"Suiza juega un papel de primer nivel en el mundo en la lucha contra la corrupción"
Conocía el Río de la Plata ya que, entre 2003 y 2007, se desempeñó como ministro consejero de la Embajada de Suiza en Buenos Aires.
Café mediante, en la charla abordamos varios asuntos, desde un breve resumen histórico de Suiza hasta las relaciones comerciales entre los dos países.
¿Fue en Buenos Aires que adquirió ese español tan fluido?
No, eso fue antes. Estando en Roma, cuando era miembro de la Guardia Suiza Pontificia, tuve una profesora porteña que me enseñó el castellano.
¿Usted integró la famosa Guardia Suiza, el regimiento del Papa?
Soy de la parte de Suiza, donde se habla alemán, del cantón de Wallis, un cantón católico donde la Guardia Suiza es muy conocida y prestigiosa. Entonces, después de terminar mis estudios, quise salir un poco para conocer otros países. Italia era para mí sinónimo de generosidad, de vitalidad, de cultura, y decidí incorporarme a la Guardia Suiza; viví en Roma durante diez años.
Usó entonces el uniforme de ese Cuerpo militar, una vestimenta característica de la moda del Renacimiento.
Sí, se dice que fue diseñado por Miguel Angel, de acuerdo con los colores de la familia del papa reinante. La Guardia Suiza Pontificia tiene ya más de 500 años y sus integrantes han sido y son exclusivamente ciudadanos suizos. ¿Por qué? Suiza fue un país pobre, básicamente agrario; esa condición llevó a muchos suizos a enrolarse como mercenarios al servicio de las diferentes casas reales. El resultado es que los suizos adquirieron reputación de soldados aguerridos y leales; y cuando el Papa decidió tener un regimiento propio para contener los conflictos que amenazaban a su Estado, recurrió a los soldados suizos. La fundación de la Guardia Suiza Pontificia data de 1506.
¿Qué hay de realidad y cuánto de mito en el personaje de Guillermo Tell, aquel patriota que supo acertar una flecha en la manzana colocada sobre la cabeza de su hijo?
Es una leyenda. Tal vez más conocido a nivel internacional por el drama escrito por Friedrich Schiller. Por el siglo XIII el Sacro Imperio Romano, gobernado por los Habsburgo, controlaba el tráfico del norte hacia el sur y viceversa por el Paso de San Gotardo, pero la gente del lugar quiso hacerse cargo de ese control y de los ingresos que eso generaba. Allí está el origen de nuestra independencia, en la sublevación de los cantones de Uri, Schwyz y Unterwalden que dio lugar a la formación de la primera Liga, con el «Acta de Fundación» el 1° de agosto de 1291; hace de esto 720 años. Pero sí, Wilhem Tell es una leyenda que la nación precisaba. Lo que está históricamente comprobado es la lucha de esos cantones contra los Habsburgo, una guerra de independencia en la que resultaron triunfantes.
A esos primeros tres cantones (que vienen a ser algo así como departamentos o municipios), se fueron sumando luego otros hasta formar una Confederación de Estados aunque no todos en pie de igualdad. A comienzos del siglo XIX, Napoleón invadió el territorio pero se puede decir que introdujo la democracia en Suiza, pues otorgó autonomía a todos los cantones por igual, aplicando los principios de la Revolución Francesa. En 1847, durante unos pocos días, hubo una guerra entre conservadores-católicos y liberales-protestantes (Sonderbundskrieg). Los victoriosos liberales introdujeron una nueva Constitución en 1848 y es la fecha del Estado Suizo moderno.
Desde el punto de vista formal, ¿Suiza es una república?
Algunos estados miembros de Suiza se llaman repúblicas. Pero Suiza es un Estado federal, que tiene una forma de gobierno muy particular: el Ejecutivo colegiado.
Usted se refiere al colegiado en el que se inspiró Batlle y Ordóñez y que hizo que Uruguay se conociera como la «Suiza de América».
Es cierto, en Uruguay durante los períodos 1919-33 y 1952-66 tuvo esta experiencia, que no fue muy exitosa. No se puede trasplantar un modelo de gobierno de un país a otro sin tener en cuenta las condiciones particulares de cada uno. En Suiza se mantiene el régimen colegiado pero desde hace muchos años ha sido muy discutido porque ofrece algunas dificultades. Vea que los siete integrantes del Ejecutivo son a la vez ministros, jefes de una cartera. Luego de la caída del muro de Berlín y la consiguiente y creciente cooperación internacional en un mundo siempre más globalizado, se hace difícil a los ministros participar en foros internacionales porque cada ministro es responsable de varias áreas. En Europa, en promedio, hay entre 15 y 20 ministros, y nosotros sólo tenemos siete, lo que obliga a que cada uno de ellos deba ocuparse de hasta tres áreas al mismo tiempo. En fin, desde el punto de vista formal, Suiza es una confederación, la Confederación Helvética, aunque en rigor es un Estado federal compuestos por 26 cantones. Suiza surgió de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo; entonces, todo lo que no está regulado por la Constitución federal es de competencia de los entes regionales, es decir de los cantones. He ahí una diferencia con los sistemas de otros países. Sin contar con las atribuciones de los municipios. En Suiza tenemos estos tres niveles claramente diferenciados entre el municipio, el cantón (que vendría a ser lo que aquí es el departamento) y el gobierno nacional.
Y la famosa neutralidad suiza, ¿cómo surge?
Bueno, en el Congreso de Viena, en 1815, luego de la derrota de Napoleón, las grandes cinco potencias de la época Austria, Rusia, Prusia, Inglaterra y Francia confirmaron la neutralidad suiza que fue así reconocida de jure a nivel internacional. Pero claro, esta neutralidad suiza de facto existía ya hace siglos. Muchas veces en batallas ajenas se enfrentaban mercenarios suizos pertenecientes a cada uno de los bandos en guerra. Entonces, la «Dieta», el gobierno de la Confederación Suiza de los trece cantones, estableció que Suiza no podía involucrarse más en guerras ajenas. El evento detonante fue la «Batalla de Marignano» (cerca de Milán) en 1515, donde miles de suizos se mataron entre ellos luchando por las tropas del Rey de Francia por un lado y del Ducado de Milán por otro.
En un mundo globalizado como el actual, llama la atención que Suiza no se haya integrado a la Unión Europea.
Esto en parte proviene todavía de 1291, porque una de las disposiciones de aquel acuerdo fundador de Suiza establecía que los miembros de la Confederación no aceptarían jueces extranjeros. Es casi como un mito que quedó de entonces por el cual nadie tiene derecho a inmiscuirse en sus asuntos internos. Somos nosotros mismos quienes nos organizamos y no aceptamos decisiones de afuera; no será alguien de la Unión Europea de Bruselas el que establezca qué debemos hacer en Suiza, ni cómo. Hoy en día cerca de un 40 por ciento de los suizos todavía piensa así.
Ese aislamiento, ¿no representa un perjuicio económico para el país?
Sí y no. Además de los numerosos acuerdos con la UE, tenemos muchos acuerdos bilaterales de comercio con más de veinte países, y también con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, desde 1960), que llegó a ser una alternativa a la Comunidad Económica Europea. Desde el Estatuto de Roma (1957) quedó claro el propósito de esos primeros seis países europeos de integrarse (Alemania, Francia, Italia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo); en cambio Suiza siempre fue partidario de cooperar más estrechamente en el rubro económico pero sin integrarse políticamente. Después de la Segunda Guerra Mundial, en Suiza las consignas de la política exterior eran: neutralidad, solidaridad, disponibilidad y universalidad; esto último significaba tener relaciones con todo el mundo. Como Suiza es un pa
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