"No me gusta que haya gente en el PS que haga comentarios de mi persona en un plano denigrante; eso es malo"
RAUL LEGNANI
–Nadie duda que hay una protesta generalizada de distintos sectores sociales que están coincidiendo con el Encuentro Progresista. Pero cuando llega la hora de definir de dónde salen los recursos, esos sectores sociales propietaristas plantean que hay que reducir el Estado. Y la izquierda no quiere hacerlo o no quiere hacerlo tanto. ¿Es así o no?
–En la reunión que mantuvimos los senadores del Frente con la Cámara de Industrias dije algunas cosas, que ya había dicho antes.
Allí señalé que la discrepancia central que tenemos con el documento de la Cámara de Industrias, en el marco de una multiplicidad de coincidencias, es cuando dicen que hay que reducir el Estado o el «costo país». Y les pregunté sobre qué es el costo país.
–¿Qué le respondieron?
–Seguí preguntando: ¿es la cantidad de funcionarios públicos que tiene el Estado? Silencio… Bueno, sí, ¿ta? Esto también se lo pregunté el otro día a la gente de mi partido y del Encuentro, en Paysandú. Allí una vieja amiga me dijo que el «costo país» es el costo de los salarios que hay que pagarles a los funcionarios y los aportes a la seguridad social.
Está muy bien, le dije. Hay 232 mil funcionarios según la Oficina de Servicio Civil, de los cuales 30 mil son de las FFAA y otros 30 mil en el Ministerio del Interior. ¿Qué hacemos? ¿Suprimimos a la gente de las FFAA y del Ministerio del Interior? Y… obviamente hay silencio, ¡quién va a suprimir eso! Hay otros 60 mil funcionarios que pertenecen a la enseñanza, distribuidos entre docentes y personal no docente.
–Nos van quedando 112 mil. Como ve, le estoy haciendo la cuenta…
–Allí estan los funcionarios municipales, los entes autónomos, los ministerios y póngale 15 mil de Salud Pública. ¿Sacamos a la Salud Pública? Es verdad que hay lugares que tienen gente de más y otros que tienen menos gente. Si queremos bajar el «costo país», hay que suprimir los contratos de obra, que son 30 millones de dólares al año. ¿Para qué queremos contratos de obra si en el Estado hay muy buenos profesionales? Sale más barato pagarles horas extra a esos funcionarios calificados que pagar 30 millones de dólares anuales, que es la cuarta parte del presupuesto universitario. Son, además, contratos de obra que se resuelven con el dedo: a la tía, al sobrino, a la cuñada y a la esposa. Nooo, paren, paren. Me parece que esto es un exceso. En cinco años de la administración pasada de Sanguinetti se gastaron 150 millones de dólares en contratos de arrendamiento de obra y servicios. ¡Con 150 millones de dólares el rector Rafael Guarga puede construir tres hospitales de Clínicas! ¡Vamos a parar! El «costo país» está allí y puede estar también en el costo de las tarifas. Esto también lo dije. Los grandes consumidores y los no tan grandes tienen tarifas especiales, descuentan IVA que nosotros, usted y yo, pagamos. Es que la tarifa familiar está subsidiendo la tarifa industrial.
Pero la llave de todo está en los costos financieros y en el Estado que facilite y devuelva impuestos allí donde tiene que devolverlos, porque el conjunto de los países que compiten con nosotros lo hacen. ¡Al que me juega con determinadas cartas yo le juego con determinadas cartas! (golpea la mesa con la mano derecha). Le abro mi economía a aquellos que abran su economía a mis productos y se la cierro a los que me la cierran.
–Su explicación parece sencilla, pero hay una cultura dominante que hacen los propietarios de los medios de producción; cuando protestan, lo hacen contra el costo Estado…
—Es que hay mucha charlatanería en este negocio. La ideología de la derecha, predicada durante décadas y décadas, viene desde hace 50 años. ¿Usted cree que ya Herrera no predicaba contra el Estado?
Mire que yo soy antiestatista, porque tengo una ideología socialista que se nutre con el pensamiento de los tradicionales marxistas como también de los aportes de los anarcos sindicalistas y demás, por eso creo que el Estado es una piedra que cae sobre el conjunto de la sociedad. Y que en determinado momento llega a independizarse del conjunto de la sociedad. Por eso me pareció una utopía aquello de Engels de que al Estado en algún momento habría que tirarlo al tacho de la basura histórica, pero creo que se puede reducir su incidencia dando más libertad a los actores sociales.
Claro que también yo estoy de acuerdo con José Batlle y Ordóñez de que hay que utilizar al Estado como escudo de los débiles.
–Pero hay gente que protesta contra el gobierno pero igual quiere privatizar Antel…
–Nosotros vamos a votar en contra (golpea la mesa) de la vigencia de los artículos 612 y 613. Es que viene el Directorio de Antel y dice que no va a vender nada, que no le importa el 612 pero sí el 613. Pero este último es el peor, es el que permite desarticular toda la empresa pública. Si quieren regalar a Antel, yo no estoy dispuesto porque queremos que se asocie con compañía privadas para la tecnología de tercera generación. Pero no vendiendo lo que ya tenemos.
–Pero si no se cede patrimonio, no invierte nadie.
–Para los nuevos emprendimientos como la telefonía con imagen u otros mecanismos de comunicación, podemos asociar a Antel. No estoy cerrado, pero no quiero entregar a Antel porque es fuente de recursos para que el Estado redistribuya recursos. Lo mismo pasa con Ancap.
No me pueden hacer tragar la pastilla de que no van a vender. Yo le dije a Bracco que lo entendía cuando dijo que el sector privado ya está compitiendo con Antel y que por eso hay que asociarse.
Lo que pasa es que nos están estafando el país y lo primero que hay que decir es que el acuerdo privatizador de Antel es una estafa, porque en 1992 la gente se pronunció y dijo que no había que vender Antel. Y un 72% de la gente votó en contra y resulta que ocho años después me están haciendo la manganeta.
–El Foro Batllista habla de diálogo nacional, dice que hay que apoyar al Presidente, pero que el Encuentro Progresista le pone piedras en el camino al gobierno de coalición. ¿Hay un un exceso de oposición por parte del encuentrismo?
—Yo creo que al contrario. Para nosotros no es juego que haya un 16% de desocupación o que haya 650 mil personas que tienen problemas de empleo. ¡Esto es una barbaridad! El problema que tienen los comerciantes y los industriales, que nos lo plantearon el lunes pasado, es que se acaban los consumidores. Por eso las 21 gremiales industriales ponen énfasis en incrementar la demanda, pidiendo que se saque el impuesto a los sueldos. ¡Eso lo planteamos nosotros en la elección de 1999 y fue parte del acuerdo de Batlle y Lacalle para el balotaje y no se cumplió!
Le aportamos al Presidente un plan de reactivación económica el año pasado y ni nos contestó. Batlle dijo que se lo había repartido a los ministros, quienes abrieron un cajón y lo metieron dentro. Y ni siquiera discutimos de esto; en este país no se discute.
–¿No hay un exceso de escritura de propuestas, de papeles, en el FA?
–Lo que hay que hacer en materia de propuestas ya está hecho. Ahora hay que explicarle a la gente el contenido del Plan de Emergencia, que apunta a ayudar a todo el sistema político para salir del pantano en que está el país. Por eso la Cámara de Industrias, la Federación Rural, Fucvam y el PIT-CNT están de acuerdo con este plan. Pero creo que hay que parar con los papeles (golpea la mesa). Es cierto que nuestros mensajes, porque la mayoría de los medios de comunicación está en mados de la derecha, duran poco. Pero también duran poco los mensajes de los m
inistros. Sólo dura el mensaje del ministro de Economía.
Con el respeto debido y con las personas de bien que son, el ministro Alonso y el ministro Abreu están pintados, no pintan nada, no inciden en la determinación de las políticas económicas o laborales.
Yo creo que hemos despreciado, sin querer reinstalarla como era antes, la participación de la gente. Yo no puedo convertir ahora al militante del Partido Socialista en el sujeto aquel de la década del 60 que me recitaba los textos de Marx y de Lenin, pero a ese militante hay que darle participación. Hay que irlo a visitar y decirle «Mirá, negro, si querés salir de esto tenés que juntar 50 firmas entre los amigos de tu barrio y hacelo en las horas que quieras». Por el referéndum de Antel hay que salir, meter músculo y esfuerzo. Es que hay cierto grado de cansancio de la gente frente a tanta maniobra, a tanto discurso. ¿Cuántas veces ha hablado el Presidente de la República por televisión y la radio? ¿Cuántas veces se ha reído de todo, hecho chistes y todo lo demás?
–¿No se compró un problema el Partido Socialista con esa resolución de elegir los candidatos a Diputados y al Senado por voto directo un año antes de las elecciones nacionales?
—Eso no está resuelto. Es un tema, una modificación estatutaria que el Comité Nacional propone incorporar al debate del próximo Congreso.
Acá hay dos peligros. Si usted dice que no basta con tener la tarjetita del partido para poder decidir sobre esto, le dicen que es antidemocrático porque no deja participar a la gente. Si usted dice que le gustaría que los dirigentes del partido y los candidatos fueran electos por aquellos que tienen una más asidua participación, un grado de compromiso muy importante con el PS, le dicen que es un organicista.
El problema no es sencillo de resolver. Sí dije una cosa y que puedo decirla a la prensa, porque es un convicción muy profunda: lo que me parece nocivo no es que haya ideas distintas en el partido, siempre he pensado que debe haber una gran riqueza de ideas, sino que la gente se organice para competir por cargos. Esto lleva al fraccionamiento del partido y transforma en más importante la lucha interna que la lucha contra el adversario (golpea la mesa).
–¿En el Congreso usted se va a oponer a ello?
–Voy a ver cómo viene la mano y voy a decir lo que a mí me parezca más justo, ¿verdad? Usted no puede declararse partidario acérrimo de que la estructura sea la que elija todo. ¿De pronto vamos a darle oportunidad a todo el mundo que esté afiliado al partido a que haga una determinada forma de expresión? ¿Cuál es la gente que va a resultar más favorecida si hay una participación abierta de todo el mundo?
–¿Usted, por ser el más conocido?
–Bueno, pero yo soy el que está planteando problemas porque me importa la mecánica, porque me importa que se salven las organizaciones y porque me importa que haya un partido que comprenda la historia, que se nutra de los errores que se cometieron, como lo fue el estalinismo, pero también de las frustraciones de la socialdemocracia en llevar adelante programas que no han logrado superar el remedio o la aspirina frente a la explotación de la gente.
–Hay dirigentes del Frente que me han dicho que la suerte de la izquierda pasa porque no haya un cimbronazo dentro del PS.
–No va a haber, no va a haber… Tenemos un partido acostumbrado a discutir. He dicho –después que renuncié a la Secretaría General porque creí que era excesivo seguir al frente de ese organismo–, que no me iba a apartar del partido ni de la dirección, que iba a tratar de seguir dando mi opinión, ayudando a que las cosas se hicieran bien. Yo voté por un candidato que perdió por dos votos la Secretaría General, pero después no hice ningún comentario más. Y no me gusta que haya gente que se haya largado a hacer comentarios acerca de mi persona en un plano denigrante. Eso me parece malo. Si hay cosas para decirle a un compañero del partido que está en un cargo de dirección, hay organismos donde decirlo. Yo no voy a responder a eso, porque eso es malo. Yo voy a hablar en los lugares que me corresponde, diciendo las cosas que hay que decir.
Además le digo que ha pasado un año y un mes y en el plano de la gestación de políticas no ha habido cambios. Las políticas que estamos llevando adelante son las mismas. Estamos impulsando la creación del bloque alternativo que hicimos en el año 92 para oponernos a la política del bloque conservador, que se materializa ahora en el plan de emergencia. Nosotros fuimos, contra la opinión de muchos, los que impulsamos en 1990 la creación del Encuentro Progresista.
–¿Va a aceptar ser presidente del Partido Socialista?
–Déjeme que se lo diga antes a mis compañeros.
–¿Tiene dudas?
—Voy a decirlo cuando me lo pregunten.
–¿No se lo han preguntado sus compañeros?
—No, no. Los compañeros lo que han hecho es discutir si debía decidirse si había presidente ahora, antes del Congreso, o después. A algunos se les ha ocurrido, también, modificar el estatuto, para eliminar el cargo de presidente.
–¿Puede pasar que se resuelva mantener el cargo de presidente y usted proponer a otra persona?
—A lo mejor. Lo que no me gustaría es que se sacara el cargo de presidente, que se eliminara del estatuto, porque yo sea el candidato. *
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