La Columna de Sherlock….
El baile de Sanguinetti en lo de «los Laguardia»
Sherlock recorrió varias domas, buscando distraer sus preocupaciones, pero no pudo.
Apenas llegó al ruedo del Prado, uno de los payadores se le arrimó.
–¿Quiere un noticia acompañada de guitarra o sin nada?
–Mueva que se viene la lluvia y se le van a mojar las cuerdas, le dijo el sabueso.
–Lo que sigue ocurrió el 17 de marzo, en un distinguido salón de Carrasco y a pocas cuadras de Portones.
–Buena ubicación.
–Se festejaba el cumpleaños de 15 de una de las hijas de Ernesto Laguardia.
–¿El ex secretario de Julio María Sanguinetti?
–Correcto. ¿Y sabe quién estaba?
–Me lo imagino, pero cuéntelo despacito.
–El doctor Sanguinetti y su esposa, la profesora Martha Canessa. Y el primer vals, como no podía ser de otra manera, fue para el ex Presi, que mostró otra vez sus buenas dotes de bailarín.
–¿Así que la sociedad Sanguinetti- Laguardia está vivita y coleando?
–Usted lo ha dicho, ¿no?
Con Cuba y las hamburguesas
Como en las viejas épocas Sherlock se puso los championes, se dio manija con algunas canciones de Daniel Viglietti, desempolvó la boina del abuelo, le dio un beso en la frente a la foto del Che y se fue el pasado martes a 18 de Julio a participar de la manifestación en apoyo a Cuba.
—«Cuba sí, yanquis no», fue el grito unánime de los manifestantes, entre algunos recuerdos a la madre de Bush y otros.
Cuando se estaban leyendo las adhesiones Sherlock creyó escuchar el nombre de una importante cadena de hamburguesas tan simbólica de EEUU como el Empire State (atención).
–¿Escuché bien? preguntó Sherlock, a un viejo compinche de los años 60, que nunca le erraba con las piedras a cuanto policía que se moviera.
–Son integrantes del sindicato de McDonald’s, uno de los tres que existen en el mundo, le comentó el viejo amigo.
–Ver para creer, dijo Sherlock, quien se plegó a los trabajadores expendedores de las hamburguesas al grito de «Cuba sí, yanquis no».
A donde Sherlock no concurrió, en esta semana agitada, fue al homenaje a los caídos en defensa de las instituciones, en la Plaza de la Bandera, porque le cae gordo encontrar a muchos de los integrantes de la familia golpista.
–¿A que no sabe quién estuvo presente en ese homenaje?, le preguntó un habitué a esos encuentros.
–Ni idea.
–Le tiro una pista: fue un agregado militar con representación diplomática en nuestro país.
–Ni idea. ¿Habrá sido el gringo?
–Nada de eso. Le digo más: fue el único agregado militar que estuvo presente.
–Menos.
–Fue el agregado militar ruso, que vestía el uniforme del Ejército Rojo.
–¡Qué mundo!, gritó Sherlock, para lanzar una carcajada seguramente posmoderna.
Costoso congreso del Frente Amplio
—¿Cómo van los preparativos del congreso del Frente Amplio?, preguntó Sherlock a uno de esos secretarios de Vázquez que son más mudos que monumento de bronce.
–Todo bien, dijo el seco interpelado
–Muy interesante, pero de su boca podría salir alguna idea nueva, ¿no?
–Eso ya es noticia, ¿no?
–Gracias por lo explícito. Pero ¿cuántos delegados se esperan?
–Unos 2.000. Por eso va todo bien.
–¿Algo más?, preguntó el sabueso molesto con su interlocutor.
–Que hay que hacer finanzas.
–¿Falta plata?
–Uno poco. El Congreso va a costar 70 mil dólares, entre alquiler del local, traslados, comida, sonido, propaganda…
–Es que la democracia cuesta, comentó Sherlock, para retirarse satisfecho de haberle sacado algo a aquella tumba humana.
Ramela escuchó, de pie, La Internacional
Sherlock también estuvo, el pasado viernes, en el acto de homenaje a los ocho obreros comunistas asesinados en 1972 por un comando de las Fuerzas Conjuntas.
La sorpresa de la noche fue la presencia del doctor Carlos Ramela, delegado del Poder Ejecutivo en la Comisión para la Paz, lo que fue bien visto por los comunistas uruguayos.
Fue así que Ramela recibió permanentes elogios del doctor Tabaré Vázquez para con la Comisión para la Paz, pero también críticas al gobierno por la falta de diálogo con la oposición y por su política económica.
Pero el momento más complejo para Ramela fue cuando tuvo que mantenerse de pie, para escuchar las estrofas de La Internacional cantada por la multitud, el doctor Tabaré Vázquez y la senadora Marina Arismendi, que estaban a su lado.
Todo un gesto del representante del doctor Jorge Batlle.
La soledad de Geymonat
El 16 de abril el Centro Militar realizó su tradicional homanaje a los militares muertos. En la oportunidad habló el teniente general (r) Juan Rebollo, quien como en las mejores épocas de la dictadura arremetió contra el marxismo, Cuba y contra todo aquello que se moviera.
–Fue como entrar en el túnel del tiempo, le dijo uno de los presentes a Sherlock.
–Me lo imagino. Suerte que en el año hay un solo mes de abril, que es cuando hablan. ¿Algo distinto puedo ver por ahí?
–No, solamente que los protagonistas están cada vez más viejos, al igual que nosotros.
–¿Apareció Geymonat?
–Sí, claro, me olvidaba de eso. También estuvo el ex jefe del Ejército, Juan Geymonat, que se ubicó en el centro de la sala. Saludó fríamente a uno o dos conocidos y nada más.
–¿Lo sintió un poco solo?
–Yo diría que demasiado solo.
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