Ministro Rosadilla y crisis naval. Para el Partido Nacional, hasta el momento ha actuado bien

Un ministro con crédito en la oposición

No hay cuestionamientos de peso al ministro y mucho menos al Poder Ejecutivo. Un llamado a sala, eufemismo de interpelación, no se le pasa por la cabeza a nadie; ni para ahora ni para algún momento en el más lejano horizonte. La buena convivencia política que este gobierno logró poner en la agenda política vive y colea en el Parlamento.

Ahora, a esta crisis desatada a nivel de la Armada Nacional por eventuales irregularidades administrativas cuyas investigaciones están en curso, se le ha abierto un compás de espera que terminará el lunes próximo a las 17 horas cuando en el Palacio Legislativo se junten las comisiones de Defensa del Senado y de Diputados para recibir al ministro Luis Rosadilla y escuchar el último informe jurídico en curso sobre los hechos revelados. A partir de esa fecha las cosas podrían cambiar.

Rosadilla, coinciden varios legisladores, ha sabido moverse como un guepardo, sin hacer demasiado ruido sobre el crujiente y quebradizo suelo parlamentario. El martes llamó por teléfono y solicitó ser recibido por el presidente de la Comisión de Defensa de Diputados, el colorado José Amy. El legislador le dijo «véngase» y lo recibió en su propio despacho e incluso Amy invitó a los demás integrantes de la Comisión, Javier García y Víctor Semproni. Cuando terminó, todos tenían la sensación no declarada de que habían participado de una reunión entre amigos de Facebook. No fue una reunión de la Comisión de Defensa. No hubo secretarios ni toma de versión taquigráfica. Fue un encuentro entre Rosadilla, ex diputado desde hace apenas 5 meses, y legisladores que en su mayoría aún lo sienten como un colega más pese a la sensación de lejanía que viene adherida a su actual investidura.

Este escenario casi perfumado era inimaginable hace exactamente un año. En agosto de 2008 el entonces ministro de Defensa, José Bayardi, eludía acusaciones, frases y fotos que los diputados José Carlos Cardoso y Javier García, del Partido Nacional, lanzaban en su contra por la compra de lanchas destinadas a las misiones de paz en Haití. Por allí también se deslizaba en aquella interpelación otro hecho que había ocurrido pero en 2007: la compra y el traslado de municiones desde Venezuela a Uruguay en un buque de la Armada.

Sobre este último caso García hablaba de una sórdida triangulación entre Venezuela, Irán (embargada por la ONU para la venta de armas) y Uruguay.

Hoy, que el tiempo ya pasó, tanto García como José Carlos Cardoso le conceden al ministro Luis Rosadilla un crédito, a largo plazo y sin intereses.

«Vemos a un ministro actuando y bien», dijo Cardoso, «y si desde algún sector se propone la conformación de una comisión investigadora, lo analizaremos. Pero creo que sería entorpecer las investigaciones que el ministro viene realizando», sostuvo, sabiendo que los tiempos en el Parlamento, que parecen medirse con relojes de arena, no corren de la misma manera que a nivel del Poder Ejecutivo.

«Hasta ahora el ministro Rosadilla actuó adecuadamente», destacó Javier García, «y veremos si en algún momento habrá que investigar y llamar a responsabilidades».

Pero todo tiene un porqué. La diligencia con que vienen actuando Defensa y sus servicios jurídicos y el anuncio del ministro de que también ha puesto la lupa para investigar aquella compra de lanchas destinadas a Haití para uso de las tropas uruguayas, han sido como paños fríos en la fiebre interpeladora que tuvo el nacionalismo en el pasado gobierno.

Quizás ahora le llega al Partido Colorado el cuadro febril. La implícita responsabilidad del ex ministro Yamandú Fau en irregularidades por cuentas bancarias de Defensa que dejó traslucir Rosadilla elevó en algún grado la temperatura. Los colorados aún no han llegado al síntoma de levantar la mira de las armas, pero que las están velando, las están velando.

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