Danilo Astori. Consideró que su candidatura ofrece "grandes posibilidades de ganar en primera vuelta y gobernar"

"Somos la izquierda que la derecha teme"

También dijo que ese respaldo aporta «un valor fundamental en la sociedad uruguaya de hoy que es la confianza». Astori respondió en los últimos días un cuestionario que le remitió LA REPUBLICA, durante su internación en el Casmu Nº 4, antes que fuera dado de alta.

 

­Usted ha dicho que este período le ha servido para «ver la política de forma más humana». ¿Podría explicitar más que quiso decir con esa expresión?

­Cuando en la vida se llega a estas situaciones, todas las cosas, inclusive la política, asumen otras dimensiones, se miran desde otra perspectiva. Si para algo me sirvió este período de encierro y de reflexión obligada es para ir a buscar las causas, las motivaciones primeras y más profundas de mi participación en la política.

Además, cuatro años en el gobierno nos da grandes lecciones, aprendemos mucho, en todo sentido, pero también tenemos un poder de decir sí y no a tantos temas, en particular en el Ministerio de Economía, que se corre el riesgo de creerse omnipotentes. Son los peligros del poder. Cuando ahora todo se ve tan relativo desde esta situación en la que me encuentro, todo se vuelve más humano.

Y aprendí mucho compartiendo con este grupo que por las vueltas de la vida nos hizo coincidir en el sanatorio. Los pacientes que libran una batalla similar o más difícil que la mía, los médicos, las enfermeras y enfermeros, el personal. Es una experiencia muy compleja y que marca mucho. Ni la mejor literatura, ni el cine ­que me emociona y me apasiona­ logra expresar todo lo que se vive aquí adentro.

 

­Usted dijo que cuando retome la campaña lo primero que hará será confrontar con la derecha ¿Desde qué perspectiva será esa confrontación?

­Nosotros estamos confrontando con la derecha desde el primer momento, entre otras cosas porque la derecha ha centrado sus baterías durante todo este gobierno en la política económica y social y en particular en la reforma fiscal. Y como consideramos que la economía desde la derecha o por la derecha, y la política y sobre todo las sensibilidades sociales desde la izquierda constituyen un error muy grave, tenemos que defender el corazón de la conducción de este gobierno. Y eso es confrontar con la derecha.

Además, reitero lo que ya he dicho. Lo peor que le puede pasar a este país es la restauración de la derecha, y ese es el objetivo central no sólo de los partidos tradicionales, blancos y colorados, sino del bloque social conservador, de sus corporaciones y del poder mediático tradicional. Los números y las comparaciones son abrumadores. Por eso somos la izquierda que la derecha teme.

 

­En varias oportunidades se ha destacado la labor del gobierno y la importante adhesión popular que tiene la administración Vázquez. ¿El Frente Amplio gana las elecciones con cualquiera de los tres candidatos que presenta?

-No, no lo dicen así las encuestas, no sólo en su lectura primaria sino en una lectura un poco más a fondo y por lo que recogí en mis giras por el país, no lo percibí así en la gente. Todos somos frenteamplistas convencidos y con las mejores intenciones y todos luchamos por el triunfo en octubre. Lo que me parece es que mi candidatura, que tiene el apoyo de la mayoría de los partidos que forman el Frente Amplio, que asegura una adecuada pluralidad y equilibrio en la distribución de las fuerzas y que aporta un valor fundamental en la sociedad uruguaya de hoy, que es la confianza, ofrece grandes posibilidades de ganar en primera vuelta y de gobernar.

Ahora tengo más tiempo para leer las encuestas y hay un dato en el que coinciden todas las últimas mediciones. No todos los candidatos del Frente tenemos las mismas posibilidades, levantamos las mismas resistencias y por lo tanto tenemos las mismas posibilidades de ganar las elecciones. Eso es cada día más claro. Y las encuestas hay que leerlas completas, para después no tener sorpresas.

En definitiva será el pueblo frenteamplista quien decidirá. Hasta el 28 de junio hay tiempo de pensarlo y valorar todos los elementos. Después no hay retorno.

 

­¿Una fórmula presidencial frenteamplista sin usted, le da ventajas a la oposición?

­Esta es una forma elegante de plantear el mismo problema de siempre. También en este tema trato de ser coherente. Hasta el 28 de junio yo voy a concentrar todas mis fuerzas en ganar las elecciones internas y como sé que todos los compañeros están en lo mismo no voy a especular con fórmulas. Además considero que el debate debe ser sobre contenidos. Sobre la política y su relación con la vida concreta de la gente y con sus sueños y aspiraciones.

Soy consecuente con mi visión de que el principal capital del Uruguay del 2009 es la confianza, es nuestra materia prima más valiosa. No cotiza en Bolsa, no tiene precios internacionales, pero todo está edificado sobre la confianza y la confianza se consigue, se afianza y se incrementa con propuestas y contenidos serios, optimistas y responsables y con un proyecto de país. Ese fue el gran diferencial de la izquierda y ese debe ser también un diferencial de nuestra campaña electoral.

 

­¿Cómo observa la encuesta de Factum que sostiene que 52% de los uruguayos preferiría que usted fuera presidente?

­Ese dato, que no se resalta en los medios, se suma por ejemplo a otras encuestadoras que por diversas vías llegan a la misma información. Por ejemplo, en cuanto a los niveles de rechazo, o a los saldos de simpatía y antipatía. Y son datos recientes, cambios que se han producido en las últimas encuestas.

Eso también forma parte del panorama político, aunque los grandes medios lo ignoren.

Es una respuesta a muchas interrogantes electorales.

 

­¿Es descontable la ventaja que hoy le lleva Mujica en las encuestas? ¿Cómo?

­Obviamente considero que todo se define el 28 de junio, por lo tanto la respuesta a esta pregunta está implícita en esta afirmación. En las campañas electorales pesan muchos factores. Mi posición ha sido una desde el principio y voy a insistir en ese mismo camino: hacer propuestas serias y con fundamento, no como ideas aisladas sino como parte de un plan de gobierno dentro del Programa del Frente Amplio y, especialmente, en el marco de un proyecto nacional.

En lo fundamental, se trata de ofrecer la continuidad en el cambio, una política social y económica probada y que ahora se propone grandes metas, como la generación de otros 200 mil puestos de trabajo, un nuevo crecimiento del 30 por ciento de la producción nacional, una más profunda y justa redistribución de los frutos de ese crecimiento, sacar a otros 350 mil uruguayos de la pobreza y eliminar la miseria. Compromisos que asumimos desde el inicio mismo de la campaña y que los diferentes actores políticos se han cuidado mucho de discutir, de criticar, de polemizar.

Si alguien quiere que el presidente haga huelga de hambre, o que anuncie peleas con los sindicatos y diversos sectores de la sociedad tiene todo el derecho. En ese caso que no me vote en absoluto. Yo sería un presidente correcto y coherente y no me voy a disfrazar.

 

­Usted insistió a lo largo de la campaña que el 28 se elige el presidente de la República ¿Tiene en mente a su equipo de gobierno? ¿Puede revelar alguna figura que si o sí integraría un gabinete suyo?

­Ya dije que no voy hablar de cargos. Sí puedo decir que he sido un frenteamplista durante toda mi vida y que en el Ministerio de Economía he dado testimonios claros acerca de la posibilidad y la necesidad de armar equipos plurales con una adecuada representación política y técnica, incluso incorporando a los mejores servidores públicos, que hicieron un gran aporte, como por ejemplo en la administración tributaria y en la administración de la deuda pública. Es por todas estas razones que, desde este punto de vista, no necesito tranquilizar a nadie.

 

­¿Cuál sería la suerte del Uruguay si el próximo gobierno fuera del Partido Nacion
al?

­Sería la restauración de un pasado fracasado y doloroso. Y no lo digo yo, lo dicen ellos, con muy pocos matices. Su programa en esta campaña se puede resumir en una frase: deshacer las cosas fundamentales que hizo el gobierno progresista. Incluso con algunas ideas que son fracturas expuestas: volver a la dependencia del Fondo Monetario Internacional, la plaza financiera y anular la reforma fiscal, eliminar la reforma de la salud y las principales leyes sociales.

Es retornar al pasado, a las mismas políticas fracasadas que llevaron al país a su crisis estructural y a su profundo estancamiento. En el plano inmaterial es poner en peligro la confianza que hoy el país siente en sí mismo.

 

­¿Cómo piensa financiar las 30 medidas de gobierno que su equipo de asesores anunció en el cine-teatro Plaza?

­Esas medidas se analizaron y se seleccionaron porque se integran a dos elementos básicos: el programa del Frente Amplio y nuestra experiencia de gobierno; sus costos están estimados y son plenamente posibles. Obviamente, como parte del crecimiento del país, de una política económica y social coherente y responsable y profundamente de izquierda y de una actitud de confianza en que el país no debe arrugarse frente a la crisis, debe salir hacia delante. Y volvemos a lo mismo: para eso se necesita confianza, de los inversores, de los empresarios, de los trabajadores, de las familias, de la sociedad en conjunto. Lo sintetizo en una meta: lograr durante el próximo período un nivel de inversión productiva equivalente al 23 por ciento del producto nacional. Durante este gobierno duplicamos el nivel histórico de inversión en el país, pasando del 10 a 19 del producto. Podemos.

­Usted insiste en que la educación es el principal pilar para tener un país productivo con justicia social. ¿Cómo pretende mejorar la calidad y los resultados que hoy arroja el sistema educativo?

­Partimos de dos comprobaciones básicas: la primera es que el trabajo y la educación son la clave de las políticas sociales y del proyecto nacional también en el plano productivo. Y la otra, es que no hay proporción entre lo que la sociedad uruguaya está invirtiendo hoy en educación, el presupuesto más alto de su historia, mil quinientos millones de dólares, y los resultados que obtenemos. No todo es igual, pero necesitamos un cambio profundo en todos lados, y en particular en los liceos y en la UTU y todo el sistema de formación profesional. La referencia en estos casos deben ser los estudiantes, los escolares y sus niveles de aprendizaje, esa compleja y maravillosa combinación entre formación para el trabajo, para darles mejores oportunidades laborales y por otro lado la educación universal, con un amplio sentido humanista y de valores democráticos y de sensibilidad cultural.

Esa tensión se dio en los grandes momentos de nuestra educación y hoy tiene un gran déficit.

Hay que aplicar la reforma educativa y tener una visión muy crítica, seguir muy de cerca su impacto y sus resultados. Es una batalla institucional pero es también una profunda batalla cultural. Asumamos que tenemos retrasos importantes.

 

­Usted señaló que en el próximo gobierno el Ministerio de Economía tendrá que tener una participación importante para mejorar la seguridad pública ¿Qué incremento presupuestal le va a otorgar a la mejora del sistema carcelario?

­Todas las cosas de un gobierno se basan en tres pilares: la voluntad política y de liderazgo, que debe poner todo el gobierno y que aportó Tabaré, la capacidad técnica y de gestión y los recursos financieros necesarios. Sin eso todo queda en buenos deseos.

La seguridad será una prioridad en el próximo gobierno, es un reclamo de la sociedad. No sólo hay que invertir en cárceles. Apunto aquí que se criticó mucho la gestión de la seguridad en este gobierno, pero nadie invirtió tanto y nadie se encontró con un panorama tan desolador a nivel de todo: sueldos policiales, tecnología, cárceles y nadie, ningún gobierno, llevó tantos presos y logró la condena de tantos delincuentes, e incautó tanta droga y desarticuló tantas bandas de traficantes.

Y sin embargo sabemos que debe ser una prioridad en el próximo gobierno, hay que invertir en capacitación, en nuevas tecnologías y en servicios científicos y de vigilancia, en inteligencia y en una cobertura territorial diferente, y en cárceles. Y lo haremos, de eso pueden estar seguros. Hay que rediseñar desde la raíz todo el sistema de cárceles y de rehabilitación de los presos, desde el trabajo y la educación.

 

El programa del FA es uno solo, pero habilita a que quién lo aplique pueda introducir iniciativas que no estén incluidas en ese documento programático, un claro ejemplo es el Plan Ceibal ¿Podría destacar una iniciativa que a usted le gustaría implementar?

En esta campaña incluimos muchas propuestas: extender el Plan Ceibal a los estudiantes liceales y de la UTU, incorporar a los jubilados al sistema nacional de salud, implementar el plan de escuelas comunitarias, el shock educativo a través de becas, el Plan de desarrollo metropolitano integral y el plan de desarrollo de la zonas Litoral Norte, de toda la zona costera y del Oeste de Montevideo. Para mencionar sólo algunos.

­Respecto a los cuestionamientos que ha hecho la Federación Rural en su último discurso en la ciudad de Mercedes ¿Qué opina?

­Todos defendemos en el Uruguay el derecho a opinar libremente, aquí no callamos a nadie, pero quien opina con tanto desparpajo y con tanto sentido de clase, criticando el plan Ceibal o el Plan de Emergencia y no se animaron a criticar las leyes sociales de protección de los trabajadores rurales, tiene que asumir que recibirá las respuestas adecuadas. La democracia funciona en ambos sentidos.

Y coincido con las respuestas que le han dado el gobierno y el Frente Amplio. Lo que confirman esas declaraciones es que el proyecto restaurador no viene sólo de los partidos tradicionales, sino de sectores corporativos que a pesar de los mejores resultados obtenidos por el campo en muchas décadas, privilegian una visión ideológica.

­Sobre el secreto bancario, ¿Uruguay debería encaminarse hacia una flexibilización de sus normas?

­Comencemos por definir bien el problema. Aquí no está en discusión el secreto bancario, sino fundamentalmente el secreto tributario. Hay una verdad conceptual: los países ricos necesitan recaudaciones fiscales extraordinarias y no quieren que se les escape nada y por eso quieren imponer en el mundo una determinada estructura de control. Son casi los mismos que liberaron de todas las supervisiones a los bancos, a los especuladores, a los que llevaron al mundo a la peor crisis en medio siglo. Desde el punto de vista filosófico, de una visión integral del mundo, me opongo a este sistema de trasladar los problemas a las víctimas y dejar indemnes a los victimarios. Es inaceptable.

El Uruguay tiene leyes transparentes que cambiaron muchas cosas en este gobierno. No es un paraíso fiscal, tiene mecanismos judiciales para levantar el secreto bancario, eliminó las Sociedades Financieras de Inversión, es reconocido a nivel internacional como uno de los países más exigentes en materia de lavado de activos y como siempre, y en el marco del adecuado equilibrio entre soberanía y cooperación internacional, estaremos dispuestos a discutir cambios razonables.

Otra cosa es que alguien sueñe en transformarnos en una provincia fiscal de otro país. Eso no sucederá.

­¿Qué acciones prioritarias adoptaría en lo inmediato en materia del combate a las drogas?

­Ya hay un plan en marcha, con excelentes resultados y con experiencias muy buenas. De allí debemos partir, pero también debemos asumir que la pasta base y las redes de tráfico han impactado de una manera devastadora en la sociedad uruguaya y sobre todo entre los jóvenes y los más humildes. Eso no se resuelve sólo ni principalmente con prepotencia. Requiere un abordaje integral desde
el Estado, desde la sociedad y desde la academia.

No hay soluciones fáciles y rápidas, hay soluciones profundas, serias e integrales. Esa es nuestra orientación y nuestra prioridad. Un proyecto nacional como el nuestro es incompatible con altos niveles de tráfico de droga. Esa sería una derrota de toda la sociedad, una profunda regresión. Estoy de acuerdo en que el combate a la pasta base hay que tratarlo como un tema especifico y no solo como parte del combate general al tráfico de drogas y eso vale en las metodologías, en la concentración de esfuerzos y en la legislación. Hay que endurecer todo y hay que involucrar en esta batalla a toda la sociedad. Es un flagelo.

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