Izquierda latinoamericana prepara su análisis del momento continental
En la elaboración del mismo participaron el Frente Amplio de Uruguay, el Partido de los Trabajadores de Brasil, el Partido Revolucionario Democrático del México y el Partido Comunista Cubano.
El documento será sometido a consulta de todas los partidos miembros del FSP y guiará la discusión del encuentro a realizarse en Cuba del 3 al 7 de diciembre próximo.
«Cuando se gana con la derecha, la derecha es la que gana»
El texto comienza con una descripción de la actual realidad continental, con la comprobación del «fracaso del paradigma neoliberal (en términos de fuerza internacional, de capacidad de cohesión política y legitimidad social) que se traduce abiertamente en una crisis del discurso hegemónico conservador y del llamado ‘pensamiento único'».
Lo que ha generado, añade, «la continuidad de la protesta social –y en algunos países de su radicalización– en un contexto de agudización de la crisis socio-económica, signada –para la mayoría de la región–por la recesión, los planes de ajuste, la desaceleración del crecimiento, el endeudamiento externo, y por los intentos de profundizar las políticas de corte neoliberal (privatizaciones, desregulaciones, flexibilización laboral, etcétera). Esta situación viene acompañada por el aumento de medidas represivas, de control social, y de ‘criminalización’ de la pobreza y las acciones de protesta».
Para el documento, la combinación de estos tres procesos (protesta social, recesión y ajuste, represión) ha provocado una serie de crisis en los regímenes político-institucionales, coyunturas de ingobernabilidad e, «incluso, de graves retrocesos democráticos. Esto señala los límites del sistema vigente para satisfacer las necesidades sociales básicas, tanto como la progresiva deslegitimación de las elites gobernantes».
En la enumeración de ejemplos, el borrador señala la realidad de la crisis argentina, impulsada por políticas neoliberales, pero también lo hace críticamente con la actitud tomada por la izquierda (en clara alusión al Frepaso) que confirmó «tras la aceptación a aliarse con sectores de la derecha, que, como lo dijera hace varios años el dirigente chileno Radomiro Tomic, ‘cuando se gana con la derecha, la derecha es la que gana'».
Luego destaca la amplitud de la lucha de clases, de manifestaciones de desobediencia civil y respuestas populares, «tanto como el desarrollo de múltiples y poderosos movimientos sociales (sindicales, campesinos, indígenas, de mujeres, barriales, culturales, de jóvenes, ONG, etcétera) que actúan como verdaderos articuladores de las resistencias antineoliberales»; también, el relanzamiento de los movimientos por los derechos humanos en los países de la región, a partir del juicio contra el ex dictador chileno, Augusto Pinochet. Así como la «magnitud, impacto y riqueza del Foro Social Mundial realizado en Porto Alegre».
En cuanto a la globalización, el texto advierte que los poderes políticos y económicos y las instituciones financieras internacionales que lo sustentan están hoy amenazados y cuestionados en su legitimidad. «Las manifestaciones de protesta global de los últimos años, y que se tornaron más visibles a partir de Seattle, colocan un freno a los atropellos del neoliberalismo, socavan el triunfalismo (irresponsable) de la derecha y favorecen la reversión de fuerzas entre trabajo y capital. Este movimiento antiglobalizador promueve valores emancipatorios, revitaliza la solidaridad internacionalista entre los pueblos, y refuerza las tendencias incontenibles a socializar las reivindicaciones. La consigna de que ‘el mundo no es una mercancía’ resume esa conciencia popular de rechazo a la mercantilización de las relaciones humanas, de la rentabilidad capitalista por sobre las necesidades sociales básicas, y la cultura del individualismo».
Ejes del proyecto alternativo
El borrador a discutir en La Habana sostiene que «la apuesta es a revertir el proceso de destrucción productiva de nuestros países a través de transformaciones que apunten al desarrollo de las cadenas productivas nacionales y regionales generadoras de empleo, junto a reformas de tipo financiero, crediticio, comercial y laboral.
A la transformación del rol del estado en ese modelo alternativo, dando impulso a programas de emergencia y de grandes reformas sociales, para una nueva relación estado-mercado que se distancie de las recetas privatizadoras neoliberales. Esa transformación también supone la reforma del Poder Judicial, la inserción de las fuerzas armadas en el sistema democrático y el compromiso con la ética pública de los gobernantes, tras décadas de clientelismo político y corrupción».
Por consiguiente, otro factor será la profundización de la democracia «favoreciendo la participación social y promoviendo la descentralización a la vez que se insertan los proyectos nacionales en una integración regional que sea verdaderamente funcional a nuestros países y que permita enfrentar un mundo –más que globalizado– regionalizado en grandes megabloques (Norteamérica, Europa, Sudeste Asiático)».
Para la concreción de ese proyecto alternativo, el borrador señala algunos elementos nuevos de la realidad latinoamericana, surgidos de «la aplicación dogmática del modelo neoliberal por parte de casi todos los gobiernos de nuestro continente ha dejado enormes espacios –en las áreas programática, política y social– que permiten que las alianzas de la izquierda puedan incorporar contingentes importantes de fuerzas políticas de centro y sectores empresariales que, castigados por el neoliberalismo, comienzan a mirar con expectativa las propuestas que se realizan desde la izquierda. Los talleres de empresarios efectuados en los últimos encuentros de FSP son expresión de este fenómeno. Otro ejemplo reciente fue la participación de representaciones de las principales gremiales empresariales en una reunión convocada por el FA de Uruguay para presentar un plan de emergencia ante la crisis económica y social que vive el país».
No al ALCA
Dos modelos de integración –advierte el documento– se enfrentan en el presente. Uno «asociado a la perspectiva neoclásica y a la visión fundamentalista de la globalización, el cual está incorporado en la política de estabilidad y de ajuste estructural del llamado Consenso de Washington, es decir, la concepción neoliberal». En cambio, la integración sustentable (alternativa) refleja la visión crítica de la globalización y las estrategias nacionales de desarrollo humano y protección del ambiente, las cuales al proyectarse a las políticas comunitarias configuran una integración participativa y la transformación convergente de todos los socios del Mercosur».
La propuesta de creación del ALCA hecha por Estados Unidos es, según los redactores del borrador, «un proyecto imperialista», inscripto en el primer modelo.
«Sería nefasto encarar una integración al ALCA si no se aseguran determinadas garantías básicas», más sabiendo, agrega el documento, que es un «proyecto estratégico de Estados Unidos acelerado por la inminente recesión norteamericana, el avance regional del capital europeo y el deterioro político de numerosos regímenes latinoamericanos.
El neoliberalismo alienta ilusiones sin coordinación arancelaria (…) En todas las áreas de negociación comercial las corporaciones estadounidenses obtienen ventajas sin otorgar concesiones.
El término imperialista define adecuadamente el propósito del ALCA. Su concreción puede precipitar la disolución del Mercosur, que ha fracasado como asociación al no alcanzar acuerdos básicos de políticas monetaria e impositiva», dice el texto, citando al economista Claudio Katz.
Finalmente, el borrador se pronuncia por una integración americana basada en bloques y en la posibilidad de negociar con Estados Unidos como un bloque latinoamericano. *
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