Nuevo acuerdo "petróleo por productos" y ayuda para financiar reactivación ferroviaria
Hugo Chávez vino, vio y hasta cantó en el Cerro de Montevideo ante unas 500 personas que lo esperaron estoicamente por más de dos horas en las puertas de la fábrica Envidrio para verlo, escucharlo y tocarlo. Besarlo también.
«Lo que hasta ahora hemos hecho por Uruguay y su pueblo es muy poco, es muy humilde, así que no nos agradezcan tanto que me da pena» (para los caribeños, sentir «pena» es sentir vergüenza) dijo el presidente de la República Bolivariana de Venezuela en uno de los tantos tramos de un discurso de casi una hora de duración y que no obstante fue breve porque el electo presidente José Mujica, un rato antes, le había pedido -entre risas- que no hiciera una intervención interminable «como las que hacés», le dijo.
Los agradecimientos hacia Chávez fueron casi constantes por el aporte que su gobierno hizo oportunamente para el emprendimiento de Envidrio. Casi 4 millones de dólares se destinaron desde el país caribeño para el montaje de la planta y su impulso productivo inicial. Pero no fue un obsequio. Ese monto se devolverá en asesoramiento de los mismos trabajadores para montar una planta de fabricación de vidrio pero allá, en el estado venezolano de Trujillo.
«Esto es socialismo» dijo el presidente Chávez al aludir a la empresa gestionada por trabajadores que pertenecieron a la fenecida Cristalerías del Uruguay «porque el socialismo no se decreta sino que nace de la gente. En Envidrio hay socialismo desde lo micro», gritó y lo silenciaron cientos de aplausos.
Entre el público había delegaciones de trabajadores de otros emprendimientos autogestionados como Funsa o en proyecto de serlo. Chávez, al ver carteles de la curtiembre en formación «Uruven» no dudó en anunciar que «la semana que viene estaremos depositando el monto para financiar ese emprendimiento». Lágrimas y abrazos de los directamente interesados le siguieron a ese dictamen de tono oficial.
Hugo Chávez, siempre que puede, habla de generar una nueva forma de comercializar entre los países del continente. «Hay que inventar nuevas formas de intercambio», entusiasmó. Petróleo por productos es la consigna y ayer en el polvoriento lugar desde donde habló, insistió en ello.
Pidió más vacas de Uruguay para elevar la producción lechera en los llanos venezolanos. Siempre asesorado por jerarcas de su gobierno que desde atrás le «soplan» cifras y anécdotas, Chávez recordó que «las vacas uruguayas producen…¿cuánto?…12 litros diarios. Las que teníamos nosotros aseguró daban apenas 3 litros por día». Casi un galón, para la tabla volumétrica de ellos.
Entonces Chávez señaló que «todo el petróleo que Uruguay necesita, de aquí a 100 años, está allá (en Venezuela) y es de ustedes. Nosotros no queremos que nos lo paguen con el dólar porque tenemos que terminar con la dictadura de la moneda norteamericana. El capitalismo hace inviable la democracia. Envíennos vacas, cuero, leche, botellas, quesos, neumáticos, que paguen con productos dijo porque el amor con amor se paga» señaló citando a José Martí; y anunció que con el gobierno que presidirá Mujica se firmará un nuevo tratado, ya no el de Caracas rubricado oportunamente con Tabaré Vázquez, sino el acuerdo petrocaribe, «uno mejorado», señaló.
El mandatario caribeño hizo público en su discurso un dato que seguramente fue de discusión y análisis entre él y el electo José Mujica cuando, sin testigos, hablaron dentro de la fábrica Envidrio.
«El `Pepe´ está muy entusiasmado con eso de reactivar el ferrocarril. Lo hemos visto cuando veníamos para acá. Es cierto, necesitan un empuje. Y me dijo que quiere poner una fábrica de durmientes. Bueno, nosotros podemos ayudar en ese emprendimiento», prometió. Mujica, que estaba detrás, sentado, se pasaba la mano por el rostro.
Y antes de todo esto, Chávez cantó. En esa extraña manera que tiene de enlazar una cosa con otra y de hacerla armónicamente, el presidente bolivariano recordó a Rubén Lena y su poema a Simón Bolívar.
«Simooon Bolivar, Simón» entonó, y como el público notó que dudaba en continuar siguió cantando la gente porque no hace falta más que una chispa para encender algo. «La mejor estrofa es al final dijo Chávez cuando dice `en el Sur la voz amiga que es la voz de José Artigas que también tenía razón´».
Con los últimos rayos de sol, Chávez terminó su discurso con un «viva Uruguay, viva Artigas y viva el Pepe».
Revisación de escalones, sillas, micrófonos y hasta el atril
Muchísima seguridad y muchísimo control. Desde ayer temprano, en los alrededores de donde se encuentra la fábrica Envidrio, se respiraba otro aire.
Policías a caballo recorrían los amplios bañados de esa zona del Cerro, al costado del estadio Luis Tróccoli. Otros lo hacían a pie y algunos en sofisticadas camionetas.
A la hora señalada para la actividad oficial, un pequeño grupo de los 33 efectivos de la seguridad personal del presidente Hugo Chávez recorrieron por enésima vez la planta fabril acompañados de perros olfateadores traídos de la misma Venezuela. «Hay que tener mucho ojo» confió uno de ellos a este diario.
La seguridad venezolana no se limita a abrirle camino entre la gente a su presidente. Verifican milimétricamente cada lugar en donde se sabe que Chávez estará.
Así, uno de los efectivos controló cada peldaño de la escalinata que se iba a usar para subir al estrado. Se daba vuelta cada silla de plástico en la que se iban a sentar. Se cambiaron los micrófonos del atril y el atril se verificó más de una vez.
Desde los edificios vecinos costaba, pero se veían efectivos parapetados. Y algunos de los que recorrían los alrededores portaban pesadas valijas conteniendo vaya uno a saber que sofisticado equipo de seguridad. Obviamente, nadie preguntó que llevaban allí.
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