La dictadura planificó ejecuciones masivas; sólo cinco se concretaron

Iban a ser más los fusilados

El 20 de diciembre de 1974, al día siguiente del asesinato del coronel Ramón Trabal en París, la dictadura uruguaya planificó un masivo fusilamiento de «subversivos» como supuesta represalia, pero sólo cinco personas fueron finalmente ejecutadas y sus cuerpos arrojados en una ruta, cerca de la ciudad de Soca, como advertencia o coartada… Un joven militante del PCR, de inicial M. y sólo 19 años de edad, había sido detenido junto al grupo de Luis Eduardo González González el 13 de diciembre de 1974.

Luego de dos días de torturas, el 15 de diciembre, debió ser internado en el Hospital Militar, por un problema cardíaco y un ataque de presión.

Encapuchado en el centro hospitalario de las Fuerzas Armadas, compartió celda con otras dos personas a las que nunca pudo identificar. Una mujer embarazada y otro joven, cuya procedencia desconocía. El 19 de diciembre, tras la muerte de Trabal, los tres fueron puestos en el piso de un jeep con destino incierto.

Luego de marchar varios minutos los bajaron en una zona de campo y les hicieron pararse para ser fusilados. Alguien dio la orden de que la ejecución no se concretara. Desde allí, sin explicación alguna, fueron regresados a los interrogatorios en los cuarteles de los que habían salido antes de internarse en el Hospital Militar.

Situaciones similares se vivieron aquellos días de diciembre en varias unidades militares: Estela Reyes, hermana de Silvia (asesinada junto a Laura Raggio y Diana Maidanick el 21 de abril de aquel 1974) también fue sacada intempestivamente del Regimiento de Infantería de Camino Maldonado.

Estela narra que supo que habían aparecido cadáveres en Soca a través de nuevos detenidos y pensó que uno podía ser su cuñado, Washington Barrios, quien había desaparecido en Buenos Aires el 17 de setiembre. Ella había sido amenazada de ser enviada a Argentina donde sería «desaparecida», aunque no sabía entonces que significaba eso.

Esa mañana del 20 de diciembre la sacaron del cuartel y tras recorrer un camino fue llevada a un celdario. Permaneció hasta el 7 de enero de 1975 incomunicada en un calabozo apartado del Penal de Punta de Rieles, donde no tenía contacto ni referencia con otras detenidas. Hoy piensa que pudo estar en la lista de eventuales fusilados.

Los inesperados traslados y simulacros de fusilamientos se habrían repetido en varias unidades militares.

En la mayoría de los casos, las ejecuciones fueron detenidas por orden de alguna autoridad. Sólo se concretó en el caso de Floreal García, Mirtha Hernández, Héctor Brum, María de los Angeles Corbo y Graciela Estefanell.

Los cinco habían sido secuestrados el 8 de noviembre en Buenos Aires y trasladados ilegalmente a Montevideo. Estaban detenidos en el centro de torturas «300 R», de la Casona de Punta Gorda, de donde fueron sacados y ejecutados. Sólo esos presos a cargo del Servicio de Información y Defensa (SID) fueron fusilados aquel día.

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