de ahí. Y eso se vuelve impactante en el pago y forma parte de lo que es hoy un crecimiento aluvional desde 1994 a la fecha de las fuerzas progresistas en el Interior de la República.
Como lo que veo es un crecimiento abrupto, pienso que nosotros no podemos pretender que viejos recipientes, muy buenos en su época, estén capacitados –sin sufrir modificaciones– para contener todo eso nuevo que viene. Este crecimiento rompe las costuras del Frente Amplio que tiene unos estatutos, unas costumbres y una manera organizativa, que ya no se adecua a tanta gente nueva que viene. El Encuentro Progresista, que no está acabado ni mucho menos, está creciendo y está recibiendo paulatinamente la incorporación de nuevas fuerzas. Estoy hablando de líderes, de dirigentes de variado tipo del Interior y tal vez también en Montevideo.
Yo creo que las formas organizativas son para la gente y no la gente para las formas organizativas. Y las formas organizativas son para la tarea o para la misión histórica que haya que cumplir en cada momento y no al revés. Por eso, si se acercan fuerzas que no quieren entrar al Encuentro Progresista ni al Frente Amplio, pero que quieren concertar esfuerzos con nosotros en el área programática, pues bienvenidas sean. Ya sean de carácter social o de carácter político partidario. Me alegra mucho el proceso que está viviendo el Nuevo Espacio y espero con gran expectativa su gran reunión de octubre
–Michelini lanza esta idea, gana terreno dentro del Nuevo Espacio, también plantea dialogar con el doctor Juan Andrés Ramírez –hasta ahora ha dicho que no–, pero queda la interrogante de si realmente hay condiciones en el país para una concertación progresista. ¿Usted la está palpando?
–Noto en el Senado, y por ahí en los barrios, que el fracaso estrepitoso de la política económica lo ve todo el mundo y el que no lo ve es un ciego, con el respeto de los ciegos, que de pronto lo ven mejor que nadie. El fracaso no lo ve el que no quiere verlo.
Uno nota en los partidos tradicionales, con todas las cosas que están pasando en este momento y que no son otra cosa que síntomas de la crisis, que esa colectividades sufren deterioros internos… Que un director de un banco como Ariel Lausarot diga que pasó a comisión a un tipo para que no trabaje, me muestra, aparte de corrupción, que el Partido Colorado se está quedando sin militantes.
Ramírez, en su documento ideológico que le envió al Directorio del Partido Nacional, donde propone que la Justicia sea el centro de las preocupaciones ideológicas –¡está bueno el documento!–, dice que hay que acordar sobre eso porque si no, no hay militantes. Y eso es verdad, porque cuando un partido pasa a ser instrumento de un grupo para sus fines personales, un grupo de amigos o de parientes, se desfibra como partido, porque los partidos tienen que ser de combate, sean de derecha, de centro o de izquierda.
Cuando veo eso y miro a muchos colorados y a muchos blancos que ven esto también –lo ven, lo palpan y lo sufren–, yo me pregunto hasta cuándo esta coalición va a existir, hasta cuándo va a mantener sus mayorías parlamentarias, que las veo pegadas con chicle. Un chicle que se estira, que está al borde de romperse de un momento a otro. ¿Hasta cuándo los blancos soportarán a Brezzo? ¿Hasta cuándo los de la lista 15 lo soportan?
Con toda sinceridad le digo que en la Comisión General los blancos y los de la «15» disfrutaron de lo que nosotros le preguntamos a Brezzo. Pero hay una disciplina que sostiene a la coalición estratégica, que hace que después se vote defendiendo al ministro. ¿Hasta cuándo?
Ahora Bensión propuso cosas medias vagas pero graves, que estamos esperando que lleguen por escrito al Parlamento, y los blancos no estaban enterados. Y patean, chillan, van al Directorio y arman un escandalete y salen a decir que no votan el impuesto a la salud.
Uno ve que esa coalición de chicle, que es estratégica, muestra fisuras e insoportabilidades de las que puede haber muchos desprendimientos.
–¿Está convencido de eso?
—No, no estoy convencido, aunque estoy actuando como politicólogo, especie que está de moda. Hoy cualquiera puede ser politicólogo, tiene columnas y hasta le pagan, lo que me parece insólito. Antes los politicólogos íbamos a los boliches y era gratis. ¡Brutos análisis se escuchaban en el Sorocabana!
–Hoy un politicólogo, como dice usted, diría «que el escenario posible es que haya desprendimientos de los partidos tradicionales».
—No pensemos en grandes líderes, pero el Frente Amplio ¿crece de un repollo? ¿De los jóvenes que votan por primera vez? No, estamos creciendo de blancos y colorados de toda la vida, entre los que hay ciudadanos de a pie, lisos y llanos, pero también hay dirigentes medios, intermedios, ediles, que se vienen y se vienen porque no tienen otro remedio, pero también por convicción. Ven, hasta que se les rompen los ojos, las consecuencias de la política económica.
–Tengo la información de que en el Partido Comunista de Cuba cayó fea la posibilidad de que Michelini se arrime al Encuentro, porque Michelini fue a Cuba a reunirse con la disidencia y participó de conferencias de prensa. ¿Puede llegar a pesar esto en la izquierda? Le digo esto porque Michelini ha pensado en muchas cosas muy distinto al Encuentro.
—Pero la izquierda es un zoológico en el que hay de todo. Está la jirafa, está el mono, está el león, el tigre, el papagayo…
–¿Qué tipo de bicho es usted?
—El león vegetariano, como me dijo (Federico) Fasano, ya desprovisto de colmillos, «hamburguesado» como dijo un compañero (se ríe). En el Encuentro hay compañeros socialdemócratas, demócratas cristianos, blancos de estirpe y de tradición, hay batllistas, marxistas, independientes y orejanos, y me parece bien que estén porque esa es la sociedad uruguaya y expresa lo polifacético de nuestro pueblo. Así nació el Frente Amplio.
–¿El tema Cuba no es un punto de definición?
–Puede influir, pero en mí no creo que vaya a influir. Yo ya tuve alguna vez alguna discrepancia con el Partido Comunista de Cuba, cuando me dijeron que había que hacer la guerrilla rural y le dije que no. Hice la guerrilla urbana. Y los compañeros se enojaron, incluso porque se preocupaban por nuestra seguridad.
–¿Candidaturas únicas a las intendencias?
—Candidaturas únicas, pero si se mantiene la posibilidad de dos candidaturas, hay que presentar dos. Si ellos no aceptan la reforma de la Constitución, reglas de juego parejas para todos. Yo voy a ser bueno si todos son buenos.
–Ultimamente el Encuentro Progresista se muestra con pocos problemas internos, pero no conmueve a su gente.
—¿En qué sentido lo dice?
—Propone, hace documentos, escribe mucho, porque mire que han hecho documentos en este tiempo…
–Sí, la
verdad sea dicha que sí (se ríe).
–Meta documento y documento, propuesta y propuesta, dale y dale, y la gente no junta las firmas, la militancia no es mucha, Huidobro tiene que ir a Canelones porque la militancia no sobra. ¿Qué pasa?
—Ahí entraríamos a otro análisis: ¿me va a tener que pagar? No es fácil, en medio de la cultura de la especialización, crear un movimiento global. A veces se mueve el PIT-CNT, a veces los rurales, a veces Fucvam, a veces el FA, pero cuesta juntar todo eso en una misma correntada, como ha sucedido en algunos departamentos del Interior donde salieron todos a la calle, menos los prestamistas. Salieron hasta el comisario y el cura, porque estaban debiendo todos y los únicos que se quedaron en sus casas fueron los prestamistas y algunos gerentes de banco. Y esto no ha pasado a nivel nacional.
Yo criticaba mucho en el pasado a los bolches, dicho con todo respeto por mis entrañables camaradas. Decíamos que eran reformistas porque conducían todas las luchas al Parlamento porque sus fines eran, a la postre, electoralistas. No me apeo de esas apreciaciones, pero hoy veo que el electoralismo está en la base de la sociedad. Voy a un asentamiento, hablo con la gente, le proponga salir a juntar firmas o otro tipo de movilización y la gente lo mira a uno –son militantes, ¡eh!– y te dicen que lo que ven en el horizonte es sacar al gobierno. Lo dicen de otra manera: «Aquí hasta que no saquemos el gobierno no hay arreglo, porque ni siquiera se puede con una buena bancada, ni ganando plebiscitos contra las privatizaciones se los para». La gente se pregunta si tenemos que ganar cinco veces el mismo partido para que te reconozcan en la liga que ganaste. La gente intuye –es muy estratega– que ciertas luchas a la que la invitamos son parciales y que hay que ir a una global. A su vez no encuentra hoy una gran movilización convincente global, a pesar de que para ello se ha trabajado mucho. Claro que si se lograra, la gente lo apoyaría. Yo veo esa pata arrollada de trabajar a media máquina, porque no creen en el fondo, fondo, que esto le solucione el problema.
—Muy lindo el plan de emergencia, muy necesario…
–Muy serio, además.
–Siguiendo su razonamiento pienso que la gente se dice que ese plan no va a lograr concretarlo.
—El plan de emergencia es también un buen instrumento para trabajar con modestia, dentro y fuera del Encuentro Progresista. Es que los grandes movimientos necesitan un programa: me acuerdo del Congreso del Pueblo, me acuerdo del nacimiento de la CNT. En esos momentos se dejaron en la vereda los sectarismos, las mezquindades y se puso la grandeza de siete u ocho puntos programáticos que los aglutinó a todos. Porque la gente tampoco puede esperar a 2004.
—Por un lado la gente apuesta a sacar al gobierno, pero también quiere algún alivio ahora. ¿En el medio de esos extremos anímicos la dirigencia frenteamplista?
–Esa es la coyuntura que nos toca vivir en este momento, qué le vamos a hacer, don Raúl.
–No es una crítica…
–Ya sé que no es crítica, es una postura objetiva. En otros momentos me tocó bailar una polca, una zamba, una milonga, ahora me toca a bailar con esta situación, como gato entre la leña, tratando de que este país no se venga al suelo y que la desesperanza no cunda. *
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