LA OTRA CAMARA

Varela hipersaludado

Con espíritu vacacional enarbolado

Lo importante del plenario de Diputados de anoche está en la crónica del compañero Marcelo Márquez. Este es el dibujo del prólogo. Por tanto, un texto sobre ambiente, situaciones, actitudes. ¡Me sentí tan bien! Los legisladores, la mayoría luciendo el bronceado perecedero de las vacaciones, fueron entrando alegrones, con esa pereza gloriosa de quien recién despierta de dulces sueños. Había un espíritu de siesta picante, sazonada.

Los rostros parecían llevar tiritas desde la comisura de la boca a las mejillas. Imposible borrar las sonrisas. ¡Ah, Carlitos Varela!

Pocas veces se disfruta ver tantos abrazos, palmetazos y corteses apretones de manos que caen sobre un hombre que se entrega, pulcro y con cierto aire eclesiástico, sabiendo, desde su capacidad de escrutar, que por ahí se escapa alguna hipocresía.

Mientras tanto, los periodistas analizamos organizar un piquete a la entrerriana contra la falta de aire acondicionado.

La sala era un horno artero. ¡Pobres hemorroides! No nos pusimos de acuerdo sobre el sitio del piquete ni quienes harían el aguante. Las mujeres pidieron excesivas garantías.

Los tiempos han cambiado. Ya lo dijo Daniela Payssé.

A María Topolansky se la vio en su servicio habitual de confesionario, conversando bajito, zurciendo, atando, engomando. Tan canónica y celebrante, me indujo a imaginar qué exquisito trajecito, quizás con camisa blanca y lacito negro al cuello, habrá elegido para su asunción como primera dama.

En fin. Daisy Tourné lució una chaqueta blanca y una pollera colorida, flotante, aunque suene difícil. Felipe Michelini, envarado, pareció no haberse dado cuenta de que ya no está en la calle Reconquista.

Y a Alvaro Vega, un amigo, le hablé de mi pobre coronaria descendente, remendada ella, que sigue tirando. Que se joda, ¿para qué es médico y me cuida?

Un clima distendido, risueño. ¿Qué pasó después? Ah, no sé. Yo me fui envuelto en la humedad perfumada de tanta urbanidad, deseando juntarlos en torno a un medio tanque y convidarlos con unos chorizos y unas cervecitas.

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