Lo primero es lo primero: ganar
Hoy hay un grupo de compañeros que desde la década del 60, y desde antes, entregaron sus vidas por un ideal común. No le pongamos a ese ideal nombres extraños, edulcorados, sino que hablemos como hablábamos antes. El ideal era el socialismo y le erramos. Se nos cayó como piedra de un muro tirado por la propia gente. Así fue.
Pasaron los años y la confianza en la construcción histórica que fue y es el Frente Amplio, permitió que la gran mayoría de aquellos actores continuara. Aunque algunos sienten más cerca de su corazón al Frente Amplio que otros.
Hace pocos días un líder histórico del MLN, el carpintero de los tupamaros, puso dudas sobre la conveniencia de que José Mujica sea el próximo presidente de los uruguayos, en la medida que tendrá que llevarse bien con otros frenteamplistas que se supone desafinan con el discurso histórico de su concepción de izquierda.
Para mí eso no es una novedad, en tanto todos sabíamos que esas diferencias, en el seno de la izquierda, existen y que, por desgracia, pueden llegar a ser factores de obstáculos para el desarrollo y el avance de un país progresista, cuya gente va por más libertad.
Sería un error creer que este tipo de actitud, a la cual respeto pero no comparto, se expresa sólo desde la cuna y la cultura tupamara. Hoy hay fenómenos similares, muchas veces de signo distinto, que viniendo desde la cuna marxista se expresa con el mismo escepticismo. Y entre estos tengo muchos amigos, sospecho que pueden llegar a ser tantos, que no los puedo contar.
Me gustaría tener una encuestadora para saber cuál es el porcentaje de mujeres y hombres, que priorizan el debate histórico dentro de la izquierda a la necesidad de volver a ganar un segundo gobierno para el Frente Amplio.
Pero si ese porcentaje fuera muy pequeño, que es lo más probable, igual debería interesarnos a todos en tanto estamos hablando de mucha gente con experiencia, con compromiso social y político con compromiso de humanidad, logrado muchas veces bajo el dolor cuya actitud hacia el último domingo de octubre va a terminar influyendo en el resultado electoral.
En octubre no se juega si las formas de acumulación de fuerzas del PCU de los 70, fue más exitosa que la del MLN. Tampoco se juega la definición de la contradicción entre quienes tomaron las armas y quienes no. En las próximas elecciones nacionales no se juega si la mejor estrategia fue la del MLN o de los comunistas arismendianos, sino lo que se juega es que el país siga avanzando, logrando nuevos cambios, siempre en búsqueda de la pública felicidad. Si se comprende esto, si se entiende que el peligro del regreso de los partidos tradicionales al gobierno va a ser una verdadera tragedia nacional, comprenderemos que hay que debatir con los amigos que están malhumorados y que no encuentran paz en sus espíritus, en tanto sus sueños de ayer no tienen, en muchos casos, un correlato con la realidad.
Para los izquierdistas alinearse detrás de la fórmula MujicaAstori es una cuestión de vida o muerte y no sólo para ellos como individuos, sino como sociedad. Esto no quiere decir que haya que definirse sólo a favor del lema Frente Amplio, sino que a la vez hay posibilidades quizás no las ideales de marcar el voto contemplando el pasado e imaginando el futuro.
No estamos invitando al simple acatamiento de la fórmula presidencial, sino que la priorizamos sin dejar de tener en cuenta que en octubre habrá corrientes, sectores, sublemas, donde cada uno pueda manifestar su sensibilidad.
Ya tendremos tiempo, después de octubre, de participar de una elaboración colectiva, si es que nos quedan energías, que nos debimos en los últimos años. Pero esa elaboración es preferirle darla en medio de la victoria y no con el peso de la derrota.
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