Arismendi: "En el gobierno están los bancos y los latifundistas"
En entrevista con LA REPUBLICA, la legisladora del PCU sostuvo que los partidos tradicionales «ya no sólo representan a los bancos y los latifundistas sino que integran el propio gobierno de coalición: «La Asociación de Bancos está en el Ministerio de Economía», dijo, en directa alusión al ministro Alberto Bensión.
Al referirse al conflicto entre los trabajadores municipales y la administración de Mariano Arana en la IMM, Arismendi reconoció en Adeom un sindicato «fuerte y representativo» y apelando a palabras de Tabaré Vázquez consideró que hay que transitar «un camino de doble mano que se llama respeto».
El relacionamiento con el sector Confa, en el cual participan varios connotados ex dirigentes comunistas, tampoco estuvo ausente en la entrevista: «Fue muy difícil, fue muy doloroso. Hemos ido restañando heridas, sacando experiencias todos, reencontrándonos en las luchas sociales, en las luchas sindicales, en la propia fuerza política Frente Amplio».
En materia de derechos humanos, la senadora comunista sostuvo que «al pueblo uruguayo nadie le regaló» nada, aunque «no tenemos prurito en aplaudir» la gestión del presidente Jorge Batlle.
–Senadora Marina Arismendi, ¿qué significa ser una dirigente comunista uruguaya en el año 2001?
–Esta pregunta se podría contestar en serio y en broma.
En serio, es una gran responsabilidad. Es un gran desafío porque en muchos aspectos significa ser capaces de desarrollar y no dilapidar todo lo que fue un capital acumulado de la historia de nuestro Partido en sus 80 años.
Por otro lado, dar una respuesta que ninguna cita de ningún clásico del marxismo leninismo o de nuestra propia elaboración del altísimo nivel elaborado en toda su historia, tiene un manual para las nuevas realidades que el Partido va a tener que afrontar.
Desde el punto de vista de compromiso de vida y exclusivamente intelectual, individual y colectivamente, puede llegar a ser apasionante.
En broma, es un clavo remachado.
–¿Qué discute el Partido Comunista en estas horas? ¿Cuáles son sus prioridades?
–Estamos ante una perspectiva muy importante para el movimiento popular, la izquierda en su conjunto y también para el Partido Comunista.
Un año en el cual tres instancias de elaboración, de reflexión y de organización nos exigen un gran trabajo y aporte.
Uno es el aporte que cada uno de nuestros militantes sindicales puedan hacer en su sindicato, en su organización de base o en las direcciones sindicales, hacia el Congreso de la central de trabajadores.
Uno de los temas más importantes es lo referente a la democracia sindical, que tiene que habilitar la posibilidad que el conjunto de los trabajadores de los sindicatos puedan participar. Eso significa información, ámbitos y mecanismos de participación.
La otra instancia a la cual ya venimos trabajando es el Congreso del Frente Amplio. Ese Congreso va a marcar un hito al impulsar el proceso que se dio en llamar de actualización ideológica del Frente. Tiene cuatro o cinco nudos fundamentales, en los cuales tenemos bastantes elementos para aportar.
El principal es la definición clara y nítida de los principios, de los cuales todos hablamos pero que hay que determinarlos con claridad. Los principios son abstracciones y, por lo tanto, de lo que se trata es de cómo se concretan en cada momento histórico y en cada etapa de una fuerza política y de un país.
En segundo lugar, toda la concepción de profundización de la democracia en función de una etapa de democracia avanzada sobre lo cual hemos elaborado desde el punto de vista teórico pero también en el aporte concreto de lo que fue la descentralización en el programa del gobierno municipal.
También aquí el tema es la participación en la democracia.
En tercer lugar, el papel del Estado, cuáles son sus centros estratégicos y cómo actúa la fuerza política en la situación del país y en el futuro gobierno del EP-FA, en un gobierno de carácter nacional, popular y democrático.
En cuarto lugar, la relación de la fuerza política con las organizaciones sociales, con los sindicatos y con el gobierno.
Hoy tenemos práctica, tenemos historia andada, con luces y con sombras que nos permite elaborar teóricamente y actuar en la práctica.
Un tema que está en el orden del día y en el cual tenemos mucho para aportar es el vinculado al papel de la cultura en el sentido más amplio, de la educación y un tema polémico, que debería ser más polémico, que es el tema de la laicidad. Hoy la laicidad está en discusión, mal interpretada, tergiversada, desde el presidente Batlle pasando por distintos actores de la vida social y política.
Sin educación, sin la capacidad del desarrollo de espíritu crítico, y por tanto sin conocer todo, porque para poder educar hay que conocer todo y ese es el sentido de la laicidad, no hay profundización democrática y no hay participación real.
Este proceso culminaría en el Congreso del Partido en los primeros días de noviembre.
Junto a eso, elementos que son importantes como la elección de los Consejos Vecinales el último domingo de noviembre, donde aspiramos en esa concepción de la participación democrática, que los Concejos sean cada vez mayores y que se desmunicipalicen porque tienen posibilidad de actuar en lo municipal pero en la vida social de todo lo que se mueve en cada uno de los barrios de Montevideo.
Todo esto encabezado por este trabajo en torno a la defensa patrimonial nacional que va a significar el plebiscito, juntar 600 mil voluntades que pongan su firma, su credencial y su huella dactilar significa hablar, escuchar y convencer. Es un instrumento importante para llegar a un pueblo uruguayo que una y otra vez cuando nos da la razón y cuando no nos da la razón, demuestra que de la nariz no se lo lleva.
«No hay embestida total»
–Tras un año de gobierno de Jorge Batlle, en líneas generales, ¿qué evaluación hace el Partido Comunista?
–No había sorpresas, porque si en la campaña electoral convocamos a la gente a votar por el Encuentro Progresista-Frente Amplio y en la segunda vuelta invitamos a votar por el doctor Tabaré Vázquez porque decíamos que «no va a ser más de lo mismo, va a ser peor de lo mismo», la sorpresa hubiera sido un gobierno del Frente.
La caracterización del gobierno cuando asume señalábamos que ya no son aquellos representantes de las clases dominantes, de los bancos. No, (hoy) están los bancos, están los latifundistas. La Asociación de Bancos está en el Ministerio de Economía y Finanzas. Es la profundización de una estrategia que no se da sólo en Uruguay sino en el continente pero que en Uruguay tiene sus peculiaridades.
En Uruguay no se hace una embestida total. Esa fue la embestida que intentó hacer Lacalle cuando dijo que en 100 días implantaba todo el programa de gobierno y el pueblo uruguayo le contestó con el plebiscito de las empresas públicas.
Ellos aprendieron, y el llamado «gradualismo» del segundo gobierno de Sanguinetti y esta forma diversificadora que adquiere el gobierno de Batlle, donde envía leyes de urgencia y es un popurrí de proyectos de ley, donde las cosas se van haciendo de a pedacitos y, por ejemplo, tenemos en estos días la situación de Ancap o del portland –los asfaltos se desmonopolizaron en el Presupuesto– y previo a eso se derogó la obligación de las empresas públicas de usar portland de Ancap. Si vamos mirando un pedacito de cada uno de los elementos del desmantelamiento y de la venta del patrimonio nacional, se va dando de tal manera que es muy difícil, que todo eso que viene en puzzle, poderlo ver en su conju
nto.
Intentamos ver que son piezas de lo mismo, que en el Uruguay, porque si hay una sola central, porque si hay una fuerza política como el Frente Amplio-Encuentro Progresista, que es una opción para gente y una perspectiva cierta de transformación, no lo pueden hacer de la misma manera que en otros países donde por distintas razones, no existe esa capacidad de pensamiento y de acción de transformar la bronca en protesta, la bronca en medidas que sean capaces de imponer otra política.
No alcanza ni con tener razón ni con indignarse pero no actuar en consecuencia lleva a la frustración, lleva a la desesperanza, a la resignación que es parte de la filosofía que en esta época también se trata de implantar con esta concepción neoliberal.
–¿Así que para usted lo de «peor de lo mismo» se está cumpliendo?
–Claro, es la profundización de esa estrategia.
Más allá de las contradicciones que existen entre el Partido Colorado y el Partido Nacional, y entre los propios sectores colorados, hay una estrategia que es común.
Están juntos en el gobierno, venían juntos y, como dijo Batlle, que él no podría estar haciendo lo que hace si no hubiera tenido antes los gobiernos de Sanguinetti y el gobierno de Lacalle.
–A la par de esto, el gobierno de Jorge Batlle ha sido el primero que «le ha hincado el diente» al tema de los Derechos Humanos, asunto que hasta ha desconcertado a la propia izquierda.
–En primer lugar, el Encuentro Progresista pero en particular los comunistas nunca diferenciamos los problemas por quién los está planteando.
Cuando el presidente Batlle en una de sus primeras apariciones sobre el tema de los derechos humanos facilita el dar luz a encontrar el paradero de la nieta de Gelman, lo aplaudimos y lo vamos a seguir aplaudiendo cada vez que haga algo en el sentido de los derechos humanos o de los derechos humanos en el sentido amplio: el trabajo, la salud, el techo, la alimentación.
Siempre que compartamos algo, lo vamos a decir porque no tenemos pruritos.
Batlle facilitó porque eso fue una conquista. Son decenas de años de lucha por los derechos humanos, de movilizaciones, de trabajo silencioso de los familiares, de las organizaciones sociales, del movimiento sindical, al cual el Presidente de la República podía dar la espalda como hizo el ex presidente Sanguinetti o podía facilitar ese camino. Al pueblo uruguayo nadie le regaló el poner sobre la mesa el tema de los derechos humanos pero reconocemos y no tenemos prurito en aplaudir cuando las cosas que se hacen son correctas.
Plantea un nuevo escenario que no es sorpresa para la izquierda, quizás para muchos más, quizás para los propios integrantes de gobierno, y para muchos, sea dar luz y empezar a tomar contacto de una realidad que hasta por razones puramente humanas, ya no políticas, mucha gente nunca quiso saber que existía. Me estoy refiriendo a las torturas, a los asesinatos, a las desapariciones.
Siempre nos apasionamos con esto y es lógico porque no nos es indiferente nada de lo que hacemos pero ese apasionamiento tiene encontrar caminos de salidas y no de confrontación.
«Restañando heridas»
–¿El Partido Comunista está en un período de crecimiento cuantitativo de importancia o en un período cauto de acumulación de fuerzas?
–Depende con respecto a qué. Con respecto a lo que necesitaríamos de aquellas cosas que nosotros miramos en la realidad, nos proponemos cosas y luego la realidad hasta porque no las logramos nos muestra que teníamos razón, necesitaríamos un Partido con un crecimiento muchísimo mayor al que tenemos hoy, más organizado, con más nivel en su elaboración, con más nivel político-ideológico.
De acuerdo a la expectativa de vida que teníamos en 1992 realmente hemos crecido, nos hemos fortalecido, han surgido compañeros y compañeras en todo el país que han pasado a desempeñar tareas, que han crecido como seres humanos, como cuadros políticos.
El Congreso de fin de año va a poder hacer un balance que de alguna manera refleje la alegría de un hecho bastante simbólico que fue volver al Palacio Peñarol en el festejo de los 80 años, cosa absolutamente impensable un par de años atrás.
Para las perspectivas que existen y la necesidad que hay de nuestro trabajo y esfuerzo que nos reclaman nuestros compañeros, amigos y hermanos de fuerza política, es un Partido que tiene la obligación de crecer.
Crecer en afiliados, en reafiliaciones, reincorporaciones, en organización, y que a su vez tiene los mismos problemas que tienen las organizaciones sociales, sindicales, de falta de trabajo, de multiempleo de sus militantes, de sufrimiento en la cotidiana, porque cuando hablamos del pueblo estamos hablando de nosotros mismos.
–Luego de la crisis de 1992, la relación con ex comunistas, muchos de ellos nucleados en Confa, ¿cómo es en la actualidad?
–En Confa no hay sólo ex comunistas, hay ex comunistas y gente que nunca lo fue. Ni todos los que fueron comunistas están en Confa ni todos los que están en Confa fueron ex comunistas. Hay compañeros que se fueron a otras organizaciones políticas, y digo que el grueso, y es una alegría, dentro del Frente Amplio, no hacia la derecha. Otros a organizaciones sociales y otros a la casa.
Y otros estuvieron muchos años en la casa y ahora volvieron.
Fue muy difícil, fue muy doloroso. Hemos ido restañando heridas, sacando experiencias todos, reencontrándonos en las luchas sociales, en las luchas sindicales, en la propia fuerza política Frente Amplio.
Seguramente no seamos los más indicados los protagonistas de esto para ver cuánto más va a llevar el proceso de ir sanando todos los dolores. Es un proceso que uno nota cuando se afilian nuevos compañeros que no pasaron por ninguna de esas etapas, que tienen unos ojos frescos, de quien se afilia hoy al Partido a través de la movilización, de la lucha política o del trabajo sindical. También esos ojos nos van a ayudar a encontrar los caminos.
–¿Qué significado tiene eso para usted?
–Y son nuevas generaciones, son generaciones para las cuales todo esto pasa a ser historia.
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