Y Jorge se puso la banda
El elogio mutuo marcó la pauta de los discursos del presidente entrante Jorge Batlle y del saliente Julio María Sanguinetti en la ceremonia del traspaso de la banda presidencial realizada en el Edificio Independencia, ex Palacio Estévez. Para Sanguinetti, su sucesor tuvo una «sacrificada carrera» política para alcanzar la máxima distinción de la República. Para Batlle, su correligionario tuvo una tarea «ciclópea» durante el gobierno a la salida de la dictadura.
Cumpliendo con lo establecido por el protocolo, Batlle y el vicepresidente Luis Hierro, emprendieron el recorrido hasta el Edificio Independencia, a las 15.10. En el trayecto, sobre la avenida del Libertador, a la altura de la calle Venezuela, el grupo de la Asociación de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, aguardaba a los flamantes mandatarios, generándose una espontánea y desordenada gritería que escapó al control de los organizadores.
A las 15 y 57, Batlle y Hierro llegaron a la vieja casona presidencial. Allí los esperaban Sanguinetti y Hugo Fernández Faingold. Allí, el mandatario saliente y el entrante se dieron un «frío» abrazo. Una vez ubicados en el Salón Rojo, y tras la lectura del acta de traspaso de mando, Batlle no ocultó su ansiedad por firmar el libro y colocarse la ansiada banda presidencial.
Luego, tras unos segundos de titubeo por parte de los dirigentes colorados, se produjo el momento esperado: Sanguinetti entregó el emblema presidencial a Batlle, y esta vez sí, hubo sonrisas y un abrazo más efusivo. En sus discursos los dos se trataron de «usted», pero en un momento Batlle anunció que se salía del protocolo y se refirió al ex presidente como «mi amigo».
Sanguinetti efectuó un llamado a la unidad para cogobernar con el Partido Nacional. «Todos sabemos que en este mundo acelerado y en cambio sólo hay posibilidad de asentar gobiernos, de estabilizar países, de ordenar política, y de mirar al futuro para construir sobre la base de consensos nacionales que habiliten esos cambios necesarios que le den a los países la tranquilidad sin la cual no son confiables para nadie».
En un breve discurso donde destacó «el peso de la historia personal» de Batlle, Sanguinetti recordó su propia «lucha por levantar esas viejas hipotecas del pasado: la endémica inflación, un régimen de seguridad social tan injusto como gravoso y tantas otras cosas que pudimos emprender en estos años». Desde su punto de vista, sus dos gobiernos constituyeron «un peldaño más en esa escalera que usted tendrá que ahora seguir avanzando, construyendo y elevando, en la construcción incesante de una República que es hija de su evolución, de sus sueños y de su esfuerzo».
El presidente saliente rememoró la «sacrificada carrera» de su sucesor, que incluyó «una larga lucha por sus ideales, por su país, por sus convicciones, sustentada, muchas veces, bajo el riesgo de la incomprensión, teniendo a veces como respuesta el sinsabor que fue modelando y formando su carácter para que llegue usted hoy aquí, probado en todas las jornadas, pero manteniendo el mismo espíritu jovial, y algo travieso que estos días ha visto la ciudadanía, y con el cual asume esta responsabilidad tan solemne».
Irremediables discrepancias
Luego de recibir la banda, por la que tentó en cinco elecciones, Batlle recordó el primer gobierno de Sanguinetti, a quien correspondió «una tarea enorme, que fue la de reestablecer el principio de entendimiento y de paz entre los uruguayos. Fue, sin ninguna duda, una tarea ciclópea a la cual, con la presencia de hombres de la relevancia, de la importancia del general Líber Seregni y además, de esa enorme figura del país que fue Wilson Ferreira Aldunate pudimos ir, de a poco, reconstruyendo».
Batlle rememoró el momento en que hace quince años tomó el juramento presidencial a Sanguinetti, mientras se desempeñaba como presidente de la Asamblea General. Reconoció que en este período tuvieron «discrepancias», aunque en el «cinco por ciento» de las veces y dijo haber alcanzado «la concordancia prácticamente en el 95 por ciento de los casos». Enfatizó que «siempre» estuvieron de acuerdo en que «la libertad de este país se defendía desde la política porque es con la política que se hacen las naciones y la democracia».
El presidente destacó los dotes como orador de Sanguinetti. «Voy a tener que tomar terribles lecciones para poder seguir sus pasos e intentar, por lo menos desde lejos, seguirlo en sus improvisaciones maravillosas, aunque usted bien sabe que con la pintura no me voy a meter». El mandatario también recordó que «como senador la primera ley que me tocó votar fue una ley de amnistía. Y como ciudadano el último acto político al que asistí, poco tiempo antes de la elección, fue un plebiscito para ratificar aquella ley que sin ninguna duda el pueblo aprobó como un símbolo de la voluntad de paz y de entendimiento entre todos los uruguayos». Después de ese hecho vino la elección que perdió en 1989, cuando como consecuencia de los «males de la democracia, el doctor (Luis Alberto) Lacalle me ganó la elección».
Sobre la segunda gestión de Sanguinetti hizo hincapié en las numerosas reformas cumplidas, como los cambios a la Constitución de la República, la seguridad social, la educación y la reforma del Estado. Agregó que «pudimos estabilizar la economía, eliminar la inflación y hacer que nuestras cuentas, esas cuentas macroeconómicas que la gente mira como si no tuvieran incidencia en la vida de todos los días, pero que cuando se desordenan y se desarreglan son las que más nos castigan y que cuando castigan lo hacen siempre al que menos tiene».
Al balcón
Batlle comenzó su actividad oficial como presidente de la República cuando a las 17 horas presidió la primera sesión, en carácter simbólico, del Consejo de Ministros, en la misma sala donde otrora se reunieran los distintos gabinetes en la ex casa de gobierno, en el Edificio Independencia. Allí, cerró su oratoria diciéndoles que se vayan temprano a sus casas para estar con sus familias, pues después van a tener mucho que trabajar y poco tiempo para la familia. La próxima reunión del gabinete se llevará a cabo el próximo viernes 3 de marzo esta vez en el Edifico Libertad.
Posteriormente, Batlle salió al balcón y desató su alegría y por casi media hora estuvo saludando y gritando desde el balcón, y hasta se permitió agitar un pabellón patrio. Abajo, el público gritaba «Uruguay, Uruguay» o «Batlle, Batlle». Incluso había un cartel que expresaba: «muy felíz gestión. En el 2005 ya postulamos su reelección. El caudillo de la Unión y sus amigos».
Compartí tu opinión con toda la comunidad