Venezuela reabre caso Quinteros
El mandatario, que recibió calurosamente a la también ex presidenta de la Junta Departamental, de 81 años, en el hall del Hotel Radisson, instruyó a la Cancillería de su país para obtener la documentación relacionada al caso que desató una crisis diplomática y el rompimiento de relaciones bilaterales entre 1976 y 1985.
Chávez se comprometió a comunicarle a Quinteros el resultado de la investigación y el de las gestiones que, eventualmente, emprenda el gobierno venezolano ante su homólogo de Uruguay.
«Nuestra nueva Constitución nos obliga a investigar este caso; esta es una espina clavada en nuestra espalda», aseguró a Quinteros el canciller venezolano, José Vicente Rangel, con quien se reunió poco antes en el piso 25 del céntrico hotel donde se alojó la delegación del país caribeño.
La ex edila entregó al funcionario, entre otros elementos, copia del memorándum secreto elaborado por la Cancillería uruguaya, en el que se analizaba la crisis diplomática con Venezuela, y la posibilidad de «entregar» con vida la maestra, tras su secuestro.
María Almeida solicitó el martes una entrevista con el mandatario de Venezuela, aprovechando la visita oficial con motivo de la asunción del presidente Jorge Batlle.
El gobierno venezolano rompió relaciones diplomáticas con Uruguay en 1976, pocos días después que la maestra fuera secuestrada del jardín de la embajada de ese país en Montevideo. La crisis diplomática se prolongó hasta 1985, cuando el entonces presidente electo, Julio María Sanguinetti, prometió al gobierno venezolano investigar el caso Quinteros.
María Almeida, de 81 años, llegó a las 8.30 horas al Hotel acompañada por Raúl Olivera, integrante de la Secretaría de Derechos Humanos del PIT-CNT, y por Milton Romani, dirigente del Partido por la Victoria del Pueblo. Media hora después era recibida por el canciller venezolano.
Alrededor de las 9.30 horas, el carismático comandante Hugo Chávez arribaba al Radisson, en momentos que María Almeida ya se retiraba del lugar. El encuentro entre ambos duró apenas unos minutos, y transcurrió informalmente en presencia de la prensa, atrasando una reunión privada de Chávez con el presidente de Paraguay, González Macchi.
«En tres minutos, con sólo escuchar, este señor hizo más que lo hecho en quince años por Sanguinetti», comentó después uno de los acompañantes de Quinteros.
Consultado por los periodistas, Chávez admitió no conocer en detalle el caso de la desaparición de la maestra, pero adelantó el compromiso de «investigar». «Ya pedí un informe a la Cancillería venezolana y voy a estudiarlo, para ponerme a tono. No puedo dar una respuesta. Primero, estoy dispuesto a indagar, y luego a hacer lo que pueda hacer. Es un caso que tiene varios años e implicancias muy delicadas, por lo tanto, como jefe de Estado, lo primero que tengo que hacer es averiguar responsablemente; en este momento no tengo la información suficiente».
«Que Dios te bendiga»
El siguiente es el diálogo entre la ex edila y el presidente venezolano que emocionó hasta las lágrimas a la madre de la maestra desaparecida.
–Me llamo «Tota» Quinteros.
–Y tú me estás esperando a mí. Quieres hablar conmigo; bien, vamos a conversar. Allá hay una silla, ven, vamos a conversar que tengo unos minutos.
A ver cuéntame; yo en verdad ya estoy entrando a confiar en verdad. Al ver tu cara, y tus canas, a ver qué puedo hacer yo. Primero enterarme, primero quiero oírte un poco.
–…Mi hija fue hasta la Embajada de Venezuela, entonces ella empezó a caminar lentamente y cuando estaba caminando a la casa anterior a la embajada se metió corriendo y saltó un muro.
Entonces cayó bajo la bandera venezolana. Se metieron los milicos por la otra puerta y se la llevaron…
–Claro que hubo testigos que vieron todo eso. Y se abrió un proceso judicial aquí. Bueno, ahorita, yo, María, Tota, lo que puedo hacer es comprometerme contigo a pedir información. Ya el canciller seguramente la solicitó y luego a comunicarme contigo, ¿de acuerdo?. Cuenta con que yo haré hasta donde pueda y que Dios nos ayude. Le pido a Dios que te siga dando esa voluntad para continuar.
Uno que tiene hijos, yo tengo cinco, me imagino, qué dolor, por cuánto dolor tú has pasado, y sigues pasando. Que Dios te bendiga.
–…Tengo 81 años ya.
–Y que tengas muchos más… y que sigas luchando con tu bastón, con tu sangre, con tu dignidad. Qué Dios te bendiga María. Echame una bendición a mí también,
–Muchas gracias. A ti también, a ti también.
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