Un cadete de Caballería hirió a un aspirante y fue expulsado
El episodio llegó a conocimiento de las autoridades de la Escuela Militar en los primeros días de la semana pasada y se habría producido el fin de semana anterior. Fuentes allegadas a la Escuela Militar señalaron a LA REPUBLICA que los hechos se precipitaron cuando un aspirante llegó a su casa con una herida en la pierna, que por falta de atención se le infectó.
Según los informantes, el aspirante es nieto del general Pedro Aranco, comandante en jefe del Ejército durante un período de 1984, integrante de la Comaspo y director de Seplacodi durante la dictadura e hijo del coronel Aranco. El aspirante narró a su padre que tuvo un incidente con un cadete en la Escuela Militar y éste le incrustó una espuela en la pierna. También le dijo que no había denunciado el hecho.
Siempre según las fuentes, el coronel Aranco inmediatamente puso en conocimiento de la situación al general Juan Couture, director de la Escuela Militar, quien inmediatamente dispuso el arresto a rigor del agresor e instaló un Tribunal de Disciplina. Este organismo interrogó a los implicados y a varios cadetes más y recomendó dar de baja al cadete que agredió al aspirante Aranco.
La medida, según los informantes, ya se cumplió y el cadete con grado de cabo honorario fue dado de baja y tuvo que retirarse por la puerta trasera de la Escuela Militar. Los informantes indicaron que hay otros cadetes sancionados y que el episodio de la espuela no habría sido el único denunciado ante el Tribunal de Disciplina.
Este organismo se conforma ante cualquier denuncia, está integrado por los oficiales de más peso de la Escuela, por su grado y por sus responsabilidades; cumple una función asesora y quien toma la decisión es el director de la Escuela. El tribunal es una instancia sumamente formal e importante en la interna militar y los cadetes deben concurrir con uniforme de gala e incluso con el espadín.
Según las fuentes, el episodio preocupó al director de la Escuela Militar que «está decidido a terminar con estas prácticas y cuenta para ello con el apoyo del comandante en jefe del Ejercito», teniente general, Carlos Daners.
Hace dos meses
El hecho denunciado pone arriba de la mesa una vez más la continuidad de una polémica práctica muy extendida en ámbitos castrenses que es el abuso de autoridad y los abusos físicos de parte de los cadetes e incluso, en algunos casos, de oficiales para con los aspirantes.
LA REPUBLICA informó en exclusiva en su edición del jueves 15 de marzo que el director de la Escuela Militar había sancionado a varios cadetes con 30 días de arresto a rigor y suspensión de las vacaciones al comprobarse la veracidad de la denuncia de un aspirante sobre abusos de autoridad.
En esa oportunidad no hubo agresión física de por medio, el aspirane de apellido Pou denunció que varios cadetes y cabos lo obligaron reiteradas veces a realizar flexiones o «lagartijas» incluso de madrugada con cualquier pretexto. También señaló que en las calurosas noches de febrero y marzo le tiraban frazadas y mantas arriba que no se podía quitar. Destacó que lo hacían poner en posición de firme en el baño hasta que los cadetes se bañaran.
En aquella oportunidad el general Coutoure sorprendió a todos al actuar con suma celeridad y por su anuncio a todos los cadetes y aspirantes reunidos de que estaba decidido a terminar con los abusos, una práctica histórica en ámbitos castrenses e incluso hasta cierto grado tolerada por la oficialidad.
Coutoure incluso manejó la idea de que en el futuro los casos fueran denunciados a la Justicia Militar. El general Couture en esa oportunidad reunió a todo el alumnado de la Escuela Militar y leyó varios artículos del Reglamento General de Servicio (conocido en la interna militar como el R 21), del Reglamento de Conviviencia de la Escuela Militar (conocido como el R 95) y el artículo 47 del Código Penal Militar que habla específicamente de la «Omisión de Servicio».
En mayo de 1997
Un hecho de mayor gravedad se había producido en mayo de 1997 cuando un Tribunal de Disciplina resolvió expulsar a 15 alumnos del Liceo Militar José Gervasio Artigas. El episodio fue considerado como uno de los más graves ocurridos en dicho centro de instrucción.
LA REPUBLICA informó entonces que las medidas disciplinarias habían alcanzado a alumnos de 5º y 6º grado. Otros seis alumnos recibieron sanciones menos severas, como la suspensión de las vacaciones y dos oficiales, implicados en los malos tratos también fueron amonestados. La sanción prácticamente truncó la carrera a los futuros oficiales.
Uno de ellos comentó que desistió finalmente de la carrera de las armas porque «con esos antecedentes, me iban a masacrar».
Las drásticas sanciones se debieron a castigos corporales aplicados por los alumnos más antiguos a los recién ingresados. En su defensa, familiares de los alumnos denunciados dijeron que las medidas de expulsión se aplicaron en forma «arbitraria e injusta», y sostuvieron que en realidad eran prácticas reconocidas como habituales en los centros de instrucción militar, aunque nunca legitimadas. «Nacieron con el propio Ejército, y el militar que no lo reconozca así, miente», dijo entonces un alto oficial a LA REPUBLICA.
Días después, los entonces directores de la Escuela Militar, general Raúl Villar, y del Liceo Militar, coronel Héctor Islas, dijeron que no admitirán que actitudes que «denigran al ser humano sean consideradas como una tradición en los ámbitos castrenses».
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