"La reconciliación es necesaria, pero no puede haber paz sin justicia" y "sin el arrepentimiento" de los militares en el Uruguay, dijo a LA REPUBLICA

Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, reclamó a las FFAA entregar la información y "coraje" a los jueces para "anular" la Ley de Caducidad

Pérez Esquivel participó el jueves en Montevideo en la presentación del último libro escrito por el sacerdote jesuita Luis Pérez Aguirre («Desnudo de Seguridades»), fundador del Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) e integrante de la Comisión para la Paz. Sobre este organismo, dijo que implica «un paso en la búsqueda de la verdad» aunque expresó que a su juicio debe ir acompañado «del derecho de verdad y de justicia».

Respecto a los militares, Pérez Esquivel también sostuvo que «tienen que tener la capacidad de reconocer lo que hicieron, de reparar lo que hicieron, porque el coraje no hay que mostrarlo únicamente cuando se va a un campo de batalla». «El coraje en la vida cotidiana es el más difícil y es lo que requiere de una gran entereza y una gran conciencia cívica», afirmó.

En un estrecho pasillo del añoso edificio de la Congregación Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, el Premio Nobel de la Paz recibió a LA REPUBLICA, interrumpiendo unos minutos su participación en el seminario «Cultura de Paz», organizado por el Serpaj, que culminó el viernes.

–¿Qué significado tiene para usted la paz en este tiempo¿, ¿cuáles son los fundamentos de la reconciliación?

–No puede haber paz si no hay justicia. Y no es la ausencia de un conflicto, sino cómo restablecemos relaciones humanas. De respeto dentro de la pluralidad. Del entendimiento entre las personas y los pueblos. La reconciliación es necesaria. Es uno de los caminos hacia la paz. Pero para que exista la reconciliación tiene que existir el arrepentimiento, el reconocimiento de las culpas hechas. Tiene que existir el derecho de verdad y de justicia. Después puede venir el perdón. Y con el perdón se alcanza la reconciliación. Son pasos que hay que dar. Pero nunca la reconciliación puede basarse en el olvido. En que aquí no pasó nada. Pasaron muchas cosas. ¿Cómo las canalizamos, las analizamos y tratamos de reparar el daño hecho? Si esto no se realiza, no hay reconciliación.

–¿La Argentina se ha reconciliado con sus militares?

–No. Nosotros en Argentina no estamos reconciliados con los militares, porque los militares siguen justificando todas las atrocidades cometidas. Un general como Balza, el ex jefe del Ejército, que sí él hizo una confesión pública y apoya que es necesario reconocer las culpas, fue sancionado por sus mismos pares. Pero hay otros que siguen justificando las atrocidades cometidas. Entonces, en base a eso no puede haber reconciliación.

–¿Sobre qué base entonces debería asentarse la reconciliación?

–Creo que es un proceso histórico. Creo que en este tiempo los pueblos tienen conciencia crítica, conciencia colectiva. Fíjese, nosotros cumplimos el 24 de marzo un cuarto de siglo del último golpe militar en la Argentina. Hubo grandes movilizaciones en todo el país, no sólo en Buenos Aires. Y un aspecto que nos llamó y nos llama poderosamente la atención es la gran cantidad de jóvenes que no vivieron esa época, pero que comienzan a tener memoria. Quieren la reparación, quieren la verdad, quieren la justicia. Quieren ver qué tipo de sociedad tenemos, qué son estas democracias en que vivimos. Democracia se confunde con que ponemos el voto en una urna y con eso basta. No basta. Democracia significa derecho e igualdad para todos. Y derecho e igualdad para todos significa el derecho a la verdad, a la justicia, al trabajo, a la salud, a las condiciones de vida digna a pesar de todas las diferencias sociales. Pero no la exclusión social. No la impunidad jurídica.

–¿Cómo se combate la «impunidad jurídica»?

–Nosotros, frente a la impunidad, por lo menos en la Argentina, hemos recurrido a instancias internacionales, como son los juicios en Alemania, en Italia, donde salieron las sentencias, el caso de España, Francia, Suecia. Allí estamos tratando de que se aplique el derecho internacional porque todo lo cometido en América Latina, en todos nuestros países, y los jueces europeos lo están diciendo, e incluso actualmente la conciencia internacional, son crímenes de lesa humanidad. Fue un genocidio cometido contra los pueblos.

–¿Y qué espera usted de las Fuerzas Armadas?

–Es otra cosa de la que no se habla, prácticamente. Yo estoy de acuerdo con que tenemos que recuperar a las Fuerzas Armadas. Pero no de cualquier forma. No con el olvido. Cuando las Fuerzas Armadas terminaron siendo tropas de ocupación de sus propios pueblos y represores de sus propios pueblos. Entonces, ¿cómo cambiamos esa mentalidad en las Fuerzas Armadas para que estén al servicio del pueblo y como parte integral del mismo? Yo creo que todo esto, cuando hablamos de la democracia, de la reconciliación, del Estado de derecho, son cosas que tenemos que analizarlas, enfrentarlas, y ver por dónde podemos construir nuevas instancias sociales, políticas, económicas, culturales.

–¿Y en un país como el Uruguay, donde rige una ley de caducidad, es posible recorrer ese camino a pesar de esa traba?

–Nosotros también la tenemos con las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, que ahora el juez Cavallo las acaba de declarar nulas de nulidad absoluta porque violan la Constitución. Los jueces en Uruguay también tienen que tener el coraje de hacerlo. No podemos aceptar las leyes injustas, a pesar de que aquí hubo un referéndum. Yo estuve como observador internacional, y considero que todo eso fue muy manipulado y el pueblo, las víctimas tienen necesidad de la reparación. Aquí ni siquiera se ha tomado como eje la reparación. Ahora, por suerte, el Presidente de Uruguay formó la Comisión para la Paz que integraba «Perico». Es un paso en la búsqueda de la verdad pero esa Comisión tiene que ir acompañada del derecho de verdad y de justicia.

Creo que son etapas. Hace corto tiempo atrás nadie pensaba que Pinochet iba a estar no sólo arrestado, sino con un proceso judicial. Eso que parecía insólito hoy es una realidad. Y eso gracias al trabajo de los organismos de derechos humanos y también a la Justicia de otros países, que ha tomado como propio el caso de estos ciudadanos, que comienzan a percibir que esos crímenes son de lesa humanidad, un genocidio que no prescribe con el tiempo.

–¿Como observador en nuestro país en aquel referéndum, por qué dice que fue manipulado?

–Yo puedo contar mi experiencia. Estuve en Salto. No quise estar en Montevideo. Preferí estar en el Interior y hablando con la gente, e incluso con dirigentes políticos, me contaban que los patrocinadores les decían si ustedes votan así van a perder sus jubilaciones. Y esto lo sentí. Era como decirles si ustedes votan el referéndum contra la ley de impunidad van a perder sus trabajos. Eso es manipulación. Es evidente que la gente que no tiene mucha conciencia política pero que decide en el voto, les ha impuesto el miedo para que voten de determinada manera. Yo creo que hay que revisarla, por la salud de la democracia. No podemos seguir con este enfrentamiento permanente entre la sociedad civil y los militares. Yo creo que los militares tienen que tener la capacidad de reconocer lo que hicieron, de reparar lo que hicieron, porque el coraje no hay que mostrarlo únicamente cuando se va a un campo de batalla. El coraje en la vida cotidiana es el más difícil y es lo que requiere de una gran entereza y una gran conciencia cívica.

–¿Y en este país usted visualiza un cambio de esa naturaleza, cuando el propio comandante del Ejército ha puesto en duda la existencia de los desaparecidos?. Dijo, textualmente, al asumir el mando en enero pasado: «Están o no están».

–Creo que tenemos que terminar con las hipocresías. Ellos tienen la información y saben perfectamen
te lo que pasó con los desaparecidos. Y ellos tienen la obligación de decir la verdad. Si no le dicen la verdad, son unos cobardes. Es así. No demos vueltas a esto. Porque esta falta de decisión para justificar lo injustificable hace un gran daño al país, pero hace un gran daño a las mismas Fuerzas Armadas. Porque de esta forma, ¿qué formación le van a dar a los jóvenes oficiales, a los soldados? ¿Qué sentido le van a dar de vida?¿ Y para qué están las Fuerzas Armadas, si van a estar siempre enfrentadas a su propio pueblo, si van a estar siempre pensando en cómo destruir a su propio pueblo? ¿Al servicio de quién están? Yo creo que hay que terminar con estas hipocresías. Hay que terminar con esto de decir están y no están, y no sabemos si vamos a dar o no información. Eso es cobardía. No encuentro otro camino. No hay claridad conceptual. No hay una búsqueda de la verdad. No hay interés en la reconciliación. No hay interés en la reparación, y siguen justificando los crímenes cometidos. Es doloroso, pero tenemos que ser muy claros en esto. No podemos seguir girando alrededor de conceptos que son hipócritas.

–¿Por qué dice que la Comisión para la Paz es un paso?

–Sí, es un paso. Es un paso de buscar la verdad. Es un paso de encontrar los caminos en las alternativas para abrir esos espacios, que permitan en algún momento saber qué pasó con los desaparecidos, cuando las Fuerzas Armadas lo podrían hacer en forma inmediata y adelantar en un proceso que puede llevar a la reconciliación. Pero en este momento no puede haber reconciliación cuando tratan de ocultar la verdad. Reconciliación no hay que confundirla con olvido. Significa algo mucho más profundo: es cómo nos vamos a poder reencontrar como parte de un mismo pueblo y cómo vamos a caminar juntos y a construir juntos una vida más justa, más humana y más fraterna para todos. Creo que un pueblo no tiene que estar enfrentado con sectores del mismo pueblo.

–La falta de verdad ¿no ha generado rencor?

–No. La memoria es importante en todo pueblo. Porque es la historia viva de un pueblo. Pero la memoria no es para quedarse en el pasado. La memoria nos tiene que ayudar a iluminar el presente porque es a través del presente donde construimos, no sólo el presente, sino el futuro. Lo que hoy sembramos es lo que recogemos. Si hoy sembramos estas dudas, la hipocresía, el silencio, eso vamos a recoger. Si sembramos la verdad, la claridad de las cosas, recogeremos ese fruto. La memoria nos tiene que ayudar a iluminar el presente. En las grandes movilizaciones, lo que nos asombra es la cantidad de jóvenes que no vivieron la época de la dictadura, pero que hoy son parte activa en la construcción de la nueva sociedad, con todas las dificultades que tenemos, que no son pocas en la Argentina y en toda América Latina. Pero hay como un emergente ético de responsabilidad social, de vida, los jóvenes quieren saber qué sociedad se está construyendo.

–Por último, ¿qué mensaje le dejaría al familiar de un desaparecido?

–Buscar la verdad. No buscar el odio. Porque el odio es autodestructivo. Buscar la verdad, la justicia, para que no vuelva a ocurrir esto nunca más a ningún ser humano. El odio termina autodestruyendo a aquel que odia. El jueves también leía en el Paraninfo algo de Perico: «Sólo si somos vulnerables, tenemos la capacidad de amar al prójimo». Creo que esto marca muchas cosas.

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