Nueva obra del investigador argentino Atilio Boron, presentada en la Feria del Libro de Buenos Aires

"Este libro es una crónica de la guerra de los mercados contra la democracia"

Especial para LA REPUBLICA

Participamos en el panel que comentó el libro junto con Raúl Pont, dirigente del Partido dos Trabalhadores de Rio Grande y ex alcalde de Porto Alegre en la tercera victoria consecutiva del PT en las elecciones municipales de la ciudad, y la diputada Elisa Carrió, de destacada actuación en el Congreso argentino.

Atilio Boron, profesor de Teoría Política y Social en la Universidad de Buenos Aires, es un intelectual y un académico de prestigio dentro y fuera de Argentina. Su labor ensayística, periodística y docente, en su país, en México y en los Estados Unidos, ha sido intensa desde hace ya muchos años. Ha publicado decenas de trabajos y participado en distintos proyectos editoriales y políticos. Es también un hombre comprometido en la lucha social y política latinoamericana. Durante la dictadura militar estuvo exiliado en México. Posteriormente participó, entre otros proyectos, en la edición, a principios de los 90, de la revista marxista «El cielo por Asalto».

Desde su atalaya académica sigue con atención los fenómenos contemporáneos referidos a la globalización y ha desarrollado un punto de vista propio que aparece en varios de sus trabajos. Casi simultáneamente a éste que comentamos, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), del cual es director, acaba de publicar una obra colectiva («Resistencias mundiales») sobre las expresiones de protesta contra la mundialización neoliberal que se han desarrollado entre Seattle y Porto Alegre en forma paralela a los cónclaves de los organismos internacionales reguladores de la economía mundial: FMI, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, Unión Europea, OCDE, etcétera

El demorado búho filosófico

El título del libro retoma una imagen del Hegel estampada en el prefacio de su «Filosofía del Derecho»: «El Búho de Minerva –que simboliza la teoría y la filosofía– abre sus alas al anochecer». Es decir, llega tarde, «después que los acontecimientos sociales ya se han producido…».

Boron reivindica para el pensamiento teórico el valor que le asignaba Marx en sus tempranos trabajos filosóficos de la Tesis XI, en la que establece que la filosofía no puede agotarse en la mera contemplación del mundo sino que su deber es transformarlo.

Vigencia del marxismo, un siglo y medio después

La primera parte del libro es una reflexión –y una toma de partido– sobre la validez actual de los trabajos fundacionales de Marx y Engels, particularmente el Manifiesto Comunista de 1848. Boron pone de relieve las acertadas anticipaciones de Marx y Engels y –al mismo tiempo– algunas de las omisiones o errores que contenía su pensamiento.

Reivindicando la orientación revolucionaria del pensamiento de Marx y de Engels, Boron subraya la validez de los postulados socialistas al tiempo que apunta el resultado negativo que han producido las tendencias al dogmatismo y los postulados y prácticas stalinistas en el campo tanto sindical como político, etcétera.

La «toma de partido» teórica de Atilio Boron importa como un factor de explicitación y sinceramiento, como un reconocimiento a dentro de qué supuestos teóricos y filosóficos desarrolla sus investigaciones y sus análisis.

Porque el otro elemento de interés es que el autor no se somete al legado del marxismo como un predicador o un catequista disciplinado sino como un creador, un recreador de pensamiento social y político inconformista, contestatario y socialista desde la realidad latinoamericana de hoy.

Lo que debe ser revisado en el marxismo

Boron analiza críticamente la «vigencia y las ausencias» del Manifiesto de 1848 y no al conjunto de la formulación del materialismo histórico.

Un primer error de diagnóstico fue «subestimar las potencialidades de supervivencia y desarrollo que el capitalismo aún contenía en su seno». Y advierte que «la tentación derrumbista parece estar muy arraigada entre los autores marxistas».

Paralelamente, el autor cree que en el trabajo de 1848 hay «sobreestimación de la madurez revolucionaria de la clase obrera». Y agrega: «Convendría preguntarse hasta qué punto las ulteriores rectificaciones y precisiones (del pensamiento marxista) fueron debidamente anotadas por la izquierda en América Latina, siempre demasiado propensa a asumir apriorísticamente la madurez de la clase obrera para la revolución y a atribuir su demorado estallido a la ‘traición’ de las omnipotentes dirigencias reformistas que paradojalmente se perpetúan en el seno de las organizaciones populares». (página 37)

El mercado contra la democracia

En el capítulo cuarto se desarrolla una de las ideas centrales del libro: la lógica del mercado se opone a la lógica de la democracia. El desarrollo de uno se hace en desmedro de la otra.

«No existe en el mercado una dinámica inclusionista, ni, menos aún, un afán de potenciar la participación de todos. Por el contrario, la competencia la segmentación, y la selectividad son sus rasgos definitorios (…) si la democracia se orienta tendencialmente hacia la integración de todos, confiriendo a los miembros de la sociedad el status de ciudadanos, el mercado opera sobre la base de la competencia y la supervivencia de los más aptos, y no está en sus planes promover el acceso universal de la población a todos los bienes que se transan en su ámbito. Como reza el neoliberalismo, el mercado es un espacio privado y para entrar en él es preciso un billete de entrada». (p.107)

«Los mercados votan todos los días»

Entre la nutrida documentación que inspira al autor, junto con la ensayística y los estudios económicos y sociales progresistas y de izquierda, se incorporan textos de analistas que –como el millonario George Soros– examinan el funcionamiento del capitalismo actual «desde dentro» del sistema.

Soros ha dicho que «los mercados votan todos los días (…) No caben dudas que los mercados fuerzan a los gobiernos a adoptar medidas impopulares que, sin embargo, son indispensables. Decididamente, el verdadero sentido de los mercados reposa hoy en los mercados».

Y siendo así, que son los dictados del mercado los que marcan el paso de la acción política de los gobiernos, «siendo que los mercados votan todos los días, se pregunta Boron, ¿en qué posición queda el humilde y anónimo miembro del demos, sostén último de un régimen político que dice gobernar en su nombre y para su bien, que, en países como los nuestros, vota cuando lo dejan?

¿Cómo comprender, a la luz de los valores y las normas democráticas, que haya quienes votan todos los días (y logran que sus preferencias se traduzcan en políticas gubernamentales) mientras que la abrumadora mayoría de la sociedad lo hace una vez cada dos, tres o más años y con escasísimas posibilidades de que la orientación de su voto modifique la conducta del gobierno?».

La experiencia argentina en los últimos años es, en el sentido que lo anota Atilio Boron, singularmente patética. «Hasta qué punto puede ser considerado como democrático un Estado que consiente tamaña desigualdad en el ejercicio de los derechos políticos?» (p.115).

La fragilidad de las instituciones democráticas

Después de examinar algunos rasgos del capitalismo contemporáneo (la tendencia a la concentración, los oligopolios, el carácter especulativo de las inversiones, el crecimiento descomunal de las grandes empresas) Boron insiste en señalar «la magnitud del desequilibrio existente entre el dinamismo de la vida económica –que ha potenciado la gravitación de las grandes firmas y empresas monopólicas en las estructuras decisorias nacionales– y la fragilidad o escaso desarrollo de las
instituciones democráticas eventualmente encargadas de neutralizar y corregir los crecientes desequilibrios entre el poder económico y la soberanía popular en los capitalismos democráticos.

En otras palabras, las recientes transformaciones económicas y tecnológicas del capitalismo han agigantado el peso y la eficacia de la intervención práctica de la burguesía hasta niveles inimaginables hace apenas una generación y ante el cual la influencia de los anónimos y atomizados ciudadanos de la democracia se convierte en un dato apenas microscópico de la vida política».

No achicar sino reconstruir al Estado

Observando la peripecia de distintos países latinoamericanos, el descaecimiento de las políticas públicas, el debilitamiento de la idea de «nación» crecientemente subsumida o degradada al rango de mercado, concluye Boron: «El tamaño medio del estado latinoamericano equivale aproximadamente a la que hallamos en el promedio de los países del Primer Mundo. (…) La presión tributaria, por ejemplo, es aproximadamente la mitad de la que existe en los países de la OCDE. En los países de bajos ingresos el gasto público oscila en torno del 23%, mientras que en «las economías industriales de mercado (…) aquél se sitúa en alrededor del 40%».

El realismo de las utopías

En este denso Capítulo IV (uno de los dos inéditos del libro) Boron examina lo que ha sido y son las responsabilidades de la izquierda latinoamericana en los imprescindibles e impostergables procesos de transformaciones sociales capaces de crear una auténtica alternativa a los modelos neoliberales.

De la mano del historiador Perry Anderson, el autor reflexiona sobre las experiencias de lucha contra el neoliberalismo y lo que llama «el realismo» de las utopías.

Sostienen los autores que constituye una lección histórica para la izquierda el no tener ningún temor a estar absolutamente a contracorriente del consenso político de nuestra época. Y a la vez hacerlo «evitando el peligro del autoenclaustramiento sectario.»

Para Boron, la reafirmación de los principios socialistas «no nos exime de la obligación de elaborar una agenda concreta y realista de políticas e iniciativas susceptibles de ser asumidas por los gobiernos posneoliberales». Contra cualquier expectativa «derrumbista» Boron llama la atención sobre que la sola exposición de las lacras y las miserias producidas por el capitalismo no bastará para hallar una salida por izquierda a la crisis actual.

Con Anderson enfatiza que no se debe aceptar ninguna institución establecida como inmutable.(…) La «locura» de pretender acabar con el desempleo, redistribuir ingresos, recuperar el control social de los principales procesos productivos, profundizar la democracia y afianzar la justicia social no es más irreal y utópica que la que, en su momento, tuvieron los planteos de Hayek y Friedman.

El crecimiento de la pobreza ¿favorece políticamente al neoliberalismo?

En el capítulo VII (también inédito) Boron analiza la circunstancia argentina, desde los primeros gobiernos peronistas, de la década del 40 y del 50, hasta la situación actual.

En esa mirada «desde la Argentina», Boron se enfrenta al desafío de ‘ser profeta en su tierra’, en medio de las controversias de una izquierda que ha convivido largamente con los reveses. Y lo hace comprometido con la causa popular y con ponderación y buen tino como cientista político.

Su análisis del peronismo es de una perspectiva histórica que permite comprender rasgos a menudo oscurecidos acerca de las razones de la muy poderosa implantación del peronismo en el campo popular y en las tradiciones obreras y las dificultades que esa influencia ha provocado y provoca.

Hacia el final de su trabajo Boron se plantea la incómoda interrogante sobre si «la profundización de la pobreza no está operando ahora de un modo impensadamente perverso al favorecer a las fuerzas o coaliciones políticas de inspiración neoliberal, lo que ha venido ocurriendo en los países de la región a partir de la segunda mitad de los ochenta». Y se pregunta luego: «¿Habrá descubierto el neoliberalismo la alquimia política que le permita un duradero sustento de masas para sus reaccionarias políticas de recomposición capitalista?».

Instalado en esta lacerante preocupación, el autor reflexiona en estos términos: «Para las fuerzas de izquierda es fundamental tratar de entender cuáles han sido los factores que pusieron en crisis ‘la ecuación sesentista’ que desencadenaba la protesta social y la radicalización política como respuesta ante las políticas libremercadistas. Sin ánimo de ser exhaustivos, creemos que entre ellos hay que considerar, en primer lugar, el ‘impacto disciplinador’ del terrorismo de Estado y su asociación, en el difuso ‘imaginario social’, con las políticas populistas y heterodoxas brevemente ensayadas durante los meses iniciales del segundo gobierno de Juan D. Perón. (…) Los cambios operados en la conciencia de las clases populares a partir de sucesivas derrotas políticas y de la consolidación de la hegemonía neoliberal tuvieron también otras consecuencias. La despolitización y el forzoso repliegue sobre el individualismo y la esfera de lo privado. A lo anterior es preciso añadir otro impacto ‘disciplinante': el terrorismo económico suscitado por las memorias traumáticas de la hiperinflación. Sobre eso se monta el fetichismo de la ‘estabilidad’, cuyos efectos desmovilizadores y conservadores son bien conocidos».

Una valiosa contribución al debate

A través de estas breves notas hemos dado un pequeño resumen de una obra sólida, políticamente sugerente, bien fundada académicamente en la que Atilio Boron trasmite el resultado de sus investigaciones y reflexiones.

Lo hace sin indulgencia. No es prosa tranquilizadora ni mucho menos. Por el contrario, deja instalada la necesidad de avanzar en el desarrollo de nuestro propio pensamiento alternativo al del neoliberalismo.

Desde su marxismo, en el que no se han desdeñando las enseñanzas de Antonio Gramsci, el sociólogo argentino nos aporta un trabajo serio de indudable valor, no sólo para la reflexión académica o el análisis sociológico, sino para todos los que se sienten interpelados por la necesidad de poner al día sus respuestas políticas y programáticas, en un continente que cambia demasiado rápido y donde con demasiada frecuencia «nos repetimos», imperdonablemente, en el error o nos enamoramos de nuestros propios defectos. En el trabajo que hemos comentado se sintetizan una cantidad de aportes de otros analistas y pensadores que comparten con el autor reseñado una misma sensibilidad social y un mismo propósito de contribuir a la instauración de la justicia en estas tierras.

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