Daniel Martínez. Aclaró que defiende a los organismos reguladores que defiendan la normativa y la calidad del servicio

"La Ursec y la Ursea fueron pensadas por quienes querían las privatizaciones"

No fue fácil para Martínez encontrar un hueco para conceder la entrevista ya que, de lunes a viernes, recorre el Interior, pero, habiendo voluntad, se le encuentran soluciones a las cosas. En Casa del Pueblo, un sábado de tarde muy soleado, se pudo concretar la siguiente conversación.

 

­¿Cuál fue el eje de su gestión?

­Lo fundamental fue darle visión estratégica al proyecto país, yo siempre he sostenido que no creo en la administración autárquica de las empresas, ni que se convirtieran en cotos cerrados de señores feudales para su carrera política. Por el contrario, las empresas del Estado y los ministerios deben contar con una visión estratégica, de largo plazo, con una visión de país. No existía proyecto nacional de desarrollo cuando llegamos al gobierno, por lo tanto de la misma forma que intentamos incluir a Ancap en una visión de proyecto país, hicimos lo mismo cuando llegamos al Ministerio de Industria, Energía, Minería y Telecomunicaciones.

Uno de los principales problemas, por ejemplo, es que el 75% de lo que se produce y exporta son productos de bajo valor agregado y solo el 4% es de alto valor, por lo que el objetivo estratégico es apuntar a agregar valor, desarrollo tecnológico, capacitación de mano de obra, crecimiento del PBI, compromiso con el desarrollo limpio en materia ambiental, descentralización, interacción de sistemas de generación de conocimientos, entre otros.

Hoy el país tiene una estrategia, con objetivos, buscamos dar un saltito en cuanto a la incorporación de tecnología y valor agregado con la estrategia de a cada cosa agregarle el valor que se pueda. Para lograrlo trabajamos en políticas de cadenas productivas, desarrollo de cadenas nacionales y de parques industriales y tecnológicos.

 

­¿Y cuál fue el resultado?

­Comenzamos a identificar las principales cadenas o a aquellas que visualizamos como posibles de mejorar cualitativamente, es decir que el país le pueda agregar valor.

También se hacía necesario que el Estado dejara de trabajar segmentado, en compartimentos y para ello propusimos como iniciativa nuestra crear el Gabinete Productivo bajo la consigna «importa que la criatura crezca no importa el padre de la criatura», para dar fin a las chacras del Estado, y hubo muy buena respuesta.

Ello nos permitió, con grupos interdisciplinarios, con técnicos de todos los ministerios realizar diagnósticos que le fueron entregados a las cámaras empresariales y a los sindicatos, que enriquecieron, criticaron o los modificaron. Luego propusimos medidas concretas, y ahora tenemos medidas de desarrollo de valor agregado y defensa productiva y tecnológica de cada sector en base a políticas nacionales acordadas.

 

­¿Cómo se tradujo en los hechos ?

­Partiendo del principio que el conocimiento no es patrimonio de unos pocos iluminados sino la suma de conocimientos individuales de cada uno de los sectores productivos, se comenzó un proceso que es lento pero seguro de agregar tecnología, agregar valor a la cadena con nuevos eslabones, por ej, es mejor exportar carne envasada que carne en gancho, y finalmente si podemos exportar comidas elaboradas o semielaboradas mejor aún.

Esto de agregar valor es la segunda de las estrategias que nos propusimos desde el Ministerio, y el tercer aspecto de agregar valor es el desarrollar proveedores nacionales, si lo que hoy se importa se empieza a generar y producir en Uruguay comenzamos a desarrollar una constelación de pequeñas y medianas empresas uruguayas, que a su vez, y a eso apuntamos, sean el germen a mediano plazo de emprendimientos mayores.

El desarrollo de las cadenas nacionales implica políticas que no nos son ajenas porque ya comenzamos a concretarlas en Ancap con 15 empresas que incorporamos como abastecedores.

Este proceso a nivel nacional adquiere otra dimensión, esperamos que con la Agencia Nacional de Desarrollo esto se profecionalice muchísimo más, con resultados que llevan tiempo, no hay que engañarse, nada de todo esto es para mañana, son procesos que implican ir avanzando paso a paso y que generen emprendedores, mano de obras más calificada, más tecnología.

Esto se complementa con los parques industriales, que asentados en el Interior, apuntan a profundizar la descentralización productiva. Hasta ahora su historia ha sido con que uno se encuentra con lindos espacios alambrados con pasto corto y la foto del intendente de turno, pero la idea del gobierno no es así, porque no tienen contenido, ahora se ha revertido esa tendencia y comienzan a ser lo que debieron ser desde un principio.

Además hemos marcado pautas para ver qué desarrollamos y a qué apostamos, siempre hay que desarrollar estudios de viabilidad previos para no caer en apresuramientos y aventurerismos, ahora ya contamos con 2 en Canelones, 1 en Colonia, 1 en Salto y 1 en Paysandú.

 

­En cuanto a las Pymes, el gobierno se presenta apoyando y desarrollándolas…

­Y es así. Las Pymes tienen apoyos brutales en este período, hay una cantidad de gente que aún desconoce todo lo que ha realizado, ahora en las giras políticas me encuentro con mucha gente que desconoce los más de 30 proyectos que hemos armado para apoyarlas y por ello yo recomiendo recurrir a Uruguay Fomenta y Dinamige a fin de asesorarse, porque hay planes y proyecto y créditos de todo tipo.

Yo no entiendo, a veces escuchamos a alguna gente que habla que hacemos todo tan mal, pero sin embargo, el consumo interno crece, la desocupación disminuye en medio de la peor crisis que vive el mundo, si fuéramos buenos no quiero ni pesar cómo estaría el país.

 

­El ámbito de la Minería es el que más se desconoce de la gestión, ¿se ha hecho algo?

­En este rubro nos encontramos con un Código de Minería vetusto y una Dirección Nacional que era un relajo absoluto, muy buena gente, trabajando con todo en contra, sin apoyos, sin tecnología, y otra gente, que bueno, las investigaciones dirán.

La falta de procedimientos y de gestión moderna sumados a un Código Minero fuera del tiempo y el espacio no permitían al Estado el mejor rédito de la explotación minera.

Hoy una consultora externa trabaja sobre una gestión moderna, con un registro de empresas que increíblemente no existía y el cobro de cánones. La idea fue dejar un borrador de un nuevo Código de Minería, buscando un buen instrumento, moderno, que apoye y dinamice a un sector que se está desarrollando.

Es tal el atraso del actual Código que se refiere a arena, balastro y piedras preciosas. No existe nada más, así es imposible impulsar la minería.

 

­¿Y respecto a las telecomunicaciones, se aportó algo?

­Las telecomunicaciones fue lo que me llevó más tiempo, por su importancia y porque era el rubro que menos conocía.

Mi visión es que se trata de algo fundamental ya que son vector de desarrollo tecnológico, de accesibilidad, de democratización y formación de espíritu crítico y de contar con diferentes campanas.

Se había avanzado anteriormente con la ley de Radios Comunitarias en la que quedó claro que el espectro de radio-televisión tiene tres patas: el comunitario, para el que se reservan tres bandas de cada 9, el comercial con 4 bandas y el estatal-público-municipal. Además creo que habría que estudiar la situación de las radios de carácter religioso y reservarles alguna frecuencia, de todas maneras esta ley ordenó de manera democrática el espectro.

 

­¿Cómo se concederán esas bandas?

­Somos conscientes que hay intereses fuertes, y que nos movemos con reglas de juego horribles, absolutamente antidemocráticas.

La prueba está que anteriores administraciones se dedicaban a regalar frecuencias que son un bien público a los empresarios privados, a sus amigos,
premiando la obsecuencia por encima de la inteligencia, el sentido democrático y la diversidad de opinión. A ello, que no es poco, se deben mencionar la existencia de cientos de problemas, imposibles de detallar en una entrevista.

Creo que rápidamente habrá que regular las concesiones de ondas, para ser cristalinos y para dejar bien claro que son propiedad del Estado, ya que algunos empresarios parecen creer que les pertenecen.

Por otro lado, si bien yo defiendo a los organismos reguladores, porque son defensores de la normativa y la calidad del servicio y generan garantías contra las visiones monopólicas, yo creo que ambas reguladoras Ursec y Ursea, han sido pensadas para una función que no es la que pretende este gobierno, una visión anacrónica del idealismo extremo en la que muchas veces tienen más poder y potestades políticas que los ministerios.

Esto es aberrante pero verdad, porque los ministerios son los encargados de elaborar las políticas y las reguladoras las encargadas de que se cumplan las normativas, las normas de juego sean justas y protegiendo al consumidor.

Las reguladoras no son patrimonio de tecnócratas independientes, que no existen con tal independencia, sino las políticas deben estar en manos de quienes la ciudadanía eligió para gobernar.

Después de leer las normas de otros países, las reguladoras nuestras son las más neoliberales y yo creo que responden al deseo de quienes perdieron los plebiscitos privatizadores de las empresas públicas para contrabandear sus ideas al respecto.

Pero tampoco concuerdo con algunos compañeros del Frente Amplio que no quieren que existan reguladoras, yo entiendo que ni una cosa ni otra. En el medio de ese debate hay que mantener el equilibrio porque, por ejemplo, hay que defender a Antel pero no permitir que se convierta en un freno para el desarrollo.

A mí me pasó encontrarme con una Antel estancada en su gestión y tecnológicamente, y eso lo hablamos claramente con sus directores y gerentes, porque tiene que ser un buque insignia y no lo estaba siendo.

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