Empresario constructor y socio del Club de Tiro
Tras el origen de las armas
En el año 2000 se había constatado un faltante de 2.000 proyectiles calibre 7.62, pero el hecho nunca fue denunciado. En abril del 2001, comenzaron a detectarse nuevas irregularidades con el consumo de munición. También se echan a rodar «trascendidos» de que un teniente de la reserva, quien prestaba servicios en la Dirección de Personal de la Armada, «ofrecía para la venta, munición de guerra a civiles». En julio del 2001, el por entonces reservista naval Honorio Méndez Casariego «puso a la venta» las municiones sustraídas a la misión al Congo, utilizando como intermediario a un veterinario, «con la anuencia expresa» de un alto jerarca del Ministerio de Defensa Nacional.
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