
Ayer LA REPUBLICA publicó una presunta confesión de un supuesto agente de la PolicÃa Federal Argentina, AgustÃn EfraÃn Silvera, quien admite haber participado en los preparativos del plan que culminó con el secuestro y asesinato de los ex legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz y del matrimonio Rosario Carmen Barredo de Schroeder y William Whitelaw Blanco, en el escrito de nueve carillas.
El legislador admitió que desde hace meses tiene en su poder el documento, redactado a máquina, y que “investigó” su contenido, aunque sin arribar a resultados concretos. Michelini, hijo del legislador asesinado, dijo ayer a LA REPUBLICA que la lectura de ese escrito “siempre me sorprende, con todos esos detalles que se expresan y que corresponden a esa época tan trágica”.
Si bien dijo que no podÃa dar fe de su autenticidad o falsedad, agregó, en cambio, que no cree que se trate de una historia inventada. “De cualquier manera, como me lo he propuesto desde que llegó a mis manos hace muchos meses, su autenticidad completa se corroborará cuando el autor o a quienes se nombra corroboren lo descrito. De cualquier manera, uno siente que el Plan Cóndor actuó con esa facilidad y esa impunidad”, señaló.
En el documento, el supuesto agente revela en detalle el operativo de seguimiento efectuado al senador frenteamplista en Buenos Aires y los nombres de militares y policÃas uruguayos, complotados con elementos de los ejércitos argentino, chileno y brasileño, y hasta la CIA, para pergeñar el horrendo crimen.
Ayer, el diario argentino Página/12 reveló que se encontraba tras la misma pista, en el marco de una investigación paralela en base al mismo documento. El periodista de ese medio Miguel Bonasso, autor de la nota, dijo que parte de la información contenida en el documento fue “chequeada” con otras confesiones, como la del ex policÃa Rodolfo Peregrino Fernández, y “concuerdan”. Otra razón de peso para publicar ese documento fue, agregó, el testimonio de Rodolfo Wash en su “Carta a la Junta Militar”, en el que sostiene que los asesinatos fueron perpetrados por oficiales de la PolicÃa Federal Argentina que ocupaban cargos en el Departamentos de Asuntos Exteriores y estaban “sometidos” a la autoridad de la CIA en Argentina. En el relato, el agente menciona varias veces a Tandil y al jefe militar de esa unidad, el general Edmundo Ojeda, que luego serÃa jefe de la PolicÃa Federal, que respondÃa a su vez a las órdenes del ministro del Interior de la dictadura, general Albano Hardindeguy. *
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