Mujica y Lacalle, a puertas cerradas
No se habló de proporcionalidad. Tampoco de colocar a los organismos de contralor como la Corte Electoral o el Tribunal de Cuentas a manera de condicionantes, aunque sobre este capítulo algo se sobrevoló. Menos se requirió un compromiso de fecha de las respuestas de parte del líder herrerista al ofrecimiento hecho el viernes por parte del presidente electo en la sala Ramírez del Palacio Legislativo.
Fue, la de José Mujica con Luis Alberto Lacalle, una reunión distendida aunque no desacartonada. Formal y no invasiva. Lacalle se refirió a Mujica como «presidente Mujica», en la mayoría de las veces.
El presidente electo le transmitió la importancia y la necesidad de acordar en las cuatro áreas que la entrante administración entiende como fundamentales para establecer bases de políticas de Estado, pero Mujica pretende que esos acuerdos sobrevengan como consecuencia de un concienzudo trabajo de expertos y analistas. Que no sean acuerdos políticos exclusivamente.
Lacalle dijo estar de acuerdo pero le solicitó dejar una puerta entreabierta para arribar a políticas nacionales también en el área de las relaciones internacionales, así como en cuanto a la reforma de la salud, dos aspectos de la política gubernativa fuertemente citados por parte del Partido Nacional.
El presidente del Directorio del Partido Nacional le dejó entrever la importancia de que la próxima administración no lleve adelante una política de alineación con determinados países sino que esté basada más que nada en los intereses comerciales y de desarrollo provechoso para el Uruguay.
El gobierno electo propone entendimientos en los temas concernientes a educación, seguridad, medio ambiente y política energética.
Mujica escuchó y asintió. Luego, tomó un sorbo de agua.
Lacalle le dijo seguidamente que aceptaba de muy buena manera el ofrecimiento, que lo valoraba profundamente y le adelantó que contara desde ya con especialistas de su partido blanco para conformar equipos idóneos en las materias a acordar mutuamente.
El presidente electo le destacó al líder herrerista lo que pretende en cuanto a esas políticas de Estado en base a esos acuerdos que se buscan. Le confió que deberían ser lo más abarcativas y amplias posibles, de manera tal que cuando haya necesidad de corregirlas, actualizarlas o adaptarlas, no se vean desfiguradas en su contenido medular.
Tienen que ser políticas y proyectos a largo plazo, insistió Mujica mientras Lacalle asentaba con la cabeza y se acomodaba el cabello.
Mañana lunes se reunirá el Directorio del Partido Nacional por primera vez luego de las elecciones nacionales. Lacalle informará y solicitará la colaboración de los demás sectores para la empresa a desarrollar que, en su condición de primer partido de la oposición, le impuso el destino y las urnas.
La Alianza Nacional, además de escuchar de primera voz lo analizado en la reunión del viernes con José Mujica, llevará a la suprema partidaria un documento redactado por dirigentes de éste sector entre los que se encuentra el senador Sergio Abreu en los que se plasman criterios a seguir y detalles a tener en cuenta en los temas a acordar con el futuro gobierno.
Finalmente, en la reunión del viernes entre ambos ex adversarios electorales no todo discurrió por lo programático ni se elevó a los temas de Estado. Hubo tiempo para intercambiar las experiencias vividas por ambos en los meses en que la lucha por el voto los tuvo enfrentados.
Casi al unísono se reconocieron viejos batalladores y comprometidos con la causa nacional.
Algo sí quedó en claro. Jamás de los jamases el tiempo los volverá a enfrentar en una elección y eso lo sabían íntimamente los dos.
Compartí tu opinión con toda la comunidad