Pidió a Batlle que se esfuerce por encontrar al hijo de Sara Méndez

Gelman buscando a Simón

La gestión del poeta argentino, reciente ganador del Premio Juan Rulfo, se produce después del lanzamiento de una campaña internacional por la verdad en torno al caso de Simón Riquelo. La campaña, que se inició el pasado 3 de abril, incluye una página web (www.simonriquelo.org) en la que se narra la historia de la desaparición del niño y las circunstancias en que ocurrió la misma, en el centro clandestino de reclusión conocido como Automotores Orletti, en Buenos Aires.

En la carta, a la que accedió LA REPUBLICA, el poeta destaca el trabajo de la Comisión para la Paz, a la que califica como «gesto de grandeza de Batlle» pero señala que «tropieza con el pacto de silencio construido por ladrones y asesinos». En su misiva Gelman le pide medidas a Batlle contra «quienes persisten en ocultar secretos ominosos para la nación» argumentando que «la Comisión para la Paz no tiene la fuerza real y legal para hacerlo. Usted, desde luego que sí». En una carta marcada por el tono respetuoso Gelman señala: «Le escribo desde el lugar conmovido que Usted inscribió en mí cuando me dijo ‘Yo también soy abuelo’ y se le humedecieron los ojos».

El poeta, que como se recordará envió una carta al entonces presidente Julio María Sanguinetti el 10 de octubre de 1999 pidiéndole por su nieta desaparecida, cuyo hallazgo e identidad finalmente confirmara el propio Batlle el 31 de marzo de 2000 indica también que cree que la «voluntad» de Batlle «de encontrar y devolver a su filiación a Simón Riquelo, el hijo de Sara Méndez, es firme y cierta».

En su misiva el poeta argentino radicado en México profundiza sobre el silencio de los militares que conocen qué pasó con los desaparecidos y niegan la información, «¿por qué no hablan, si su impunidad está asegurada?». «¿Insisten en su cobardía? Hombres de esa laya ¿merecen todavía pertenecer al Ejército uruguayo, gozar de las prebendas del retiro?», vuelve a interrogarse Gelman. Dirigiéndose a Batlle, y explicando por qué guarda esperanzas de que su reclamo sea escuchado, el poeta afirma: «Le estoy hablando a un hombre que, como tantos habitantes del planeta, desea que no pase un año más con Sara sin Simón y con Simón sin Sara. Le estoy hablando al hombre que puede conseguirlo y dejar en la Historia lo que todo ser humano quisiera dejar: una estela luminosa de su paso por la vida».

La carta de Gelman

A continuación LA REPUBLICA reproduce la carta de Juan Gelman a Batlle. He aquí su texto:

 

«Carta abierta al Dr. Jorge Batlle

En la medianoche del 13 de julio de 1976, un grupo de tareas argentino-uruguayo irrumpió violentamente en el domicilio de la maestra Sara Méndez en la ciudad de Buenos Aires, donde se encontraba a consecuencia del golpe de Estado en Uruguay del 27 de junio de 1973. El entonces mayor del ejército uruguayo José Nino Gavazzo y el agente de la SIDE argentina Aníbal Gordon, juntos en el marco de la Operación Cóndor, comandaban el operativo. A Sara Méndez le arrebataron el hijo, Simón Riquelo, de 20 días de edad, antes de trasladarla al centro clandestino de detención ‘Automotores Orletti’. Esa medianoche de hace un cuarto de siglo fue la última vez que Sara vio a su hijo.

Señor Presidente de la República Oriental del Uruguay

Dr. Jorge Batlle

Muy apreciado Señor Presidente: le escribo desde el lugar conmovido que Usted inscribió en mí cuando me dijo ‘Yo también soy abuelo’ y se le humedecieron los ojos. Eso habla además de un padre al que seguramente se le humedecerán los ojos cuando en sus hijos piensa. Por eso creo que su voluntad de encontrar y devolver a su filiación a Simón Riquelo, el hijo de Sara Méndez, es firme y cierta. Me consta que esa voluntad de hallar ante todo a los niños robados, hijos de desaparecidos, lo animaba a Usted aun antes de ser electo Presidente.

Usted ha establecido la Comisión para la Paz, que se empeña con denuedo en conocer el destino de los desaparecidos, también el de esos niños, y es notorio que la Comisión tropieza con el pacto de silencio construido por ladrones y asesinos que mancharon las dignas tradiciones del Ejército del Uruguay. No son muchos, pero todavía los protege el silencio de una mayoría de jefes y oficiales que nada tuvieron que ver con esos actos y a quienes esos actos contaminan. Los crímenes son contagiosos. La omisión ante ellos es un crimen tan manifiesto como su comisión y los prolonga.

Quienes perpetraron tales crímenes y quienes los incitan al silencio, o lo amparan de algún modo, o nada hacen para que se torne palabra, están mutilados de una dimensión humana que viene del fondo de los siglos. Hasta el hombre primitivo protegía con piedras los restos de sus antepasados para que las bestias no los devoraran. Los padres, los hijos, los familiares de los desaparecidos no pueden todavía honrar a sus seres queridos donde corresponde. Las tumbas que les corresponden. ¿Esos desaparecidos seguirán ausentes de la historia y de la cultura cívica uruguaya? ¿Y qué habrá de infiltrarse por esas quebraduras de la memoria nacional? ¿Otras repeticiones? Y el teniente coronel (r) José Nino Gavazzo, el que sabe qué pasó con Simón,¿por qué no habla? ¿No escucha lo que su madre todavía le dice, viva o muerta? ¿Está sordo de madre?

Señor Presidente: pienso que los Gavazzo y quienes los cobijan no han comprendido cabalmente su gesto de grandeza política al crear la Comisión para la Paz, un puente que podrían transitar sin sobresaltos para aliviar los dolores del país. Y me vuelvo a preguntar: ¿por qué no hablan, si su impunidad está asegurada? ¿Tienen acaso vergüenza? ¿Su vergüenza personal –si existiera– es más importante que un Uruguay sin fracturas del pasado? ¿Insisten en su cobardía? Hombres de esa laya, ¿merecen todavía pertenecer al Ejército uruguayo, gozar de las prebendas del retiro? ¿No están mancillando acaso a una fuerza armada que hoy defiende la Constitución y guarda la democracia? ¿No deberían entonces ser expulsados de ella si persisten en mantener secretos ominosos que tanto daño hacen a la Nación? La Comisión para la Paz no tiene la fuerza real y legal para hacerlo. Usted, desde luego, sí.

Sé a quién estoy hablando: a un hombre que desde su alta investidura no vaciló, pese a los vientos contrarios, en corroborar el hallazgo de mi nieta, logrado por mi esposa, por mí, por la sociedad civil uruguaya y de todo el mundo, y confirmado por una investigación paralela del diario LA REPUBLICA; a un hombre de indudable hidalguía que no sueña con perpetuarse en el gobierno y que sabe –así lo dijo– que se encuentra en «la última estación antes de la terminal»; a un hombre que es padre y abuelo; a un hombre que pertenece a un linaje que marcó a su país con la impronta del progreso; a un hombre que quiere cerrar las heridas que su noble pueblo padece, infligidas por una dictadura cívico-militar que él mismo padeció. Le estoy hablando a un hombre que, como tantos habitantes del planeta, desea que no pase un año más con Sara sin Simón y con Simón sin Sara. Le estoy hablando al hombre que puede conseguirlo y dejar en la Historia lo que todo ser humano quisiera dejar: una estela luminosa de su paso por la vida.

Juan Gelman»

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