La crónica del cambio de mando
Nuestro país vivió ayer una ejemplar jornada democrática. Para Jorge Batlle fue una jornada inolvidable, para el país el comienzo de un nuevo período, con muchas interrogantes políticas y económicas. Varios equipos de LA REPUBLICA siguieron a Batlle paso a paso. Estas imágenes registran momentos distintos de una jornada cargada de señales y simbolismos. La mañana para el primer mandatario transcurrió tranquila en su apartamento ubicado frente a la playa del Buceo. Banderas del Partido Colorado, sobre todo de la 15, las azules y blancas con la inscripción de Batlle utilizada para el balotaje y las más de 200 personas que se agolparon en ese lugar tratando de «estar» cerca del Presidente, le daban un marco diferente a la zona. Algunos sin proponérselo, como los habitués a las caminatas o al aerobic, cruzaban por el lugar y por curiosidad se sumaban al grupo que también conformaban los colegas –varios del exterior– que esperaban, sin tiempo previsto, que el Presidente se asomara al balcón con el fin de obtener, para los camarógrafos al menos, alguna toma diferente. El Presidente salió al balcón sobre las 11. 09. Enfundado en una bata azul y verde, saludó a la gente. Antes, sobre las 10.38, su esposa, Mercedes Menafra, se retiró por el garaje auxiliar del domicilio acompañada por su chofer con destino incierto, aunque muchos se apresuraron a precisar que su destino era la peluquería. Otra muestra de afecto fue el ramo de rosas rojas que recibió el mandatario a las 9.55, con una tarjeta que identificaba a Ricardo González Falcón como el dueño de la atención. Pasadas las 10 horas, dos funcionarios de Casa de Gobierno entregaron un maletín con documentos.
Batlle volvió a salir al balcón poco antes de las 13.30, hora en la que estaba prevista su partida hacia el Parlamento. En esta oportunidad estaba ya vestido con su traje oscuro –tal como lo marcaba Protocolo– y regaló a los presentes claveles rojos.
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