La Haya. Uruguay presentó sus descargos

Boyle: "Botnia es la fábrica adecuada en el lugar correcto"

La delegación que representa a Uruguay ante La Haya demostró ayer que le asiste razón al gobierno nacional tanto en el aspecto jurídico, en cuanto a que no hubo violación al tratado del río Uruguay, como al aspecto técnico, referido a que no ha habido contaminación ambiental de parte de la planta de Botnia. Se espera que la Corte Internacional de Justicia pronuncie su fallo definitivo en marzo de 2010.

Uruguay presentó su descargo ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, a través del cual también hizo mención al perjuicio causado como consecuencia de la «ilegalidad» del corte de los puentes internacionales por parte de ambientalistas argentinos, hecho que es «consentido» por las autoridades locales. Ayer comenzó la audiencia en el Tribunal de Justicia de La Haya, en la primera sesión en la que intervino Uruguay. A lo largo de la semana pasada había sido el turno de la delegación argentina. La sesión se abrió con la lectura del informe del embajador uruguayo en Estados Unidos, Carlos Gianelli. Luego intervino, respecto de los aspectos técnicos de funcionamiento de la planta, el profesor Alan Boyle, y sobre el impacto ambiental hizo uso de la palabra el profesor doctor Paul Raisler.

En los días sucesivos intervendrán el doctor Neil McBain, experto en fábricas de celulosa, consultor independiente para la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial, y el profesor Stephen McCaffrey, quien expondrá sobre el principio del desarrollo sustentable.

Alan Boyle, profesor de derecho internacional de la Universidad de Edimburgo, señaló durante el alegato que la planta de celulosa Botnia «no ha causado contaminación perjudicial al río Uruguay». Acotó que «no ha puesto en riesgo la ecología del ecosistema y satisface los estándares de calidad del agua y protección ambiental acordados por ambas partes». El especialista aseguró que las pruebas de los expertos nombrados por la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial, que ayudó a financiar el proyecto, «demostraron que la calidad del agua no cambió desde que la papelera comenzó a operar en febrero de 2007″.

«Es la fábrica adecuada en el lugar correcto, en un río que es más que capaz de soportar el desarrollo de este tipo de actividad económica. Además, no se ha hallado un solo caracol ni un solo molusco muerto en el río», aseguró Boyle.

A la vez remarcó que el volumen de aguas residuales vertidas por Botnia es «mucho menor al desechado por las industrias argentinas situadas a lo largo del río».

Según el técnico, «el fósforo y nitrógeno vertidos son rápidamente absorbidos río abajo y terminan en el océano Atlántico».

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