"La victoria en octubre, la electoral y los 2 plebiscitos, se construye desde la gente"
En un alto de su febril actividad preelectoral, el popular Rafa me concede un tiempo para esta charla en la que abordamos todos los temas posibles: inseguridad, política económica, ideología e, inevitablemente, la fractura y los años de ostracismo hasta el reencuentro.
¿Pensás que cambió el Frente desde los 80?
Sí, desde luego. Todos cambiamos, ¿no? En primer lugar, hubo una reflexión muy grande del pensamiento de la izquierda cuando la Unión Soviética se cayó. Y si bien uno tiene en el corazón lo que es la Revolución Cubana, por lo que significa esa gesta, digo que, obviamente, ese tampoco es nuestro modelo; nadie en la izquierda está planteando que ese sea el modelo. Por otro lado, los partidos tradicionales seguían ganando las elecciones y notoriamente nosotros, la 99 mil ya en el proceso en el cual la fuimos liderando, todos los días nos decíamos «no puede ser que este país siga siendo gobernado por blancos y colorados». Sosteníamos que teníamos que hacer un esfuerzo muy grande para lograr que la izquierda se reencontrara, se uniera, y lograra la victoria electoral. Que fue lo que ocurrió en el cuatro, con condiciones especiales: teníamos un candidato excepcional como es Tabaré Vázquez, nos pudimos reunir en la Nueva Mayoría, el país se había caído estrepitosamente con lo que fue la gestión de Jorge Batlle, y esas condiciones permitieron la victoria. Ahora hay condiciones distintas, la tenemos más peleada para octubre, pero creo que podemos ganar si trabajamos y hacemos un gran esfuerzo.
Las alianzas electorales que se están constituyendo, ¿son producto de las internas?
Sí y no. Sin duda se profundizan a partir de las internas de junio, pero nosotros pensábamos que había que reforzar una izquierda que tenga la concepción de un avance por etapas, cosa que está muy marcada en los grupos que formamos la alianza, de etapas que van sucediéndose unas a otras y permiten avanzar.
Somos grupos que tenemos una misma sintonía y que también sintonizamos con la candidatura de Danilo Astori.
El símbolo del Nuevo Espacio es la rosa; ¿es una definición ideológica?
Sí, es la rosa de la Internacional Socialista. Junto con el Partido Socialista, tenemos una definición socialista democrática, y aspiramos a que se vaya conformando una gran columna en el Frente Líber Seregni que nos conduzca a ello. Creemos que no sólo hay que construir un Uruguay más justo, sino más igualitario.
Vos viviste varias rupturas: en el 89 con el Frente; en el 94 con Batalla; y después la escisión que terminó en el Partido Independiente.
En el 89, uno no era un actor protagónico.
Y por otra parte, tenía una lealtad con Batalla, que había sido el abogado de mis hermanas, de Seregni, además de ser un referente.
Pero esa lealtad no fue suficiente para acompañarlo en el 94.
Es que Hugo volvió al Partido Colorado, y ese es un límite.
No fui sólo yo quien no quiso trasponer ese límite, tampoco lo quiso el electorado. La militancia dijo «hasta acá llegué». Una cosa es que la izquierda se planteara múltiples opciones y otra es que se ingresara al Partido Colorado; eso no es izquierda y ahí estaba el límite.
El Partido Colorado es la derecha, y ahora más que nunca eso es palpable.
Y la última ruptura fue a fines de 2001.
En realidad, no fue una ruptura.
En octubre hubo un congreso del Nuevo Espacio que decidió construir la victoria de 2004, con nuestras modestas fuerzas, y hubo compañeros que optaron por un camino diferente creyendo que los cambios que el país reclamaba se podían hacer en soledad.
En ese momento estaban en pugna dos concepciones: una, la de quienes pensaban que podían cambiar el país por sí solos, y la otra, quienes creíamos que el país lo cambiaba la izquierda, y toda la izquierda junta.
Los hechos te han dado la razón.
Ha habido tantos cambios desde el 2005 a hoy, que habrá que corregir y pulir, pero son tantos cambios…
Todo lo anterior a la victoria de 2004 parece francamente jurásico.
Cuando me acuesto y pienso que este año se terminan de repartir las 380 mil computadoras portátiles del Plan Ceibal, me digo que esto, sin el Nuevo Espacio, no se hubiera hecho.
En octubre de 2004 el N. Espacio obtuvo 90 mil votos, y el Frente ganó por nueve mil… Pero además, agrego que cuando veo los niveles de desocupación, que llegaron a 20 por ciento en 2002, y que cuando asumió el gobierno de Tabaré andaban por 14, y ahora estamos en seis o siete por ciento; cuando veo el nivel salarial, o los diez mil operados de la vista, o el plan de atención odontológica, o la baja de la pobreza y de la indigencia, yo digo: todo esto es obra nuestra, compartida, naturalmente, con Asamblea Uruguay, con la 738, con el MPP, con el Partido Comunista, con la Vertiente, con el Partido Socialista…
No teníamos fuerza para impulsar estos cambios solos.
Y ese cambio iba a ser siempre perfectible; pero la cuestión era entre optar por un cambio no puro, o quedarnos mirando cómo el país iba por otro derrotero.
Hay un tema en la campaña electoral que creo que es el caballito de batalla de la oposición: la inseguridad. ¿Qué opinión te merece la manera en que ha actuado el gobierno del Frente en ese tema?
Es un problema que existe y que no podemos soslayar; es una de las áreas más difíciles. Hemos tenido logros en lo que tiene que ver con la lucha contra el crimen organizado, en la violencia doméstica.
Hemos tenido logros en cuanto a los delitos complejos: no hay caso complejo que no se resuelva en pocos días. Hay un aparato de inteligencia que funciona eficazmente, por eso tenemos tantos delincuentes en las cárceles. Donde tenemos problemas es en la mezcla de adolescentes, pasta base y rapiñas.
Hablo del adolescente sin contención, que no mide riesgos, que en su adicción a la droga tiene urgencias y la única salida es robar para comprar otra dosis.
Ese es un problema complejo, que afecta a pequeños comerciantes, pequeños almacenes de la periferia.
Esos jóvenes no deben pasar de cuatrocientos, y sin embargo, tienen a la sociedad uruguaya con los pelos de punta.
¿Cómo se resuelve el problema?
Tenemos que defender a quienes a la postre resultan víctimas: el almacenero, el pistero de una estación de servicio, la señora que llega a su casa de nochecita y le arrebatan la cartera.
Tenemos que estar del lado de las víctimas, de los omnibuseros, de los taxistas, pero teniendo claro que el problema no se arregla a tiros.
Es un asunto delicado y complejo, pero debemos enfrentarlo con mucha cabeza, con inteligencia, con un personal policial mejor preparado.
La tarea preventiva no compete sólo a la Policía. Ahí entran a jugar el INAU, la educación.
Sí, sin duda. En ese sentido, las computadoras del Plan Ceibal son un gran aliado contra la droga; porque como son adictivas, de alguna forma es una adicción por la buena senda, y creo que muchos niños y niñas van a estar alejados de la calle porque van a poder estar en el mundo cibernético.
El problema de la minoridad infractora no se resuelve, como propone Larrañaga, sacando el Ejército a la calle o creando la Guardia Nacional, diciendo «les pasamos con los tanques por arriba».
Eso no es solución, y el lío que se puede armar es peor; se puede generar una brecha social más aguda.
Pero reitero: no debemos desatender a las víctimas.
Otro tema de campaña es la política impositiva. ¿A quiénes ha beneficiado la reforma tributaria? ¿Tiene razón Lacalle en impulsar la derogación del IASS e incluso del IRPF?
Ellos han puesto algunos ganchos electora
les para tratar de captar votos.
El 90 por ciento de los jubilados no paga IASS, lo que ha significado un alivio porque dejaron de pagar IRP.
Se podrá discutir si una jubilación de 20 mil pesos es alta o no lo es, porque es muy alta comparada con el promedio; se podrá discutir el mínimo no imponible, pero lo que no se puede discutir es que si una persona tiene una jubilación de 150 mil pesos, debe aportar algo para el Estado.
Eso es un tema central. Que los que tienen más paguen más es una concepción sana de la sociedad. Y lo que plantean los blancos es que los que tienen más paguen menos de lo que pagan ahora, y si es posible, nada; y que el que tiene menos soporte el peso del Estado por medio del IVA.
¿Falla el espíritu solidario de los uruguayos?
Hay sectores pudientes que no quieren construir y que empujan. Si el IASS se suprimiera, hay gente que va a dejar de aportar al Estado 30 mil o 40 mil pesos.
Ahora, si alguien aporta esa cifra, eso quiere decir que sus ingresos deben andar por los 200 mil o 300 mil pesos mensuales.
Y yo pregunto, esa persona, ¿no puede aportar algo a la sociedad? Nosotros no le pusimos impuesto a la renta a los que reciben rentas del exterior, que ya están gravadas en el país de origen, porque esa persona no recibe un «efecto Uruguay». Pero el que recibe dinero por las oportunidades que el país le ha dado parece lógico que aporte al fisco.
Los partidos tradicionales sostienen que el IRPF es un castigo al trabajo. ¿Qué les respondés?
La reforma impositiva uruguaya es dual: grava al capital y grava al trabajo de diferente forma, porque el capital, cuando se lo grava más, se va. Y el gravamen al trabajo es por franjas, con las primeras franjas exoneradas; y después, para los que ganan más, las franjas son progresivas.
Creo que ahora hay que pensar en bajar el IVA y llevarlo al 20 por ciento; y seguir bajándolo, de modo de aliviar a los de menos recursos.
Lo que hay que lograr es una combinación equilibrada de los dos tipos de impuestos, los directos y los indirectos.
Hay que estimular el ahorro productivo.
En Uruguay hay una cultura muy precaria sobre el ahorro en bonos, en acciones, que permitan el desarrollo productivo; y el desarrollo productivo requiere capital y trabajo.
¿Tú pensás que hay que desarrollar ese aspecto financiero?
Sí, aunque este gobierno promulgó una ley en ese sentido: la ley que modificó el proceso de concordato.
De modo tal que el concordato sea el último recurso, que lo importante sea salvar la empresa como unidad económica y que además pueda pagar todos los créditos que obtuvo.
En Uruguay, la costumbre siempre ha sido desguazar la empresa: me deben una plata, les embargo una máquina; y así se corta la continuidad de la línea de producción.
Así desindustrializamos el país, perdimos trabajo y mucha gente quedó sin empleo. Ahora, se habilitan mecanismos para que la empresa siga funcionando y mejore y pague a sus acreedores sin ser desmantelada.
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