El tercer secreto…
A mediados de marzo de 2002, hace ya 8 años, un examen de ADN confirmó que un joven argentino llamado Aníbal era en realidad Simón Riquelo, el hijo de 22 días de vida que le quitaron de sus brazos a Sara Méndez el 13 de junio de 1976, cuando la secuestraron para torturarla en el porteño centro clandestino de detención Automotores Orletti.
Sara Méndez fue trasladada ilegalmente a Uruguay en julio de aquel año y junto a otros uruguayos fue procesada por la Justicia Militar luego de un falso operativo de detención en un chalet del balneario Shangrilá el siguiente mes de octubre. Permaneció presa seis años y, cuando finalmente la liberaron, comenzó a buscar a su hijo.
Veinticuatro años tardó en encontrarlo. Veinticuatro años, a pesar de que sabía que quien la secuestró había sido el coronel José Nino Gavazzo. Veinticuatro años, aunque su caso fue denunciado y confirmado por la Justicia argentina. Veinticuatro años, de los cuales durante catorce años la Ley de Caducidad amparó en la impunidad a los responsables.
En todos esos años, Sara denunció dentro y fuera del país, pidió y exigió, buscó y siguió pistas que la condujeron a dolorosos callejones. Enfrentó el silencio cómplice de los presidentes Julio Sanguinetti y Luis Lacalle. Y hasta recibió la «conveniente» versión de la Comisión para la Paz de Jorge Batlle de que el niño había muerto.
Y… Aníbal era Simón
Sin embargo, en noviembre de 2001 en Buenos Aires, un ex represor de Orletti fue ubicado en el marco de una investigación periodística conjunta con el senador Rafael Michelini y aceptó ayudar a buscar a Simón. Siguió su pista desde un hospital clausurado y logró precisar que el niño había quedado en manos de un policía argentino.
El informante concluyó que lo tenía uno de los cinco policías que había hecho la guardia nocturna de la Seccional 33 aquella fría noche del 13 de junio de 1976. Se los identificó a pesar de los años transcurridos y aun cuando había caído el gobierno de Fernando de la Rúa y Argentina se sumía en una de las peores crisis de su historia.
El Estado argentino tenía los papeles que constataban los lugares de trabajo de sus funcionarios públicos. Como ocurre en todos los estados de todo el mundo. Sólo se necesitó «voluntad política» para encontrarlos e identificar a aquellos policías. Michelini buscó a los cinco y uno de ellos, efectivamente, admitió que tenía a Simón.
Simón y Sara hablaron por primera vez telefónicamente. Fue el día en que Simón salía de hacerse el examen de ADN, el 12 de marzo de 2002. Dos días después se terminaba de confirmar su identidad. Hoy, ocho años más tarde, Sara disfruta de Juan Ignacio, el nieto que Simón le dio en abril de 2007…
Los secretos militares
El hallazgo de Simón Riquelo, hace ocho años, confirmó que los niños desaparecidos estaban vivos. Desde 1985, cuando apareció Amaral García, cuyos padres habían sido secuestrados en Argentina en 1974, trasladados a Uruguay y fusilados en Soca, hasta Macarena Gelman, quien finalmente apareció en 2002 en Montevideo.
La existencia de los niños robados era uno de los secretos más guardados de los represores, con el amparo de las instituciones militares, que no podían admitir públicamente que habían matado a los padres y luego repartido a sus hijos, en la mayoría de los casos para que los criaran sus propios victimarios.
Pero aquel informante, dio hace ocho años un dato más, que hizo tambalear el segundo de los secretos militares: la mayoría de los uruguayos supuestamente desaparecidos en Argentina en realidad habían sido trasladados a Uruguay, donde finalmente se los hizo desaparecer en forma masiva.
«De Uruguay, a los argentinos nos han cobrado todo y mucho ha salido a la luz. Pero que no nos adjudiquen esas desapariciones. A los que no murieron en Orletti nosotros los devolvimos. No sabíamos que los del primer viaje (de Orletti) estaban vivos, así que cuando cerraba Orletti se planificó otro viaje grande en el que se incluyó a todos los que quedaban, incluso cinco argentinos. No participé en la entrega, pero creo que a esos últimos tienen que buscarlos en Uruguay», dijo entonces el informante argentino.
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