Familiares reclamaron a Batlle suspender el envío de militares en misiones de paz
«Estas Fuerzas Armadas, enquistadas en sus templos espurios no son dignas de representar al país en el exterior. Estas no quieren forjar la paz en su propio país, no pueden integrar bajo la bandera de la ONU (que considera a la desaparición forzada un crimen de lesa humanidad) Cuerpos de Paz», afirmó el grupo en un comunicado.
En el documento, los Familiares reiteraron que el Presidente «debe acceder al requerimiento de la Justicia argentina», que solicitó la detención preventiva con fines de extradición del ex comandante en jefe del Ejército, Julio César Vadora, y de los oficiales José Nino Gavazzo, Jorge Silveira, Manuel Cordero y del ex policía Hugo Campos Hermida.
La organización agregó que las Fuerzas Armadas «tienen en sus manos una decisión clave: o se suman a la corriente dignificadora y pacificadora, a la que estamos convocados o sigue –por lo menos– marginados y divorciados de la sociedad a la cual, es bueno no olvidarse, se deben y la que –también es bueno recordar– las mantiene».
He aquí el documento de la Asociación de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos-Uruguay:
«A LA OPINION PUBLICA
La construcción de la paz a la que nos convocó el Presidente de la República, de la cual la Comisión para la Paz es un instrumento que cuenta con nuestra colaboración y apoyo y ha concitado la adhesión de importantes sectores de la sociedad uruguaya, es un proceso complejo que requiere de cada uno de sus actores no sólo expresiones de acuerdo, sino de voluntades y hechos concretos.
Las FFAA después de haber concentrado, bastardeándolos, los poderes Judicial, Legislativo y Ejecutivo –ninguno de los cuales les correspondía ejercer–manteniéndolos en sus manos durante 12 años, adolecen de una profunda confusión: creen que son el país. Es bueno decirles que no lo son, no lo fueron ni lo serán. Si creen, como en su delirio dictatorial, que pueden seguir pensando como el rey que l’etat c’est moi, se equivocan.
Desde 1985, volvimos a ser una república democrática y los poderes los ejercen quienes fueron electos y mandatados por el soberano. Todos debemos someternos a estas normas. Tal vez, las FFAA acostumbradas al ejercicio ilimitado de los poderes usurpados tengan gran dificultad en ubicarse en la realidad pero, francamente, van a tener que hacer un esfuerzo porque se lo exige la ciudadanía, no sólo los tiempos (del país y del mundo que apenas puede comprender, jamás justificar la «solución» uruguaya) sino su propio futuro.¿Hasta cuándo los jóvenes que ingresan a sus filas van a verse cautivos del bien ganado desprestigio provocado por los crímenes y corrupciones de sus predecesores?
¿Hasta cuándo piensan que van a durar la generosidad y la tolerancia de los otros actores, para que sigan ensanchando privilegios que nadie les dio?
Días pasados, un grupo de oficiales citados por la Justicia argentina para declarar en el caso de los crímenes realizados en Buenos Aires apelaban a la Ley de Caducidad.
Si no fuera trágico, sería cómico ver como quienes atropellaron todas las normas e instituciones republicanas se han hecho de votos de la ley. Pero no nos engañemos, no de la ley constitucional sino de la única que los favorece: la de caducidad.
Tanto se aferran a ella, que con su abrazo de boa, la deforman. Si bien dicha ley –de constitucionalidad forzada y dudosa– es de impunidad, no olvida por qué no es de amnistía. Tampoco perdona y menos autoriza a ocultar la verdad.
Más, a letra expresa, plantea la investigación. Tampoco tiene jerarquía internacional con cuya ética y tratados este adefesio es incompatible.
Los militares por más vanidad y prepotencia que los insufle, por más condicionado y lento que sea su razonamiento, tuvieron 12 años para comprender que una cosa es eximir y otra es compartir los crímenes.
La población, en el año 1989, refrendó la ley aspirando a facilitar la paz, pero no a perpetuar la ignominia de seguir ocultando el paradero de los desaparecidos y por tanto continuando el crimen. Las FFAA tienen en sus manos una decisión clave: o se suman a la corriente dignificadora y pacificadora, a la que estamos convocados o siguen –por lo menos– marginados y divorciados de la sociedad a la cual, es bueno no olvidarse, se deben y la que –también es bueno recordar– las mantiene.
¿Hasta cuándo va a tolerar el país mantener una institución que, como monstruo, secuestra en su guarida la verdad sobre el destino de personas; que no reflexiona sobre su pasado, que desprecia los requerimientos ciudadanos, que sigue con el pensamiento maniqueísta y confrontacional defendiendo privilegios mal habidos?
¿Hasta cuándo las nuevas generaciones militares van a tolerar esta ignominia que los separa de sus compatriotas, los identifica con la indignidad dictatorial de sus predecesores y condena a la institución a un compartimiento estanco sin otra perspectiva de un destino ominoso? Cuanto más tarden en rendir las mínimas cuentas que con máxima tolerancia y garantías hoy se les solicita, más cuentas se les acumularán y más desgastada estará la tolerancia, porque de últimas nadie ni nada tolera el abuso de los criminales.
Cada vez más son los que se preguntan por qué este país tiene que seguir aguantando a un cogollo prepontente que nos desprestigia y nos presiona. ¿Acaso van a quedar atrapadas las nuevas generaciones ciudadanas por una supuesta deuda derivada de un «triunfo bélico» en lo que no fue más que una cacería hecha a picana y capucha que jamás ameritó una dictadura de 12 años que fundió al país y nos denigró a todos?
Estas FFAA enquistadas en sus templos espurios no son dignas de representar al país en el exterior. Estas, que no quieren forjar la paz en su propio país, no pueden integrar bajo la bandera de la ONU (que considera la desaparición forzada un crimen de lesa humanidad) Cuerpos de Paz.
Madres y Familiares piensan que el presidente Batlle debe acceder al requerimiento de la Justicia argentina y que el Parlamento no debe autorizar a que las FFAA participen en los Cuerpos de Paz.
Lo piensa por la dignidad y el bien del país. Por el futuro». *
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