Pionero. El primer intendente progresista de Maldonado analiza más de 4 años de dura e intensa gestión en un municipio clave del país

De los Santos: "A partir de 2008 hubo un cambio cualitativo en la acción de gobierno"

Confirmó que terminará su gestión en febrero y reconoció que le gustaría volver a ser el intendente de Maldonado, porque tiene muchas ideas a desarrollar entre todos, porque es tozudo pero abierto a la hora de dar participación en sus decisiones.

 

­Cuando se sentó en el despacho, ¿la Intendencia Municipal de Maldonado era lo que usted pensaba y quería dirigir?

­La estructura que nosotros sabíamos que íbamos a recibir no era la que nosotros queríamos dirigir, y la teníamos que cambiar. Había un planteo de una reestructura que luego llevamos adelante, muy compleja, pero que significaba empezar a construir una pirámide y jerarquizar la función pública a través de los mecanismos de ingreso, de capacitación, de concurso de oposición y méritos. Y pasamos por un momento muy duro que era hacer caer un mecanismo de ascensos indirectos que eran las subrogaciones y las contrataciones de los grados más altos.

En paralelo, teníamos que estimular a los trabajadores en el marco de la devolución de la rebaja salarial; había que generar las condiciones para mejorar la calidad de vida y darle seguridad a los trabajadores. Y después había que hacer una fuerte apuesta a un modelo más moderno de gestión, incorporando el expediente electrónico, incorporando una red con toda la estructura municipal en todo el territorio del departamento, y hacer una fuerte apuesta a la descentralización, integrando las juntas locales y comenzando un proceso de aprendizaje entre la sociedad civil y el Estado, de una nueva forma de gestionar la cuestión pública a través de espacios de participación ciudadana. El Consejo de Cultura, el Consejo de Turismo, las instancias de negociación con Adeom y el Presupuesto Participativo fueron cuatro herramientas con las que trabajamos.

Desde el punto de vista financiero era otro jalón, una situación más compleja de la que esperábamos.

 

­¿Era más grave el endeudamiento de lo que pensaba antes de ser intendente?

­Nosotros estimamos en 20 millones de dólares en aquel momento. A valores de hoy en pesos constantes estamos hablando de más de 900 millones de pesos y no había plata en caja para pagar los salarios de junio. La actitud de la bancada del Frente Amplio (en la Junta Departamental) nos permitió obtener líneas de crédito; lo votó solo el Frente Amplio ­el Partido Nacional no asumió la responsabilidad de haber dejado ese déficit­, lo que nos permitió un manejo de la Dirección de Hacienda, aunque en el medio se nos atravesó un temporal que nos obligó a una erogación incuantificable, porque fue toda una discusión la de los montos, pero lo cierto es que fue una cuestión no prevista, que nos permitió llegar a fin de año (2005) con un plan de refinanciación muy importante para recuperar activos y poner proa a una política tributaria distinta.

Lo que es cierto es que hubo momentos, en términos de gestión, duros, lo que se puede llamar el A-B-C: el tema del alumbrado, las calles y la basura, porque pasamos por situaciones muy complejas y una demanda insatisfecha, legítima, absolutamente legítima de la población, atizada y activada por la oposición en términos de cómo nos habían dejado las calles, el parque de maquinaria; y la situación del proceso de licitaciones que se habían caído por incumplimiento, como era el mantenimiento de los espacios verdes, los paradores (de la costa) en algunos casos, la publicidad callejera que cayó; y algunos organismos nos han dado la razón, como el Tribunal de lo Contencioso Administrativo en algunos casos. Eso significó un par de años para poder afirmar al gobierno.

Después entramos en un proceso en el cual los índices de gestión son muy altos en términos de medición en la opinión pública; de gestión en políticas sociales, vivienda y discapacidad; en las políticas de capacitación, de cultura y de deportes.

 

­¿En cuánto podrá quedar al final de su mandato esa deuda?

– Hay que advertirle a la población la situación que va a tener el próximo gobierno por primera vez en la historia, con absoluta transparencia: cerramos 2008 con 420 millones de déficit. Retiramos la venta de los padrones, que son 200 millones más, lo que hubiese significado mantener el déficit en 400 y pico. Creo que vamos a llegar al final de 2010 con un déficit acumulado de 600 millones de pesos, dos terceras partes (del déficit) que encontramos, con liquidez en caja para gastos de funcionamiento del mes de setiembre u octubre, como máximo.

 

­¿Qué respaldo tuvo de la oposición, básicamente del Partido Nacional en esos momentos que usted definió como muy difíciles?

­Ninguno. Lamentablemente ninguno. Todo el tema de la reestructura municipal, que significó que 700 funcionarios habían sido ascendidos de forma ilegal, violentando la carrera funcional; cuando caen las subrogaciones, yo creo que hay toda una tensión que se genera en el Partido Nacional, fruto de una demanda de sus militantes que trabajaban en la intendencia. Y lo que hizo el Partido Nacional fue decir: ‘Frente a este ataque a mis afiliados, yo me retiro de la instancia interpartidaria’, que habíamos conformado con el Partido Colorado, el Partido Independiente y el Partido Nacional, que nunca se presentó.

Entonces esa actitud del Partido Nacional estuvo siempre instalada; cuando el temporal (agosto de 2005), la única llamada que recibimos fue de un edil planteando que se había caído un gajo de un árbol arriba de su casa; ése fue el único vínculo que hubo. Y después hubo un llamado a sala porque habíamos dicho lo que íbamos a gastar en el temporal. Sí hubo una actitud del gobierno nacional, de los ministerios, de los sectores privados y de los vecinos de Maldonado, y un papel muy destacable de lo que era el Comité de Emergencia que se instaló esa misma noche, porque ni siquiera existía. Y como relevante el papel del Ejército Nacional, porque fue nuestra principal fortaleza, nos permitió preparar el 12 de octubre y luego la temporada, porque sino, no hubiéramos llegado en condiciones.

 

­En ese panorama tan complejo, ¿el Frente Amplio tuvo casi una oposición dentro del propio Frente Amplio? No es novedad para nadie el distanciamiento que usted tuvo con el doctor Darío Pérez. ¿Esas diferencias siguen?

­El programa común no tenía todo resuelto, porque llegamos a la elección sin tener aspectos de los grandes trazos del programa, y mucho menos un plan de gobierno ajustado. Eso significó que llegada al gobierno la fuerza política no lograra consenso en algunos temas. Creo que ha habido un avance significativo desde la última presidencia del Frente Amplio, que encabeza el «Goyo» Quintana, que ha contribuido a lograr una articulación entre la bancada, la dirección política del Frente Amplio y los dirigentes políticos que actuamos y tenemos responsabilidad en el gobierno, a través de la Comisión Tripartita.

Hubo diferencias; se empezaron a buscar caminos para resolverlas y creo que tenemos una referencia, que es el Estatuto del Frente Amplio. Y es cierto, como dice José Mujica, que hay que rediscutir toda la estructura del Frente Amplio porque necesitamos generar una fuerza ágil, representativa del conjunto de las corrientes de opinión, de las bases del Frente Amplio, partiendo de la base de que el ritmo y la velocidad del gobierno no puede esperar el ritmo y la velocidad de la fuerza política.

Creo que también sufrimos el cimbronazo de pasar de ser un partido de oposición a ser un partido de gobierno, y no cabe duda de que los aspectos vinculados a esos temas no laudados en el programa jugaron decididamente en la toma de decisiones del gobierno.

El haber sido el primer intendente de izquierda del departamento de Maldonado, y haber sido acusado por la derecha de corrupción, llevándolo a juicio político, a los estrados penales, a la denuncia en los
distintos ámbitos públicos, generaron también un margen de duda e incertidumbre en sectores de la izquierda, que los pusieron de manifiesto, y yo creo que sólo los hechos, cuando fueron decantando, fueron mostrando los niveles de honestidad del gobierno.

 

­Hablando de honestidad y cristalinidad, hay datos que son públicos. A usted nadie le cuestiona su honestidad, sin embargo cuando se consulta por su entorno más inmediato, por su gabinete, surgen peros. ¿Le falló algún integrante del gabinete?

­Arrancamos con un grupo de militantes y dirigentes de izquierda que no teníamos experiencia; que cometíamos torpezas y cometíamos errores, fruto de esa falta de experiencia. Tengo la impresión de que hubo un hostigamiento permanente, con una responsabilidad enorme también, porque cuando se trataban algunos temas como la seguridad pública, cuando se trataban los temas vinculados a la inversión, daba la sensación de que el gran problema era asfixiar a este gobierno y aislarlo de la población, aun a costa de la inversión, del trabajo, de la resolución de los problemas. Se armó un equipo de gobierno que se consolidó y que en la vida demostró que los temas que eran cuestionados por la opinión pública, fueron resueltos por ese gabinete.

Yo quiero reivindicar con absoluta honestidad intelectual, que no cabe duda que en ese proceso de aprendizaje hubo un antes de 2007 y un después de 2007. Y a partir de 2008 hubo un cambio cualitativo en el accionar del gobierno.

Y hago un paréntesis, pero hay una modalidad que tiene que ver con mi característica y mi perfil, porque soy un tipo estructurado, vengo de convivir siempre en estructuras sindicales, partidarias, sociales, y apuesto al trabajo colectivo; me reservo el derecho de tomar decisiones en el ámbito que corresponde, pero delego en otros la toma de decisiones, porque es la forma de democratizar la relación.

Y en el marco de la honestidad de los directores, no ha fallado ninguno. Hay una clara actitud de compromiso con la ciudadanía y de honestidad; cualquiera de ellos puede levantar el secreto bancario y no tiene problemas, de eso estoy absolutamente convencido.

 

­Si mañana fuese nuevamente intendente, ¿repetiría el mismo equipo o haría algunos cambios por la razón que sea?

­Es imposible de prever; de lo que estoy seguro es que un nuevo gobierno del Frente Amplio va a demandar cambios en el gabinete, tiene que demandarlos. No me he puesto a pensar cuáles, ni quiénes, pero si fuera el intendente estoy seguro de que hay que operar cambios, entre otras cosas porque hubo una parte del Frente Amplio que no estuvo dispuesta a participar en el gobierno, y no cabe duda de que va a haber un nuevo escenario político.

 

­Disculpe, esa otra parte dice que usted no la convocó.

­No, yo la convoqué y le ofrecí públicamente la auditoría interna, porque el gobierno estaba sospechado por la derecha y sectores de la izquierda tenían dudas; había renunciado el contador Torielli y le propuse al compañero Darío (Pérez) la auditoría interna municipal, y la posibilidad de que el «Goyo» Quintana integrara el gabinete; y fuera sus orejas, sus ojos en el gabinete que se reúne periódicamente, y no estuvo de acuerdo. Fue así, fue en reuniones formales que existieron.

Entonces nadie puede estar fuera del gobierno porque hay que darle continuidad al programa, al modelo y a las transformaciones, a partir de la experiencia que se realiza en el mismo Estado. Esa experiencia es intransferible si las fuerzas políticas y los actores políticos no juegan un protagonismo importante en la toma de decisiones y en el modelo de gestión.

 

­Hablando de experiencia, si fuera nuevamente intendente, ¿volvería a utilizar un contrato de patrocinio como el realizado con Satenil, que pareció ser el emblema en todos estos años? Ese asunto ¿quedará en el anecdotario o fue realmente tan grave haberlo usado?

­Fue el eje del Partido Nacional, que el Tribunal de lo Contencioso, cuando a una de las empresas que le hicimos caer el contrato por incumplimiento le dijimos que no le íbamos a devolver la garantía, y recurren al Tribunal de lo Contencioso, que nos da la razón; no solamente no lo renovamos, quisimos cobrar lo que no habían cumplido; y la otra empresa (respecto a la cual) la Justicia falló en primera instancia y un organismo de alzada nos da la razón. Veremos cómo fallan organismos superiores de la Justicia, pero yo estoy convencido de que tenemos la razón; y máxime cuando la tercera empresa, que era Satenil, venía recomendada en expedientes, que fuera contratada para cumplir los servicios de las otras dos empresas. Con informe de Jurídica del intendente Antía, del doctor Ipharraguerre, el asesoramiento de Planeamiento; había varios informes en ese expediente que está en la Justicia, que recomendaban no renovar los contratos con estas empresas, que tenían el monopolio, Hikone y El Hornero; no renovar esos contratos y dárselo a Satenil. Lo que nosotros hicimos fue, en esa misma línea, no renovar los contratos, retener las garantías por incumplimiento, cuando la tenían porque una de las empresas no tenía fondo de garantía, y contratar a Satenil por 3 años, lo que hicimos públicamente, y dijimos que íbamos a licitar; y por primera vez en la historia de Maldonado se licita la publicidad callejera, que permite un ingreso de divisas genuino.

En esa estrategia, yo creo que los convenios de patrocinio son una herramienta formidable; por supuesto que el quemado con leche ve la vaca y llora, porque uno se autolimita en las decisiones, porque dice ‘esto es otro lío’. Ahora, los gobiernos no pueden actuar condicionados; en todos los gobiernos hay convenios de patrocinio y es una herramienta legal, y si no hay ingreso de dinero no necesita licitación.

 

­Intendente, mañana se va y no vuelve. ¿Hay algo que le esté quitando el sueño porque lo quiso hacer y no pudo? Algo que pensó, a lo cual quería hincarle el diente y no pudo…

­Creo que tenemos un atraso importante en los planes de vivienda, porque tuvimos que salir a comprar tierras, licitar fraccionamientos, aunque hay un avance significativo; y tiene que ver con algo, y es que nosotros creíamos que así como nosotros nos habíamos criado, que nuestros viejos compraban el terreno con esfuerzo e iban comprando los materiales de a poco para hacerse la casa con mucho sacrificio, y veíamos años en que la casa crecía de a poquito y se iba revocando de a pedazos; creíamos que la gente tenía eso y que en forma transparente y si se la respaldaba técnicamente, eso iba a crecer como hongos y la gente iba a construir su casa en un periquete. Pero fueron cambiando los hábitos en nuestra sociedad y el tema de la marginación, no tener trabajo y no tener cultura de trabajo, también fue adormeciendo algunas reservas que tenía nuestra sociedad.

Y la otra cosa a la cual me hubiera gustado meterle el diente, en términos de reforma tributaria, era el reaforo catastral, que no hemos podido realizar, y queremos llegar al final del período con un acuerdo con Catastro, y ver cuál es el mecanismo para que el reaforo se pueda hacer para que un próximo gobierno de izquierda efectivamente articule una política tributaria más justa; cuando digo más justa es porque hay gente que está pagando por debajo de lo que tiene que pagar por los valores de vivienda, aunque fue un avance muy importante incorporar las chacras marítimas, que antes no pagaban. Hay gente, no sólo en Maldonado, San Carlos, sino en Punta del Este mismo, que paga más de lo que debe pagar, porque los reaforos están modificados. Entonces creo que hay que hacer justicia tributaria a lo largo de todas las capas sociales.

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