La otra Cámara

Media hora previa

De todo, como en botica y sin receta

Hay medias horas previas en las que reinan, por imperio de un espíritu divino que bendice la sala, una oratoria benévola y cierta delicadeza de modos.

Pueden ser olvidables pero no dañan las neuronas.

Mientras Guillermo de Toro (Frente Amplio) se mecía los bigotes y hurgaba en su nariz con raro goce, José Amy (Partido Colorado) pidió corregir un artículo de la ley de las ocho horas para el peón rural.

La cosa es que se puedan hacer más horas extra en épocas que son necesarias.

Su correligionario Juan Manuel Garino, con voz temblorosa y cara de cargar la cruz del país, contó de la Colonia Berro lo que se sabe: informes nacionales e internacionales condenan una situación «que viola los derechos humanos de los adolescentes».

Se crispó un instante y su rostro pareció un ombligo.

Gustavo Rombys (Frente Amplio), haciendo base en información de LA REPUBLICA, calificó el robo de los restos de Leandro Gómez como «una operación de inteligencia». Ahí me distraje. Hay un descargo: me vino a saludar Daisy Tourné y perdí la noción del tiempo y el espacio.

Horacio Yanes (Frente Amplio), estirando el cuello para que se le viera, elogió al gobierno por el intento de crear políticas de Estado con aporte multipartidario. Pidió lo mismo para Canelones, donde suenan unas onomatopeyas de seducción entre las tribus diferentes.

Walter De León (Frente Amplio) exaltó el conocimiento y habló del proyecto de Parque Tecnológico en San José y de la necesidad, a través de la ANEP y la ex UTU, de un centro informático terciario vinculado al mundo de la producción. Magníficas ideas; pero su prosa sonó como un susurro en reunión de difuntos.

Finalmente, ligeramente perturbado yo por Verónica Alonso (Partido Nacional), que iba y venía muy bien, Rodolfo Caram, también blanco, se quejó del estado de la ruta por donde entra y sale la producción de Artigas y también ­su cara reveló molestias que tal vez sentía en sus posaderas­ del tiempo abrumador de un viaje en ómnibus a la capital, otro rastro de los pecados viales.

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