Luis Alberto Heber. Reconocimiento del liderazgo de Lacalle y puesta al día del Herrerismo

"Centro del espectro político pasa por el medio del Partido Nacional"

En esta entrevista conversamos sobre la Ley de Caducidad, sobre Wilson Ferreira, sobre las empresas públicas, sobre la interna frentista y sobre la ubicación del Partido Nacional en el espectro ideológico.

La charla discurre en su despacho del Edificio Artigas, sobre cuyas paredes lucen retratos de Luis Alberto de Herrera ­abuelo del actual candidato presidencial­ y de Wilson Ferreira Aldunate. Amable y sonriente, responde a mis preguntas con su voz grave y, aunque por momentos se apasiona, jamás pierde la calma. Bolsilludo de alma, no oculta su euforia por el campeonato obtenido por Nacional.

 

-Supongo que ha de estar contento no sólo por el triunfo de Nacional, sino también por el resultado de las internas.

-Estoy feliz: el partido mostró cohesión, solidez; los dos candidatos mostraron desprendimiento, no hubo condiciones. Esto es muy importante: acá no hubo reparto de cargos ni de ministerios.

 

-Pero si vemos el panorama de hace un año, las cosas no estaban muy claras dentro del Herrerismo, ¿no?

-Hace un año nosotros creíamos que Lacalle no le podía ganar a Larrañaga. Pero en la medida que empezamos a recorrer el país, buscando una alternativa porque Luis Alberto había dado un paso al costado, vimos que la cosa era diferente. Yo entendía (y se lo dije a él) que Luis Alberto no podía triunfar en las internas, pero lo más importante es que yo fui sincero con él porque creía realmente que no podía remontar el dos a uno de Larrañaga. Con la misma sinceridad, después de seis meses que estuve recorriendo el país y hablando con los dirigentes y con la gente en general, todos me decían que el candidato tenía que ser Lacalle; que yo era muy buen tipo, (se ríe) que era un buen senador, pero que el hombre era Luis Alberto. Ese mismo verano fui a verlo a su casa y le dije: «Mirá, Luis Alberto, recorrí el país, y la gente quiere que seas tú y cree que tú podés ganar». La candidatura de Lacalle nace de abajo, no de un círculo de dirigentes ni de un capricho de él. Eso demuestra que cuando hay un proceso de discusión interna en la que yo no soy alcahuete de nadie y digo lo que pienso, me puedo equivocar. Y me equivoqué en esa apreciación, porque nosotros habíamos hecho estudios que nos decían que Luis Alberto era incapaz de remontar la diferencia. Por supuesto que no es muy agradable para una personalidad como Lacalle decirle que él no era el mejor candidato.

 

-¿Y qué nombres manejaban ustedes?

-Bueno, estaba yo, estaba el Cacho Vidalín, estaba Juan Chiruchi. Pero cuando recorrí el país ­por primera vez como posible candidato­ la gente me decía con mucha sinceridad que también agradezco: «tú sos un buen senador, tenés un futuro, pero en esta elección el mejor candidato es Lacalle». Y ahí decidí bajarme de la candidatura, porque la gente sabe más que nosotros, siempre fue así.

 

-En la Asamblea General que hubo el año pasado para tratar la inconstitucionalidad de la Ley de Caducidad, recuerdo que, si bien acompañó a su bancada, tuvo unas palabras que en cierto modo mostraron un ligero cambio respecto de la impunidad.

-Sí, yo dije que desde el 89 hasta hoy habían surgido nuevos hechos. Pero me consta que la Ley habilita al presidente a excluirlos de la caducidad. Yo creo que la gran virtud de la Ley de Caducidad es que pone en manos del presidente la potestad de dictaminar qué casos están comprendidos y cuáles no.

Creo que Vázquez ha aplicado bien la Ley; no tengo cuestionamientos a la aplicación que ha hecho el gobierno. En el momento que votamos la Ley de Caducidad, no sabíamos de las operaciones de exterminio ni los secuestros de niños, por plata (pone énfasis en esto)… Es un horror, yo lo desconocía. Suponía que los vuelos militares a Buenos Aires eran para salvar a compatriotas, y no para traerlos y exterminarlos. Siempre creímos que había sido una dictadura muy dura, se hablaba en aquel momento de 28 desaparecidos en Uruguay, pero nunca la locura que había pasado en Argentina… Pero no, locura hubo acá también. Entonces, la Ley de Caducidad surgió como un intento de reconciliación válido, porque la otra alternativa era la del Partido Colorado, la de una amnistía, y yo creo que los militares no merecían una amnistía.

 

-Volviendo al presente, ¿qué elementos del wilsonismo tiene el programa del Herrerismo?

-Es una buena pregunta. Yo creo que «Nuestro Compromiso con Usted» es un programa revolucionario para la época. En aquel tiempo el mundo se encerraba, no era un mundo abierto, y entonces había que pensar en reformas lógicas para la época. No creo que sea trasladable a los tiempos actuales. El Partido Nacional no proponía en la década del 20, del siglo pasado, lo mismo que proponemos ahora. No podemos ser coherentes al punto de decir siempre lo mismo porque el mundo no es igual. Cuando Wilson propuso aquel programa, el mundo era bipolar. Cuando Lacalle asume en el 90, el mundo es unipolar, se cae el muro y se cae todo el socialismo real salvo islas que quedan actualmente, o continentes como China pero que de comunismo tiene muy poco. Entonces, creo que uno tiene que ser hijo de su tiempo, ¿no? La de Wilson fue una propuesta revolucionaria, y yo digo que la virtud del Partido Nacional es ser siempre revolucionario.

 

-La propuesta privatizadora de Lacalle fue rechazada incluso por sectores del Partido Nacional.

-Sí, sin duda. Yo digo que a veces el medio del espectro político pasa por el medio del Partido Nacional. Cuando el plebiscito de la Ley de Caducidad, teníamos la mitad del Partido a favor del voto amarillo y la otra a favor del voto verde, lo que confirma que somos un partido de centro.

 

-Pero en realidad, quien se proclama de centro es Larrañaga; Lacalle nunca se dijo de centro…

-Ahí empezamos a afinar el lápiz… centro izquierda o centro derecha, ¿no? Somos centristas, son matices, ¿verdad? Yo creo que Jorge tiene una impronta wilsonista muy clara, muy aggiornada; yo también soy wilsonista, yo grité por Wilson hasta enronquecer, y tampoco lo voté, igual que Luis Alberto.

 

-En entrevistas a dirigentes de todos los partidos he notado una coincidencia en cuanto a que el próximo gobierno deberá ser de consensos y de búsqueda de acuerdos interpartidarios.

-Yo también coincido en eso. Yo creo que debemos establecer cuatro o cinco temas en los que tenemos que ponernos de acuerdo, y dejar que corran los matices. La tendencia política en los sesenta era ir hacia los extremos dejando una gran zanja en el medio; en el Partido teníamos la candidatura de Aguerrondo y la de Wilson. No había lugar para el centrismo. En cambio, después de la apertura democrática, todos nos disputamos el centro. Cuando Mujica trae a Astori, es porque quiere disputar el centro; cuando Lacalle trae a Larrañaga, es porque queremos disputar el centro, y nos andamos pechando. Y eso trae una virtud al sistema político y es que las propuestas no son radicales, que no hay enfrentamientos de dos proyectos diametralmente distintos. Las políticas macroeconómicas de este gobierno no están lejos de las nuestras… La diferencia puede estar en el IRPF, pero hay que afinar el lápiz para hallar los matices.

 

-Y en ese contexto de búsqueda de coincidencias, ¿cómo ve lo que dijo Lacalle respecto de los inversores?

-Hay que tener en cuenta que Mujica es una personalidad muy especial, y creo que Astori se va a esforzar para contener las manifestaciones de Mujica. Fíjese que un día dice que va a instalar una Constituyente para poner en tela de juicio el derecho de propiedad, y al otro día va a la Bolsa y dice que tenemos que privatizar las empresas mediante acciones en la Bolsa de Valores… Entonces, el Frente tiene un candidato muy especial, que no tiene casillero: un día aparece muy de izquierda, y al otro nos deja a nosotros más a la izquierda (se ríe). Por eso aparece Astori diciendo «tenemos que tener un solo discurso en base al programa de gobiern
o», tratando de alinear a su candidato. Mujica es bueno sorprendiendo, pero no puede sorprendernos a tal punto de un día decir que el Ministerio de Economía tiene que ser manejado por la derecha, lo que llevó a Astori a responderle con manifestaciones que, por supuesto, las vamos a usar en esta campaña para señalar las contradicciones internas que surgen de proyectos distintos dentro del Frente.

 

-Bien, pero no me respondió qué le parecieron las declaraciones de Lacalle llamando a no invertir hasta fin de año.

-Nosotros decimos que hay decisiones, que ahora está tomando el gobierno, que generan incertidumbre para los inversores. Lo que dijo Lacalle es que un abogado de una empresa que piensa invertir acá, va a aconsejar a su cliente que espere, porque el anuncio de que se va a convocar a una Asamblea Constituyente para acotar el derecho de propiedad, es algo que un abogado debe advertir a su cliente.

 

-Pero lo que pasa es que Lacalle no es abogado de una empresa inversora; es un candidato.

-No, claro; pero él dijo «si yo fuera abogado de un inversor»…

 

-De todos modos, ¿no sonó un poco antipática esa advertencia?

-Pero los inversores no vienen a consultarnos a nosotros; vienen a consultar a estudios de abogados para ver cómo es el Uruguay. Y esos abogados les van a decir: «Hay una fuerza política que se mantuvo muy bien en estos cinco años, que tuvo mucha continuidad, que dio certezas y que llevó a niveles de inversión récord en el país y en América, pero que ahora, en su nueva propuesta está trayendo un proyecto de convenios colectivos que los industriales ven como una especie de cogestión, y además, piensa discutir el derecho de propiedad». Ni en China está en juego el derecho de propiedad, y acá volvemos hacia atrás.

 

-Volviendo a los posibles acuerdos interpartidarios, ¿no le parece que hubo intransigencia cuando fracasó la participación de la oposición en los entes?

-Nosotros creíamos que al asumir el Frente empezaba un nuevo tiempo, y no fue así; no fue así por falta de entendimiento y por el emplazamiento del gobierno.

 

-Aún así, ¿no hubo intransigencia de parte del Partido Nacional?

-Yo creo que no. Habría sido mucho mejor para el gobierno de Vázquez que hubiéramos estado. Si hubiéramos tenido un director blanco en Ancap, no estaríamos ahora pidiendo informes sobre los balances de ALUR.

 

-Pero el Partido Nacional podría haber aceptado tener un solo representante en el BROU y en ANEP…

-Eso fue un capricho de Astori, que estaba muy soberbio en aquel momento, y lo obligó a Vázquez, porque Vázquez le había dado a Nin la potestad de acordar y Nin había acordado con Larrañaga y ya habíamos anunciado los nombres nuestros, hasta que vino Astori a exigir cuatro cargos. Y nosotros no queríamos una figura decorativa: queríamos ejercer un verdadero control, y si no, nada. Fue un capricho de Astori que encerró a Vázquez.

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