Cambios en Aduanas: sólo se basaron en razones de mejor servicio
La Dirección Nacional de Aduanas dispuso el traslado de diversos funcionarios –entre quienes se encuentran los contadores Guzmán Mañes y Jaime Borgiani y la ingeniera química Sylvia Rivero–, propiciándose esos cambios, exclusivamente, en base a razones de mejor servicio.
Esta es una facultad y hasta un deber, de todo jerarca que, en el cumplimiento de sus tareas de dirección, debe adoptar todas aquellas medidas que entienda más adecuadas, para optimizar el funcionamiento de la repartición bajo su égida.
Una de las tantas medidas posibles es la de trasladar, de un puesto a otro, a funcionarios de su repartición, asignándoles –intercambiándolas– tareas diversas a las que venían desempeñando.
Decisiones de ese tipo y con tal alcance son absolutamente legítimas y encuadran, sin esfuerzo, en lo que son las atribuciones propias de un jerarca y que éste las ha de ejercer, obviamente, en la convicción de que contribuirán al mejor funcionamiento de la dependencia a su cargo.
Como funcionarios de vieja data, en la Aduana, es nuestro sincero deseo de que así sea y, a ello contribuiremos con nuestro mejor esfuerzo, desde los nuevos puestos de trabajo que se nos asignaron.
Es decir que nuestros cambios de tareas no implican, en absoluto, un cuestionamiento a nuestro anterior desempeño, en los planos ético y jurídico.
Es por ello que, resueltos nuestros traslados, los asumimos sin violencia moral alguna, no sintiéndonos impulsados a recurrirlos, en vía administrativa, ya que, por ser consecuencia del legítimo ejercicio de las potestades del jerarca y no arrojar ninguna sombra sobre nuestra reputación, no nos consideramos afectados ni agraviados.
Pero lo que sí nos produjo esos efectos fue el incorrecto uso que de esa circunstancia objetiva se hizo, vinculándola indebidamente, a la presunta necesidad de instaurar un «código de ética», según se publicara el día 24 de mayo de 2001, en LA REPUBLICA.
Además, esa indebida conexión fue expresada en términos y con la presentación, que se apreció en la publicación, objeto de esta respuesta.
Cualquier persona que pasara por un puesto de venta de periódicos pudo apreciar –hasta involuntariamente– un titular como el que nos ocupa, en el que no se aludía a traslados por razones de mejor servicio –que fue, estrictamente, lo que ocurrió– sino a «Drástica purga…», desplazamientos, jerarcas relevados y élites removidas, por la necesidad de instaurar un «código de ética».
Y si esa persona se detenía un momento, antes de o aun sin comprar el diario, a observarlo con un poco más de detenimiento, podría apreciar los nombres de los contadores Guzmán Mañes y Jaime Borgiani y la ingeniera química Sylvia Rivero, entre esos jerarcas, integrantes de una élite, desplazados, destituidos y removidos, en forma fulminante, por la necesidad de instaurar un «código de ética». Vale destacar que, en el caso de la ingeniera química Sylvia Rivero, incluso, su designación para un nuevo destino fue acompañada del agradecimiento de su invalorable aporte en la anterior tarea.
Todo ser humano, por el solo, simple y magnífico hecho de serlo –y aún el más modesto y desconocido– tiene el derecho a ser protegido en su honor y a no ser víctima indefensa de agravios.
Pero, además, las circunstancias propias de cada caso, pueden hacer que una misma situación produzca efectos de diversa entidad, según sus protagonistas o, más exactamente, en el caso, destinatarios.
En el nuestro, se trata de profesionales universitarios, de prolongada y honesta actuación en la Administración Pública, a lo largo de la cual, no merecimos jamás, ninguna observación.
En consecuencia, es sencillo comprender que nos sintamos afectados en nuestro honor, por esas expresiones, que entendimos agraviantes (amén de ser inexactas).
Para finalizar y sintetizando: ni remoción de élites, ni drásticas purgas, relevos, desplazamientos, destituciones o necesidad de implantar un «código de ética»: pura y exclusivamente, traslados que, inspirados en razones de mejor servicio, no rozan nuestra imagen ni dignidad y ojalá logren los objetivos perseguidos, a lo que –reiteramos– colaboraremos con lo mejor de nuestros esfuerzos».
Ingeniera química Sylvia Rivero
Contador Guzmán Mañes
Contador Jaime Borgiani
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