La Columna de Sherlock
Moon está de fiesta
–Me estoy preparando para la gran fiesta, le dijo un experiente mozo a Sherlock, cuando se encontraron el sábado de tarde caminando por la rambla de Montevideo.
–¿Fiesta?
—La de la secta Moon, el próximo 30 de mayo, cuando inaugure su nueva sede en el Prado.
–Tiene razón, dicen que se mudan para la vieja embajada Argentina, más conocida como La casa de Berro.
–Bien, por lo menos alguna idea tiene. ¿Invitados?
—Ni idea.
–Dirigentes de todos los partidos políticos, particularmente los ex presidentes Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle.
—¿Gastos?
–Se habla de que pagó tres millones de dólares por la compra del palacete y 500 mil más en las reparaciones.
–¿Algo más?, preguntó Sherlock.
–Que va a correr el líquido amarillo y que hay que estar muy atentos, porque pueden haber cambios en la cúpula Moon de Uruguay.
–¿Cambios?
–Se dice –agregó el experiente mozo– que van a sacar a los más anticomunistas de los primeros planos, para poner caras nuevas. La idea es tener dos columnas: la religioso-política, un poco más light y por otra lado la empresarial.
–¿Objetivo?, preguntó Sherlock.
–Tener mejor imagen y a la vez invertir más, pero en materia de apuestas.
–¿Apuestas?
–Me dijeron que quieren poner maquinitas en los hipódromos de Las Piedras y Maroñas.
–Interesante.
¿Y el fotógrafo?
Sherlock estuvo por la sede de Afucar, donde el pasado miércoles se reunieron 22 diputados del Partido Nacional y Luis Alberto Heber. Fue con la expectativa de escuchar al doctor Lacalle, quien fue recibido al final de la reunión.
–¿Llegó Lacalle?, preguntó Sherlock a sus siempre cálidos colegas.
–Recién entró, dijo uno.
–¿No estaba programado que podíamos escuchar a Lacalle?, preguntó como tonteando.
–Eso fue lo que se dijo, pero por ahora es a puertas cerradas, comentó otro.
Luego de ese intercambio de palabras, el tiempo transcurrió. Algunos de los miembros de las reunión comenzaron a retirarse, pero las puertas siguieron cerradas. Hasta que se abrieron…
–Vengan todos, vengan todos, y se paran atrás, decía Lacalle a sus correligionarios, mientras departía con la diputada Beatriz Argimón.
Lentamente, los legisladores comenzaron a ubicarse a la espalda de Lacalle y Argimón, mirando serios hacia adelante.
–Ahora nos sacamos la foto, dijo Lacalle, con una sonrisa de oreja a oreja.
Los fotógrafos ya se habían ido.
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