"LA PUERTA DE VAIVEN"
«Por ello han sostenido, desde hace mucho tiempo, que esté abierta la exportación de animales en pie, porque es una manera de incidir contra los eventuales acuerdos que puede tener la industria adentro. Si la industria paga demasiado poco, la presión del mercado internacional hace que se vaya ganado para afuera y la industria tiene que pagar más. A esto le llaman la puerta de vaivén», indicó.
«Se ha dicho que del país salen 200 mil animales sin faenar, en realidad las cuentas no son tan así», explicó Mujica, y señaló que en esta cifra se engloban las vaquillonas lecheras, que en realidad están destinadas para otra actividad, y también hay que reconocer que una parte del ganado que se embarca en pie lleva un cierto margen de valor agregado que no se calcula, que es la preparación, el tiempo que se le tiene en el corral enseñándole a comer ración y los costos de viaje, todo lo cual suma muchos jornales.
«Es decir, que hay un cierto margen de valor agregado que no aparece calculado cuando se tiran las cuentas», opinó.
Mujica opinó que hay otro aspecto importante en este asunto.
«En esta época del año estamos culminando el invierno. El negocio ganadero se juega en términos generales ante esta idea, a partir de setiembre.
Durante setiembre, octubre y noviembre en el Uruguay hay lo que se llama normalmente un desborde forrajero, una abundancia de forraje, porque es el tiempo donde las praderas y el campo natural explotan, las gramíneas comunes del Uruguay se están multiplicando y por día tienen la mayor tasa de crecimiento en el año», lo que trae como consecuencia una explosión del forraje disponible.
Recordó que un animal mediano puede crecer medio kilo o más por día, por lo tanto, estamos hablando de muchos kilos en esos 3 o 4 meses de alta disponibilidad de forraje. «Pero el ganadero tiene que pasar por este desafío previo, porque el invierno es lo contrario, porque los días son más cortos y más fríos, porque la fotosíntesis se manifiesta con menor intensidad; es el tiempo de penuria forrajera», aseveró.
«Entonces, el ganadero apuesta a tratar de pasar el invierno con la mayor cantidad posible de animales disponibles, para que puedan a su vez cosechar todo o la mayor parte de ese forraje disponible del desborde de primavera.
Esto está manejado por las leyes de la naturaleza, a las cuales se tiene que adaptar el hombre, buscando explotar la conveniencia», subrayó.
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