Calderón, Zitarrosa y Benedetti
El presidente de México no se guardó nada en su discurso.
En los 20 minutos que habló hizo anuncios, agradeció, reconoció, homenajeó y hasta contó anécdotas personales.
Dijo que hay cosas en la vida que nunca se olvidan y en ese sentido agradeció la «solidaridad de Uruguay» para con México que «no aplicó restricciones al momento de la aparición del virus de la gripe A H1N1″.
También recorrió los nombres de los ilustres uruguayos que han sabido de la amistad y el resguardo mejicano.
Allí se detuvo en nombres como Eduardo Galeano, Mario Benedetti, Alfredo Zitarrosa y Carlos Quijano.
«Y voy a contar algo muy personal dijo, con mi señora hemos bailado al compás de un poema musicalizado de Mario Benedetti». La esposa de Calderón, desde el balcón de honor, correspondió el recuerdo del presidente con una sonrisa. Leve, frágil, casi crisálida.
Más adelante el mandatario azteca instó a nuestro país, en el marco de los Tratados bilaterales, a «luchar contra el flagelo de la droga», aunar esfuerzos en materia de política económica y destinar los máximos recursos en políticas medioambientales.
«Somos la raya dijo la frontera latinoamericana ante nuestros vecinos» y tenemos que fortalecer nuestra asociación estratégica con más diálogo y cooperación en temas comunes.
No podemos estar aislados, dijo, y subrayó que «Uruguay es un pueblo serio y comprometido».
En ese sentido, el presidente anunció que en poco tiempo más se restablecerá el mercado de exportación de carne uruguaya a su país.
Y ya culminando, como si se hubiese propuesto ilustrar su discurso político y económico, Calderón echó mano a unos versos del poeta, cantor y músico Alfredo Zitarrosa.
Pidiendo permiso ante la Asamblea Legislativa, el presidente comenzó diciendo «dice mi padre que ya llegará, desde el fondo del tiempo otro tiempo y me dice que el sol brillará, sobre un pueblo que él sueña labrando su verde solar».
Un apretado aplauso de toda la Asamblea General cerró su discurso.
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