Dari Mendiondo. Flamante presidente de la Junta Departamental de Montevideo

"Hay intendencias que ofrecen patente barata porque tienen bajo presupuesto"

En su confortable despacho presidencial, presidido por un gran retrato del general Líber Seregni, Dari Mendiondo responde a mis preguntas, reflexiona sobre tópicos diversos y desgrana recuerdos de su larga militancia.

-Has sido nombrado presidente de la Junta. A grandes rasgos, ¿qué funciones tiene el presidente?

-Además de presidir y dirigir los debates en los plenarios, tiene una responsabilidad administrativa. Es una especie de capitán de la nave, asistido por el secretario general y el prosecretario general adjunto, por lo que puede decirse que hay una dirección colectiva. También tiene que ver con la parte de personal, incorporación de nuevos empleados ­mediante sorteo y posterior concurso­ ya que muchos se han jubilado.

Y el primer presidente en democracia fue Héctor Grauert, hermano de Julio César. Otra figura notoria que presidió la Junta fue Tota Quinteros. Al salir de la dictadura, la Junta funcionaba provisoriamente en el ex edificio de la Embajada de EEUU, en la calle Agraciada, fijate qué paradoja… Cuando las manifestaciones del Primero de Mayo, cuando pasaban frente a la Embajada, siempre había problemas, ¿no? (Se ríe). Bueno, después se recicló el edificio nuevo, aquí al lado, donde están los despachos de los ediles y la sala de sesiones, que había sido la famosa Confitería del Telégrafo.

-Pasando a otro tema, ¿qué evaluación hacés de la encuesta sobre la percepción de la gente a propósito de la Junta?

-Sí, es preocupante que sólo un tercio de la población conozca la Junta y sus funciones, pero hay que valorar que nadie tiene una opinión negativa. Creo que el desconocimiento se debe a varios factores. En primer lugar, la descentralización promovida por Tabaré, que creó los centros comunales zonales, adonde concurre el vecino para averiguar, reclamar o tramitar muchas cosas. Antes venían a la Junta a plantear sus problemas. También hay que mencionar la creación de los ediles locales y de los concejales; entonces la población confunde un poco las funciones y piensa que la Junta Departamental no tiene importancia. Y finalmente está el defensor del vecino, y la gente no sabe qué esa figura es, precisamente, una creación de la Junta Departamental, y a quien se dirigen muchos reclamos que antes se efectuaban ante la Junta. Son fenómenos nuevos. Y tampoco hubo de parte nuestra, una acción tendiente a destacar nuestra función; parece que actuamos con demasiada modestia. Y por supuesto, en la medida que uno no aparece en televisión, la gente lo ignora. Hoy la televisión ocupa un lugar preponderante, y los canales no vienen a la Junta. Cuando asumí la Presidencia, no hubo prácticamente cobertura televisiva del acto, porque, claro, no hubo peleas, agravios, ni nada de eso que es lo que «vende» para la televisión. Pero en fin, esa es la realidad, y eso es el mundo actual. Gastón Silva me deja la responsabilidad de mejorar nuestra imagen y de hacernos conocer; tengo que ganarme no sólo a los ediles de mi partido sino, también, a los blancos y colorados porque se trata de la imagen de todo el sistema político.

-Entre las funciones de la Junta está la aprobación del Presupuesto municipal y la fijación de impuestos, contribución, patente, etcétera. ¿Por qué hay una diferencia tan grande entre los aforos para la patente de rodados en Montevideo comparados con otras intendencias, que hace que muchos montevideanos empadronen sus autos en otro departamento?

-Debemos partir de la base que el Ejecutivo aplica un programa pero está el papel que juega la oposición, que muchas veces contribuye a enriquecer las decisiones, porque el debate crítico también nos agudiza a nosotros la necesidad de no ser súbditos y a pensar qué es lo mejor para la población montevideana. De ahí surgió la reconsideración de las deudas y la necesidad de una amnistía o de planes de financiación para esas deudas por patente de rodados y otros impuestos. Cuando vino el presupuesto, nosotros, en acuerdo con la oposición, optamos por modificar ciertas cosas, y aprobamos las facilidades que le dieron a la IMM más de ocho millones de dólares.

Ahora, volviendo al tema de la patente, hay que tener en cuenta que el presupuesto de Montevideo es un presupuesto alto porque brinda servicios a 1.325.000 montevideanos. Tiene una superficie de 590 kilómetros cuadrados y una densidad de población de 2.255 habitantes por kilómetro cuadrado; en Tacuarembó son seis habitantes por km 2. Hay necesidades diferentes. En Montevideo tenemos una red de pavimento que hay que atender, tenemos una red de saneamiento que va a llegar, en la etapa cuatro, al cien por ciento. Somos la primera ciudad de América en saneamiento, y por algo ni el cólera ni el dengue llegaron aquí; no es casualidad.

-También inciden los sueldos.

-Es cierto que el Municipio tiene un porcentaje de más del 50 por ciento en sueldos. Pero hay entes del Estado que gastan un 60 por ciento de su presupuesto en sueldos. El problema no es lo que ganan los municipales, el problema es lo que no ganan los demás trabajadores. Los empleados municipales no son privilegiados, no; tienen una retribución justa, que tiene en cuenta el valor del trabajo. Eso nos diferencia de otros departamentos y de otros sectores públicos. Naturalmente que eso supone costos, pero es justo.

-Todo eso, según tu criterio, explicaría lo elevado del costo de la patente.

-Mirá, en Montevideo, todo es caro. Con excepción de Punta del Este, todo vale más que en otros departamentos. Yo soy del Interior, oriundo de Rivera, soy de la frontera, y lo que vale un kilo de azúcar en Rivera no tiene comparación con lo que cuesta en Montevideo. Y si hablamos del shopping de Salto, donde todo es argentino, o de las lanchas que cruzan el Uruguay con contrabando… Pero en Montevideo todo se encarece. Los salarios, los sueldos, son más elevados en Montevideo. Ahora, en cuanto a la patente, es muy difícil corregir las diferencias porque el Congreso de Intendentes no ha logrado unificar una patente única, y es así que tenemos Intendencias que pueden ofrecer una patente más barata porque tienen un presupuesto menor, menos obligaciones que Montevideo.

-¿Qué pasó con las «Marcas Urbanas», las marcas de la memoria?

-Tuvimos un problema en comisión, y luego en el plenario, ya que sectores que también lucharon contra la dictadura no se sentían representados en la selección que se había hecho. La nómina original fue parcial, no contemplaba todo el espectro social y político. El Frente Amplio estuvo de acuerdo en aprobar el proyecto original e ir luego a otras instancias para incorporar nuevos sitios, pero blancos y colorados insistieron en que se incluyeran todos los lugares vinculados con la resistencia. El problema se plantea porque el proyecto original, con 15 sitios, ya tenía financiación con el MTOP, por lo cual, todo lo nuevo que se incorpore implica un costo adicional. ¿Y quién se hace cargo de eso? La Junta Departamental no puede generar un gasto de ese nivel porque el Tribunal de Cuentas lo observaría; entonces sería la Intendencia la que debería afrontar ese gasto, y lo que se está debatiendo ahora en la Comisión de Nomenclatura es la viabilidad de que los sitios que se suman y que no estaban contemplados sean realmente concretados.

-¿Qué razones te llevaron a incorporarte al Nuevo Espacio?

-El Nuevo Espacio es un proyecto político con perspectiva de futuro. Integra la Internacional Socialista, tiene un emblema muy caro a quien se precia de demócrata, de combatiente, que se siente revolucionario: la rosa; que no es otra que la rosa de Rosa Luxemburgo. Pero además, el Nuevo Espacio tiene una raíz a la cual yo estoy muy unido, no sólo yo sino que también lo estaban Rodney Arismendi y Jaime Pérez, que es Zelmar Michelini. Zelmar nunca fue comunista ni afín al comunismo, pero al momento de definir la unidad de la izquierda, Zelmar fue el visionario que convenció a Juan Pablo Terra de que no habría unidad
de la izquierda en Uruguay si no estaban los comunistas. Ese es el mérito histórico de Zelmar, el «Pito» como le decían, y yo tuve que ver con eso, porque fui el que hizo entrar a Zelmar a la casa del Partido Comunista, en Sierra 1720, donde estuvo dos horas reunido con Jaime Pérez y con Rodney. Y de ahí salió la base del famoso documento que luego los Independientes lanzarían a la opinión pública. Después hubo la conversación entre Zelmar y Juan Pablo Terra, en la que Terra ofrece el lema Partido Demócrata Cristiano para que la izquierda pueda votar con sus sub-lemas pero unida. Algo realmente histórico y sin precedentes. Ahí estaba toda la izquierda, incluso el MLN por medio del Movimiento 26 de Marzo uno de cuyos dirigentes más notorios era Mario Benedetti.

Zelmar es inolvidable; su participación fue decisiva para poner fin a la huelga terrible de Ferrosmalt, en 1955, durante la cual murió María del Carmen Díaz. El, que era diputado de la 15, y Enrique Pastorino elaboraron la fórmula para terminar el conflicto. Y más cerca en el tiempo, recuerdo que Jaime Pérez siempre insistía en la necesidad de volver a traer a Rafael Michelini al Frente Amplio; y yo soy un continuador de las ideas de Jaime Pérez.

-¿Qué proyectos tenés para llevar adelante durante tu mandato?

-En 2024 Montevideo cumplirá 300 años. Es la única capital de América del Sur que estuvo bajo la dominación de cinco naciones: España, Portugal, Inglaterra, Argentina (Provincias Unidas del Río de la Plata) y el Imperio del Brasil. Las murallas y la Puerta de la Ciudadela que conservamos es un símbolo de la lucha por la libertad. Es única, y de ahí provienen los rasgos psicológicos del montevideano: belicoso, demócrata, luchador, aguerrido, discutidor, anárquico… Y creo que la murga es una expresión cabal del espíritu montevideano, ese pueblo que se divierte, que lucha, critica y combate.

Y para celebrar el 300 aniversario, se está creando una comisión calificada presidida por la Junta Departamental e integrada por la IMM y el Ministerio de Cultura, que propone hacer un gran acto anual, de aquí al 2024, en distintos sitios emblemáticos de la ciudad como forma de ir preparando el gran jubileo final. Como si fuera una Llama Olímpica que va quedando en cada uno de esos lugares. Tal vez yo no llegue al 2024, pero lo viva o no lo viva, lo importante acá es la iniciativa de promover una verdadera fiesta popular.

 

UN POCO DE HISTORIA

-¿Y este edificio donde está la presidencia a quién pertenecía?

-Este es un edificio neoclásico decadente, según la calificación de los entendidos, que fue construido por Francisco Gómez hace 120 años. Tiene un mirador hermosísimo que deberemos restaurar. Se dice que Gómez lo hizo construir para un casamiento que nunca se realizó. Hacia 1890 fue adquirido por el Estado y pasa a propiedad pública. Por entonces el gobierno municipal funcionaba en el Cabildo, y a comienzos del siglo pasado se crea la Junta Departamental y el cargo de Intendente, bajo el gobierno de Claudio Williman, y la Junta pasa a funcionar aquí.

 

TRAYECTORIA POLITICA

-¿Cómo empezó tu carrera?

-Fui electo edil en 1966 por la 1001 en la línea de suplentes de Jaime Pérez, y cuando Jaime fue a Diputados, quedé de suplente de Luis Tourón. En el 89 fui electo edil suplente de Ramón Cabrera y después volví a la Junta en el 94. Caí preso el 20 de diciembre de 1975, en plena campaña represiva especialmente contra el Partido Comunista y en pleno repliegue. En el 73 el Partido me propuso encargarme de la Secretaría de Organización Clandestina del Partido en Montevideo, cargo que asumí por dos años, hasta que caigo preso y salgo en febrero del 85, casi 10 años preso. Después, me reintegré al Partido de cuyo Comité Central fui miembro durante 25 años.

 

LIBERADO GRACIAS A LA JUNTA

-El presidente es elegido por sus pares, ¿es así?

-Sí, y dura un año en sus funciones. Yo estaré hasta el año que viene, cuando se cumplen cinco lustros de actividad de la Junta en democracia; no te olvides que las Juntas fueron disueltas con el golpe de Estado. El presidente se elige por mayoría simple, pero siempre se buscan consensos. En el caso mío no se logró porque el Partido Colorado pretendía tener la primera vicepresidencia y no aceptó la segunda que le habíamos ofrecido. Pero dejame contarte una anécdota. Yo había sido electo edil para el período 71/76, que no llegué a cumplir por el golpe, y cuando se instaló la nueva Junta en el 85, todos los ediles por unanimidad exigieron la liberación de dos de los ediles electos en el 71: Luis Tourón y yo, que fuimos liberados gracias a esa gestión el 14 de febrero de 1985. Allí nos recibió, entre otros, Rafael Michelini, edil electo por el Frente Amplio.

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