La Columna de Sherlock

Jorge Carbonell y su particularidad

El presidente del Consejo de Secundaria, profesor Jorge Carbonell, tiene algunas particularidades, se dice, que no han caído bien entre los docentes, padres y alumnos que, en ocasiones, han tenido que entrevistarlo por alguna razón de su servicio. Por eso nuestro sabueso se puso a investigar el tema y comprobó que muchas opiniones coincidían.

Para ello llegó hasta las inmediaciones del ocupado Liceo del Cerro donde, en una esquina, pudo entrevistarse con un docente que trataba de conocer las alternativas del conflicto.

–¿Qué pasa con Carbonell?  le preguntó Sherlock–. ¿Es verdad que cuando alguien va a su despacho en el Consejo de Secundaria, hace como aquel director inglés del ferrocarril, que ni siquiera miraba al visitante? Lo recibía sentado en un alto «bergere», acariciando a un gran perro.

–No puedo creer que alguien piense que Carbonell sea así… –dijo el hombre sorprendido– no es para tanto…

–¿Entonces?

–Es que Carbonell tiene una tarea que desbordaría a cualquiera y vive pasado de trabajo… Eso hay que reconocerlo.

–Me dijeron que se duerme en las reuniones largas… ¿Es verdad?

–Esa es una de sus características. Le cuento que hace poco tiempo ocurrió eso en una interminable reunión de la coordinadora de la Enseñanza. El hombre, muerto de cansancio, se durmió totalmente.

–No es la primera vez, ¿verdad?

–Claro, por eso los otros integrantes del cuerpo han ideado un método para despertarlo sin dejarlo en evidencia.

–¿Y cómo hacen?

–Toman un teléfono celular y discan el número de Carbonell. Cuando suena, el cansado presidente de Secundaria se sobresalta y, muchas veces, con los ojos todavía cerrados, busca el aparato. Enseguida se da cuenta de dónde está, se despereza y comienza a atender.*

Un secreto que se revelaría

–Si existe un secreto guardado bajo las siete llaves del misterio, son los contratos firmados por Tenfield con la Asociación Uruguaya de Fútbol y la Mutual de Jugadores Profesionales.

–¿Por qué me dice eso?

–Porque poca gente conoce lo que se establece en ellos, aunque las cláusulas allí estampadas determinen obligaciones (más que derechos) de muchos a los que se les avisa a último momento lo que tienen que hacer.

–Por ejemplo los jugadores de fútbol afiliados a su gremio…

–Perdóneme, pero: ¿por qué hace usted ese comentario?

–Es que el Tribunal de Cuentas, cuando analizó el tema del contrato entre Tenfield y Antel, con el fin de poner en circulación un disquete deportivo y colocar publicidad del ente de las comunicaciones en las canchas, tras el lugar donde los directores técnicos realizan las conferencias de prensa, en programas deportivos vinculados a la empresa de Paco Casal y hasta sobre el túnel del Estadio, resolvió adoptar una medida de «más proveer».

–¿Qué quiere decir?

–Que se debe ampliar la información. En el expediente que analizan los ministros aparecen dos constancias notariales sobre los contratos de Tenfield con la AUF y la Mutual, pero los contratos no están. El Tribunal de Cuentas quiere saber qué contienen esos contratos, qué es lo que obliga a la AUF y por qué los jugadores tienen que aceptar aparecer en las tarjetas Fieldcar.

–¿Por qué dice usted que poca gente conoce esos contratos?

–Es así. Las partes en todos los casos han mantenido una reserva muy grande en torno a los mismos, creo, porque tratan sobre un tema que siempre ha despertado la sensibilidad de los uruguayos, el fútbol.

–Entonces… ¡Hay que esperar al miércoles!

–Día que el Tribunal de Cuentas tiene que tratar de nuevo el tema… Pero, hay otro problema…

–Que hay varios ministros que entienden que el acuerdo no es adecuado y están pensando en votar el proyecto de resolución que elaboró la ministra que representa al Nuevo Espacio.

–La escribana Beatriz Pereira de Polito, ¿verdad? Le canto que el ministro que la acompañará es el frenteamplista Ariel Alvarez.

–No crea que las cosas son tan rígidas. También un ministro blanco, el doctor Jorge Egozcue, se habría manifestado en contra.*

El humor como alternativa

Nuestro sabueso, frente al computador, cansado en extremo de su continuo trajinar tras la noticia, comenzó a reflexionar sobre hechos que ocurren como respuesta a su columna. En primer lugar están algunos informantes que llaman continuamente para proporcionar datos «torcidos» o «maledicientes» principalmente sobre actores políticos. Tratan de que Sherlock se suba «a ese carro», sin que ellos aparezcan en ninguna ocasión. Ese es un problema que hace que nuestro sabueso deba multiplicar su trabajo, reconfirmando cada detalle de lo escrito.

Luego están los que quieren aparecer en la columna con un perfil que siempre los favorezca, como si ello fuera posible en una realización periodística en que la información debe ir junto a toques de humor, para hacer más atractivo el conjunto.

–¡Es muy difícil! La columna periodística sin conflictos no existe –se dijo nuestro sabueso– mientras intentaba ingresar a su correo electrónico.

  

Otro tema de que se le acusa a Sherlock, es el no identificar a sus fuentes. Ello es así siempre que no se embarque a nuestro sabueso en la propalación de noticias falsas. La responsabilidad de la columna es del que la realiza y la información proviene, además de los informantes, de la actividad de los periodistas.

El humor: Un tema que provoca duras respuestas a nuestro sabueso. Son los temas en que se utiliza el humor para describir situaciones. ¡Parece increíble!, pero los que llaman más indignados son los que han sido mencionados haciendo jugar el humor, sin cuestionar en ningún caso su ética y su moral. Pero que se enojan y se enojan. Sobre las denuncias, las informaciones de otro tipo, las presiones tienen diversas formas de expresarse. Por ello, Sherlock pensaba, en lo difícil que es realizar una columna de este tipo.

¡A los que se enojen por un chiste, lo mejor es pedirles disculpas, a los otros, que son el centro de una información, aceptar también su versión y publicarla: los terceros, lo que quieren tapar presuntamente una acción en contra la comunidad, obviamente tienen su derecho a dar su versión. Pero que se aguanten la respuesta.

Esas son las reglas mínimas de un trabajo en que no deben existir favoritismos.

En ese momento nuestro sabueso miró la pantalla. Bajaba un e-mail de un diputado que le agradecía a Sherlock el tratamiento de una noticia que lo afectaba y sobre la que hizo puntualizaciones que, obviamente, fueron publicadas.

¡Nobleza obliga!, pensó nuestro sabueso.*

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