Gustavo Vargas: "Nunca me preguntaron si yo era nazi"
Vargas salió de la Cárcel Central el 8 de julio, luego de cumplir dos años y medio de condena por el delito de «estrago», previsto por el artículo 207 del Código Penal. Entrevistado por LA REPUBLICA dijo por qué instaló las tres bombas que conmovieron a Montevideo en enero de 1999. No aceptó que se le tomara una foto.
En una conversación durante la cual evidenció su enojo con algunas cosas que sobre él se escribieron no eludió preguntas y llegó a jurar por su honor que siempre ha dicho la verdad. Recordó cuando a los 13 años mató a un hombre y terminó internado en el Iname. Habló de su militancia política y estudiantil, y de por qué se hizo marino. Narró los atentados a una seccional policial, una casa del centro y otra de Cerro Norte. Opinó que desde entonces las cosas han cambiado y se pronunció a favor de guardias de defensa civil.
Pese a definirse socialista, sostuvo que las ideologías de ultraderecha deberían ser desproscriptas y, en todo caso, prohibirse al Partido Colorado, al que responsabilizó del golpe de Estado.
La biblioteca de Vargas
–¿Sos nazi?
–No. No soy nazi.
–Pero has leído sobre nazismo.
–Por supuesto que sí. Al igual que del anarquismo, socialismo, comunismo, peronismo, y todos los ismos que he encontrado en el camino.
–Y lo que te incautaron de propaganda nazi o de ultraderecha ¿qué era? ¿una parte de tu biblioteca?
–A mí me encontraron un libro sobre Mussolini, la versión española de «El Fascismo» de Vicente Clavel, «Mi lucha» de Hitler, y una hoja de propaganda sobre la organización «Orgullo Skinhead»… Ese fue el «abundante» material de ultraderecha… Yo le voy a mostrar una cosa, lástima que no estemos en televisión, porque sería realmente interesante que me dijeran ¿por qué carajo no tuvieron en cuenta esto? (Mientras hablaba, se paró, tomó un bolso de tela violeta con el que había llegado, le desató el cordón de la boca, lo elevó y lo vació sobre el escritorio. Quedó una montaña de papeles, entre los que asoman volantes de grupos anarquistas, de grupos del Frente Amplio, ejemplares de Barrikada, Brecha y otras revistas, convocatorias a marchas de organizaciones sindicales, un ejemplar de Febrero Amargo, entre otra múltiple papelería vinculada a sectores de izquierda)
–¿Nos dejás que ahora sí te saquemos la foto con este decorado?
–Si quiere sáquele la foto a eso, no a mí.
–¿Qué es «eso»?
–Esto son cinco años de militancia gremial y, probablemente, el año en que tuve militancia socialista. Acá tiene anarquismo, tiene socialismo, tiene la marcha del año 93 por presupuesto, la marcha universitaria, de todo un poco. Me falta, me la habrán llevado los milicos, una carta del Partido Socialista en la que me están invitando, creo que fue al Congreso de Durazno que hicieron en el año 97. No sé por qué esto no lo vieron, porque estaba con otros libros que ahora no traje. Se llevaron un libro de Bakunin, otro de Lenin, me sacaron una Marchetti, primera edición de Emilio Frugoni, que era un ejemplar histórico, y otras cosas más que, si usted las pone en una balanza, creo que demostraría que el material de extrema derecha era mínimo.
–¿Tenías más material de izquierda?
–Sí, por supuesto.
–Sólo tenías 21 años cuando fuiste detenido.
–Sí, pero desde los 15 años me puse a interesar en esta lectura, cuando empezamos a estudiar la parte de historia, la Revolución Francesa, la Revolución Industrial, las ideologías. Aparte, ese año fue muy importante en la militancia estudiantil.
–¿A qué liceo ibas?
–Al Bauzá, al Liceo No. 6.
–¿Y allí se juntaban a estudiar esto o leías solo?
–Lo hacía solo. El tema es que empecé a estudiar porque mucha gente se definía comunista o socialista y no sabía qué carajo es.
Le cuento como anécdota que había unos anarquistas. «Anarquistas a muerte», decían, que nunca habían leído a Bakunin. Yo les presté el libro.
Se decían anarquistas porque les gustaba la A adentro de la O. Es como ser nazis porque les guste la esvástica.
Una rúbrica de sangre
–¿Dónde naciste?
–Nací en Montevideo y me crié en Montevideo.
–Pero tu tono de voz es…
–…de campaña, es cierto; porque viví en una zona bastante rural de Montevideo. Me crié como si estuviera en campaña. Sin agua, sin teléfono, cocinando a fuego, criando vacas, plantando… Después se superó esa etapa. Ahora estamos viviendo en el mismo lugar, Los Bulevares, pero con otro nivel.
–Hay un incidente que se te adjudica cuando fuiste a la Colonia Berro del Iname.
–Sí, dijeron que cuando estuve en el Iname me violaron.
–No me refería a eso, sino al motivo por el que fuiste.
–Ah sí, «por matar al concubino de mi madre», publicaron. Bueno, mire (sube el tono de voz) que yo sepa maté a una persona que, por otras razones, entró a mi casa, pienso que por razones de desequilibrio, y quiso agredir a mi madre.
–¿Qué edad tenías?
–Yo tenía 13 años. Bueno, le dije que saliese, le dije «Â¡Sánchez!, ¡Sánchez!», y el tipo no respondió. Lo fui a sacar y, bueno, ahí sentí el disparo… se me escapó el tiro prácticamente.
–¿Vos estabas armado?
–Sí, yo estaba armado con una escopeta, porque el tipo se había metido con un facón para adentro de mi casa. Que digan: «Ah, mató a un hombre». Bueno, no se lo tome a mal, pero si yo tengo que matar a mil personas para proteger a mi madre, lo voy a hacer. Rubríquelo con sangre.
–¿Así le dijiste a la jueza?
–Eso no se lo dije, porque la jueza no me preguntó. Yo sólo respondo por lo que me preguntan. La jueza no me preguntó por mi ideología y yo no se la dije. La jueza no me preguntó si yo era socialista y no se lo dije. Yo respondí estrictamente las preguntas que me hicieron.
–¿Cuánto tiempo estuviste en el Iname?
–Seis meses. Tres con medidas de seguridad, de los cuales uno fue con máxima seguridad, dos con medidas y otro con intermedia. Luego estuve tres meses en hogar abierto.
–¿En qué año fue eso?
–En el período de marzo a setiembre del 91.
–¿Era una época en que hubo motines y problemas?
–Huuy… había tensiones sí, pero yo personalmente fui cuidadoso. Eran hogares nuevos, que luego los hicieron bosta. Cuando yo fui estaban impecables.
La Marina y la ulraderecha
–¿Cuándo se te ocurre entrar a la Marina?
–El tema de la Marina se presenta por varias cosas.
–¿A qué edad?
–Eso fue a los veinte años.
–Ya habías ido al liceo, habías militado y te definías como socialista.
–Sí, ya había estado un año en la juventud socialista y militado cuatro años en el gremio estudiantil. Eso fue entre el 93 y el 97. Entré a la Marina porque me dije que el liceo no lo volvía a pisar. Me atomizó. Quedé quemado con el liceo. El sistema educativo uruguayo, no sé el privado que capaz es hermoso, pero el público es deplorable. Por otro lado tenía curiosidad por hacer un poco de mundo. Tener un trabajo…
–¿Querías embarcarte y recorrer el mundo?
–No tanto, lo principal era el trabajo. Yo nunca había tenido un trabajo. Había ayudado en algunas changas, la limpieza de algún campo. Quería un laburo más o menos estable, aunque la paga era realmente deplorable. Pero bueno, se me presentaba en ese momento el me
terme en las fuerzas de seguridad del Estado. Por razones políticas siempre simpaticé con la Marina, una fuerza tradicionalmene democrática, tradicionalmente defensora de una serie de valores que yo defiendo… y me metí.
–¿Tenías algún conocido en la Armada?
–No conocía absolutamente a nadie. Al único que conocía bajo la órbita del Ministerio de Defensa era a mi padre que trabajaba en el Aeropuerto.
–¿Qué hace?
–Mi padre es telefonista. Jamás pisó un cuartel. Pero está bajo las órdenes del Ministerio de Defensa, como los que barren o la que limpia el water.
–¿En tu agenda estaba el teléfono de Sebastián Pérez de los Reyes, dirigente del grupo neonazi Orgullo Skinhead?
–No estaba en mi agenda. Estaba en un papel, un panfleto que él me dio en la Feria de Tristán Navaja.
–¿Ese era tu único conocimiento con él y su organización?
–Sólo lo conocía de la feria. El tenía unos casetes, que yo le había comprado incluso, sí, con bandas de ultraderecha. Pero las escuchaba del mismo modo que tengo música de bandas de tipos que son unos recontradrogados, y otras de bandas anarquistas que suenan espectaculares.
–¿No existía una relación?
–No. Lo conocía de ahí. No sé si le habré caído bien. Nunca fui a la casa, ni salí con él de noche. Sólo le compré un par de casetes en la feria y me dio el panfleto. Sabía que eran de esa organización, pero no tenía nada con ellos.
–¿Tampoco con otros grupos de ultraderecha?
–Otros grupos, para nada. Pero quiero hacer una salvedad. Que yo no sea nazi no quiere decir que, en el tema de las ideologías en particular, siendo socialista, deje de pensar que la proscripción de los partidos fascista y nazi en el Uruguay está mal. Porque de la misma manera que está permitida la ideología más extrema de los partidos de izquierda, con el maoísmo o el stalinismo, que han hecho genocidios peores, debería estar desproscripta la ideología nazi o la fascista. Luego, quien cometa algún delito en nombre de esa ideología, que vaya preso como cualquier persona común y corriente. Yo creo que eso es inmoral, en un país que sufrió un golpe de Estado, donde hubo torturas, hubo desaparecidos, y cuando ese golpe de Estado fue dado por el Partido Colorado. El que tendría que estar proscripto es el Partido Colorado, porque acá hubo un golpe de Estado y un régimen de terror, aunque los partidos fascista y nazi estaban proscriptos.
–¿Estando en la Marina conociste a Andrés Durán Romero, el hijo del prefecto del Puerto al que detuvieron por una web nazi?
–No lo conocí para nada. Que yo estuviera en la Marina no tiene nada que ver. Es como si yo mañana voy en cana porque salgo con la barra de Peñarol y mato a uno de Nacional. Al otro día pueden encontrar barras bravas de Peñarol en mi cuadra, que nada tuvieron que ver.
Las bombas de enero 99
–¿Por qué las bombas?
–Es algo bastante complejo. Pero empecemos por lo del principio. Que digan lo que digan, quienes mintieron una vez pueden volver a mentir mil veces. Y yo, hasta ahora, nunca he mentido. Mi intención no fue hacer masacre alguna. Yo le puedo asegurar, y se lo juro por mi honor, que si quería hacer una masacre estarían sacando cadáveres todavía. Eso lo aseguro. Las bombas eran para llamar la atención.
–¿Sobre qué?
–Para llamar la atención sobre una situación de injusticia. Porque resulta que hay lugares donde se esconden, o se escondían, delincuentes impunemente. Soy consciente de que la situación actual ha cambiado, no demasiado, pero ha cambiado. Pero ocurre que el burgués, que paga seguridad privada, tiene alarmas, rejas, perro guardianes, controles de seguridad las 24 horas, anda en auto con alarmas y vidrios blindados, viene a darnos clases de democracia y libertad. Ese burgués vive de una manera, pero al pobre jubilado le roban las cuatro cacharpas que tiene y lo cagan a palos si sale de noche. Eso es una forma de dictadura. ¿Cómo es que yo no puedo salir de mi casa porque es capaz que me la roban o ando inseguro? ¡No, m´hijo, no sea malo! Acá el que tiene plata se paga la seguridad y el que no, se jode. Acá tradicionalmente se ha castigado a quien durante un hecho de violencia se defiende. Porque el tema está en que un pueblo que aprende a defenderse de los ladrones aprende a defenderse de todos. Y eso no le sirve a nadie, principalmente a la gente que está arriba. Lo que más miedo tienen es que la gente pierda el miedo.
–¿Estas de acuerdo con las brigadas de autodefensa civil o grupos de vecinos vigilantes en los barrios?
–Claro. En cierta forma es lo que se está haciendo a través del 0-5000, pero en vez de llamar a una defensa civil uno llama a la Policía. Es una forma de hacerlo. Pero, defensa civil, si se lo toma como lo que está sucediendo en Colombia, digo por supuesto que no. Si alguien va y me dice que robó un banco, yo hasta lo puedo aplaudir; pero si me dicen «le partí la cabeza a una vieja para afanarle doscientos pesos», le digo «la concha de tu madre, sos un hijo de puta». Es así la cosa. A esos no les dan los huevos para ir a meterse a un banco. A cuánta gente han matado por robarle una campera, o la han cagado a balazos por dos pesos. Eso es una grosería, una ordinariez.
–¿Por qué la Seccional 24?
–En la 24, en ese momento (suspira), yo sabía, de muy buena fuente, por así decirlo, que estaban muy para la joda. Había mucha corrupción, había mucha joda con los milicos. Incluso, yo llevaba un año de preso, cuando ¿se acuerda?, a un marinero le pegaron cuatro balazos con un 22, que fueron un milico de la 24, otro de la 19 y otro retirado, para sacarle un fusil. Bueno, yo sabía que en esa comisaría era donde las cosas marchaban peor. Entonces me dije, si la delincuencia de por sí esta mal y es reprobable moralmente, que las fuerzas de seguridad del Estado, que son las que están por ley para amparar a la sociedad, no hagan nada o incluso incurran en ilícitos, es aun más reprobable…
–Esa bomba tenía metralla.
–El tema de la metralla de esa bomba pasa por un punto muy sencillo. La carcaza era muy fina. Yo no estaba seguro si iba a reventar. Eso incluso se lo dije a la jueza que me dijo por qué un quilo de pólvora. Y le dije que en el tema de la pólvora, la diferencia entre detonación y deflagración no está dada por la cantidad de explosivo que contiene el artefacto, sino por la resistencia de la masa que lo contiene. Y la resistencia de la masa era una lata. Yo no sabía si iba a hacer «bom» o iba a hacer «puf», porque nunca lo había probado.
–¿Nunca antes habías probado una bomba?
–De ese tamaño no. Había hecho fuegos artificiales. Pero una bomba, lo que se dice una bomba, no. Había hecho algún volcán o algo por el estilo.
–Y del volcán a la metralla…
–Como yo sabía que si deflagraba era muy probable que lo intentaran ocultar –ese era mi presentimiento–, le puse metralla para que, por lo menos, en caso de que deflagrase quedaran los pedazos de fierro en la puerta y no pudiesen ocultarlo como si no hubiera pasado nada.
Lo de Soriano era un antro
–¿Y la casa de Soriano y Michelini?
–Eso fue porque era un nido, era un antro ese lugar. Había mucha delincuencia ahí. Pero, el punto también pasa porque, si bien no estoy totalmente en contra de la gente que pueda ocupar casa, no es lo mismo que un cantegril. Escúcheme una cosa, cómo es que una persona tiene que romperse el culo y termina por ir a vivir al fin del mundo, pagando agua, luz y todo; y vienen estos pintas, ocupan en pleno
centro y encima salen a robar a todo el que pasa por la puerta. No sea malo.
–¿Por qué no pusiste metralla?
–Porque la carcaza era más gruesa y estaba convencido de que iba a explotar como explotó.
–¿Y en el complejo de Cerro Norte?
–La de Cerro Norte fue la más suave de todas. Era una lata, prácticamente, muy fina, y apenas rompió un vidrio. No daba para mucho más.
–¿Sabías que debajo de esa ventana había un niño?
–No, no sabía nada, pero si yo hubiera querido hacer un daño se la enganchaba en la reja.
–¿Te puso mal que estuviera el niño?
–Cuando me enteré, digamos que sí, que me puso mal. No hubiera sido mi intención. No sé. Digamos que sí, que me puso un poco mal. No me gustó.
–¿Si hubiera pasado algo malo se acababa el objetivo?
–Si hubiera pasado algo, por lo menos se hubiera desvirtuado el objetivo. Hubiera sido algo contrario a lo que quería.
–¿Ibas a poner una cuarta bomba en la sede de Antinarcóticos del Prado?
–No, eso es un pelotazo. Además, después que pusiste una bomba en una comisaría cómo vas a poner otra en otra unidad policial. Eso hubiera sido, si ponía las dos en un mismo día.
–¿Cuándo empezaste a hacer trabajos de pirotecnia?
–Hace mucho tiempo.
–¿Empezó como un hobby para estallar fuegos artificiales a fin de año o siempre los armaste como un arma?
–Lo empecé estudiando como fuego artificial pero, después, es lo mismo hacer una bomba brasilera que una granada.
–¿Las aprendiste a hacer con un libro de la Biblioteca Nacional?
–Sí, con un viejo manual, que se llama «Manual de explosivos y dispositivos de mina» de Ubaldo Edgardo Genta.
–Existen versiones, que nunca se recogieron en la prensa, de que hubo otras bombas meses antes, algunas de las cuales tenían una similar factura. ¿Pusiste otras bombas antes de enero del 99?
–No sé, entre todas las cosas que se han dicho de mí, también pueden haber dicho eso. Si hubo, yo no las hice. Pero para hacer una bomba con un bomberito, si esas son las características, no hay que ser muy genio. No es algo muy elaborado. Es la bomba más simple que puede haber.
Me agarraron de pura suerte
–¿Eras ayudante de operador de radio en la Armada?
–Sí.
–¿Y qué pasó con la Armada?
–Caí en cana.
–¿Eso significa la baja?
–Supongo que sí.
–¿Pensás que fueron inteligentes al agarrarte?
–No, pienso que tuvieron suerte.
–¿Es cierto que te encontraron siguiendo el origen de los papeles del interior de una bomba, que eran de la Dirección Nacional de Infraestructura Aeronáutica, y así llegaron a tu padre, a tu casa y a vos?
–Ahhhh… si me agarraron de esa manera, otra que Sherlock Holmes…
–¿Y cómo crees que te encontraron?
–Puras coincidencias, nada más. Yo iba a cara descubierta. Me pudo haber visto un vecino, alguien de la Armada, alguien del liceo. Yo no me trago que hicieron acá una investigación al estilo FBI, porque si las investigaciones fueran así, no habría crimen sin resolver.
–¿Decís que te trataron bien en la cárcel?
–Por supuesto.
–Antes de grabar te has referido con mucho respeto al comisario Roberto Arbón que fue el que te agarró ¿por qué?
–Para mi es un caballero, un excelente policía y una excelentísima persona.
–¿Pensás igual de la fiscal o la jueza?
–De la fiscal (Luisa) Blengio no puedo decir mucho, aunque debo reconocer que pidió una pena blanda para el delito que era. No tengo opinión, me hizo dos preguntas y no recuerdo cuáles.
–¿Y la jueza Ana Lima?
–No sé, tengo la impresión de que fue con algo ya metido en la cabeza. Tenía un preconcepto de que yo era nazi o algo así. Desestimó las evidencias o sencillamente no me hizo las preguntas. ¿Qué fue lo primero que usted me preguntó?. Si yo era nazi. No entiendo por qué la jueza no me lo preguntó. Le hubiera dicho: no, yo soy socialista. Y se terminaba el asunto. En la sentencia incluso dice algo sobre la ideología nacional socialista… Yo se que ahora van a decir muchas cosas. Como que yo en el Frente Amplio era un infliltrado. Y le digo, mire, si hubiera sido un infiltrado, decía que era militante del Frente Amplio y le hacía en el año electoral un buco que más grande que el agüjero negro. Porque eso en manos de la máquina propagandistica que hay lo hubiera deshecho al Frente Amplio. Entonces, me callé la boca.
–¿Christian Gulpio se comió un garrón al ser procesado como tu cómplice?
–La verdad que sí.
–¿Que decís al respecto?
–Es lo único que me causa rabia. Yo no me puse mal por terminar preso…
–¿Te sentiste orgulloso por ir preso?
–No. Lo que hice me gustaría…no se si es arrepentimiento, porque no me arrepiento, pero digamos que me gustaría no tener que haberlo hecho. Para mi hacerlo fue, si se quiere, una especie de obligación moral. Nadie tuvo que hacerme ningún hábil interrogatorio para sacarme nada. Pude haber negado, pude mostrar cuanta propaganda tengo de izquierda para intentar marear o lo que fuera. Si me pregunta algo, por mas que haya estado mal y sepa que me la voy a comer, voy a decir la verdad, para bien o para mal.
No siento placer en poner bombas
–Me dijiste fuera de micrófono que te apalearon y detuvieron el 24 de agosto del 94, durante la represión en el Filtro cuando la extradicción de los eterras…
–Si (muestra una foto de los hechos publicada en Brecha). Este soy yo, aunque no se me ve muy bien la cara.
Pero aparezco clarito en una filmación que ese día hizo Canal 4 donde me están remachando a palazos. Ese de la foto soy yo, me sacaron esa campera y nunca la recupere.
–¿Qué pensas hacer de aquí en más?
–Pienso trabajar. Hambre no voy a pasar, afortunadamente. El año que viene capaz empiezo a hacer algun estudio técnico, no sé, gastronomía o algo así.
–¿El objetivo de las bombas, según decís, lo das por terminado?
–Yo no voy a decir que por las bombas o no las bombas. Considero que la situación ha cambiado. Creo que hay otra conciencia. Yo no siento un placer por poner bombas, si lo sintiera podía ir y ponerlas en el medio del campo. No es algo compulsivo o patológico.
–¿No te considerás un psicópata…?
–Supongo que hay unos cuantos que consideran que sí. Pero no, porque supongo que un psicópata sentiría placer, y yo no siento ningún placer…
–¿Qué sentís, angustia?
–Un poco sí, porque por más que tome todos los recaudos a mi alcance no puedo estar seguro del resultado. Por ese lado siento un poco de angustia no puedo decir que no… Bueno, pero no pasa nada, yo sé que mañana van a salir a tirar mierda contra mí. Me han tirado tanta que ya estoy impermiabilizado. Con decirle que ahora parece que en el Iname me violaron. Supongo que si me hubieran violado me habría dado cuenta. Cuando una persona esta presa es fácil tirarle mierda. Filmaron la película: es nazi, una mezcla de Adolfo Hitler con Jack el destripador, sólo faltó que fuera de una secta satánica y tomara sangre…
–¿Te quedan revanchas?
–No, porque no es algo personal, ni que diga que le tengo bronca a fulano. No sé a quién podría tenerle bronca, si me trataron bien. La jueza Lima procesó mal a Gulpio. Me dirá que no, me dirá que sí. Mala suerte. No cr
eo que lo haya hecho por maldad. Quizás no sabía hacer un interrogatorio más o menos coherente. ¿Usted cree que si yo fuera miembro de un comando nazi iba a estar hablando por teléfono con mi cómplice?
–¿Cómo reaccionó tu familia?
–Para ser una cosa sorpresiva, bien. Mi familia y los amigos que tengo, reaccionaron bien. No quiere decir que compartan mis ideas ni nada de eso…
–¿Cuáles son tus ideas hoy?
–Las mismas de siempre. Soy socialista.
–¿Te definís con esas concepciones de izquierda?
–Supongo que si. Pero que sea socialista no quiere decir que me identifique con el Partido Socialista o que siga en forma totémica o religiosa a un partido en particular.
Tabaré Vázquez es del Partido Socialista y podrá decir… yo que sé, no se me ocurre ninguna, pero alguna cosa con la que pueda estar en desacuerdo. No es un dios. Quizás el día de mañana puedo terminar votando al Partido Nacional, aunque creo que seré socialista siempre…
–¿Querés agregar algo más?
–Por ahora no.
–¿Vas a esperar a leer esta entrevista para eso?
–No sé, acabo de terminar mi primer entrevista. Después la leo y le digo…. *
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