La "corporación" Fucvam se desnuda
«Una huelga de hambre es una actividad de resistencia pacífica para forzar a la autoridad correspondiente a cumplir con alguna exigencia de tipo reivindicativo o eliminar algunas reglas o norma que es considerada ilegítima por quien realiza esta forma de protesta.
Es una forma de protesta de carácter pacífica, una expresión de no violencia para evitar el uso de armas al manifestar un descontento social», se lee en las primeras líneas de wikipedia.
Esta definición se puede aceptar o no, pero lo que no se puede es entenderla o justificarla si no se la ubica dentro de un determinado contexto histórico, en el cual como siempre lo que importa es si esa huelga de hambre ayuda o no a hacer avanzar a los pueblos en su proceso de acumulación de fuerzas que tiene como fin la pública felicidad.
Ayer amanecimos todos con el principal titular del diario El País, el matutino histórico de la derecha (el de la dictadura), alentando la huelga de hambre promovida por Fucvam (cooperativas de vivienda) en plena veda electoral y a pocas horas de que se realicen las internas de los partidos políticos de nuestro país, cuando también importa saber qué lema partidario es el que más cosecha apoyo ciudadano, porque eso puede influir en el resultado de las elecciones nacionales del próximo octubre.
Acá el problema no es si es pacífica o si emplean las armas para conquistar algunas reivindicaciones, que en este caso pueden ser de alguna manera justas, sino lo que importa es si ayuda o no a que el proyecto histórico del pueblo uruguayo, que es de raigambre artiguista, siga desarrollándose sobre la base de la conquista de un segundo gobierno del Frente Amplio.
Otra vez la izquierda uruguaya vuelve a ser contaminada por la enfermedad infantil del izquierdismo, como alertó Lenin, en el que un grupo de ciudadanos que lucha, quizás con justicia, por sus propias reivindicaciones, no comprende que las soluciones particulares y corporativas tienen que ver con el avance del proceso global de la unidad del pueblo y del desarrollo de su gobierno.
Fucvam ha cometido un grave error con la huelga de hambre instalada, antes de las elecciones internas. Mucho más grave sería si esto se repite antes de las elecciones nacionales, lo que seguramente solo termine favoreciendo a las conducciones derechistas de los partidos tradicionales –Lacalle, Bordaberry– y a sectores ultrarradicales expresados en Asamblea Popular y otros, quienes creen que el amanecer de la patria sólo pasa por el fracaso del progresismo, del Frente Amplio, de la histórica alianza de la izquierda con los sectores democráticos y progresistas provenientes de los partidos tradicionales que se han encolumnado detrás de Tabaré Vázquez, en 2004, y que ahora lo harán junto a José Mujica, Danilo Astori y Marcos Carámbula.
La ultraizquierda sectaria y fundamentalista fue, en el caso de Chile, la principal aliada del golpismo del capital financiero internacional y del imperialismo estadounidense, que junto a la derecha chilena y a Pinochet ahogó en sangre al proceso transformador, de izquierda y socialista, del presidente Salvador Allende.
El Frente Amplio tiene que pararse firme ante la «Corporación» Fucvam, por más que la vieja Fucvam haya sido factor importante en la lucha contra la dictadura y su posterior derrota.
Pararse firme quiere decir muchas cosas, pero fundamentalmente es educar al pueblo a que en los procesos de acumulación de fuerzas no vale todo, sino que los métodos de lucha y la oportunidad de su empleo son parte fundamental de la propuesta política y programática.
Las huelgas de hambre, por más que no expresen la violencia de las armas, manifiestan que si están fuera de contexto pueden provocar un nuevo tipo de violencia y de desestabilización del clima democrático.
Una cosa era Gandhi haciendo huelga de hambre para lograr la independencia de la India y otra muy distinta es hacer una huelga de hambre en la puerta de este Poder Ejecutivo, que de forma permanente y sistemática ha estado del lado de los más humildes y que le puso futuro a un país que iba al desastre antes de 2004.
Si la «Corporación» Fucvam quiere seguir teniendo como aliado a El País, a Luis Alberto Lacalle, a Jorge Larrañaga y a Pedro Bordaberry, aunque con estos aliados las viviendas que crecen desde el pie pasen a ser productos de un tiempo pasado, que lo hagan y lo expliciten.
Así todos sabemos de qué lado está cada uno. Si se equivocaron, siempre hay tiempo para pedir perdón. Y también para perdonar.
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