Un sistema "bloqueador"
«Es la política la que está bloqueando que la sociedad uruguaya, que la cultura uruguaya, puedan incorporarse a ese proceso de modernización, globalización. El anacronismo del sistema político impide que la gente pueda aceptar los desafíos que le impone ese nuevo mundo vertiginoso», afirmó Lombardo luego de haberse mantenido en silencio en torno a la política durante un extenso período de tiempo.
Su «regreso» a la arena política se realizó a través de la presentación del libro de su autoría «Adiós a los dinosarios», en el que Lombardo reflexiona sobre su pasaje por el sistema político, Antel, Banco Central, y Fondo Monetario Internacional.
Lombardo realizó un fuerte cuestionamiento a la concepción política actual: «Tenemos un país con una estructura de poder anacrónica; tenemos un país donde los liderazgos están construidos a la usanza de hace dos siglos; tenemos un país donde la división está en familias ideológicas». Consideró que hoy en día cuando «la economía es global, donde los sistemas de información nos permiten acceder a la información de cualquier parte del mundo», no es adecuado «que el sistema político plantee alternativas bipolares, y diga: las cosas son blancas o negras, y obliguen a la ciudadanía a decir que es blanco o negro, cuando sabemos que es gris; cuando sabemos que los mercados no son infinitamente abiertos ni infinitamente cerrados, sino que son productos de negociaciones de sectores de poder».
Sostuvo que «el sistema político no es el que va a lograr que nos adaptemos al mundo, pero que deje de bloquearlo. La única forma de dejar de bloquearlo es terminar con el maniqueísmo de las soluciones de blanco o negro, de las soluciones de familias ideológicas, ese eufemismo absurdo que está inspirado en que mantengan cotos de poder determinados líderes políticos, que son calificados como dinosaurios».
Lombardo se refirió a la situación de Antel y se preguntó cuánto tiempo hace que se discute su futuro. «Sabemos que ninguna de las soluciones propuestas reúnen el consenso, porque estamos divididos en ideologías y la discusión es ideológica y eso no tiene solución». Ante esta situación, Lombardo propone formar una «coalición radical donde gente de distintos partidos, de distintos estratos sociales, sea capaz de decir: señores, a Antel hay que transformarla, pero no ideologicemos, no queramos aprovechar esto para intereses personales, sectoriales».
«Si no logramos una coalición radical, que corte transversalmente el sistema político y la sociedad, la solución a la que vamos a llegar con Antel va a ser incompleta, mala, no va a estar adaptada al mundo», sentenció el ex titular del organismo de las telecomunicaciones. «Adiós a los dinosaurios» fue presentado por el director del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de la República, Gerardo Caetano y el escritor Carlos Maggi.
Caetano consideró que el libro «es una interpelación ciudadana que el país necesita en estos momentos. Es un libro que no es para tranquilizar, sino para agitar. Hemos perdido a los agitadores, sobre todo los agitadores culturales». Además, compartió con Lombardo la idea de conformar una «coalición radical» que aglutine a «figuras de todas las tiendas ideológicas. La pregunta es si estaremos a la altura de ese desafío».
Maggi, en tanto, coincidió en la necesidad de alcanzar una nueva forma de ver y hacer política, pero opinó que el primer paso es mejorar el nivel cultural. También se refirió a la situación de Antel, y afirmó que la empresa estatal «es el punto de inflexión para salir del atraso y pasar al progreso».
Sanguinetti
En el libro, Lombardo hace referencia a la situación que lo llevó a alejarse de la política partidaria. Los hechos ocurrieron a mediados de 1998, cuando el Foro Batllista llevaba adelante una elección interna para dirimir al candidato que lo representaría en los comicios de abril del año siguiente.
Lombardo recuerda que en su primer discurso como precandidato, manifestó que quería acabar con la pobreza como lo hizo con la demanda insatisfecha de teléfonos. Estos dichos lo enfrentaron con el entonces presidente y líder del sector, Julio María Sanguinetti.
«Recuerdo vívidamente –cómo no habría de hacerlo– la conversación que tuve con el presidente Sanguinetti después de aquel anuncio. Parecía haberlo tomado como un ataque a su gobierno, aunque obviamente no lo era. La breve discusión que siguió fue la más sustancial que tuve con él. Parado detrás de un gigantesco globo terráqueo que le regaló Miterrand, me dijo: ‘En ningún lado han logrado erradicar la pobreza, por más que se hayan liberalizado los mercados y atendido las políticas sociales’. ‘Pero bien vale hacer el intento’, respondí. ‘Si los gobiernos no pueden hacer eso ¿para qué están?'».
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