"La principal forma de propiedad es el conocimiento"
Anoche Fernández Huidobro decía que usted no es un advenedizo en la política y, probablemente, haya pocos políticos en esta campaña que hayan estado en dos gobiernos, el actual y el del Partido Nacional de 1958.
Sí aquello fue un terremoto después de cien años y pico de gobierno del Partido Colorado. Había una serie de lugares comunes ya a esa altura, que repetía la gente común, en el acervo popular, cuando hablaban de la izquierda. «No, ustedes nunca van a gobernar y los blancos tampoco porque no saben robar. Acá los que saben robar son los colorados». Es decir, robar sin hacer escándalo, eso es lo que querían decir. Otro dicho un poco cínico, propio de aquel país de la cola de paja, cuando las cosas andaban mal: «A mí no me importa que roben, pero que dejen vivir». (Risas).
¿Usted era el secretario del ministro de Industrias, Enrique Erro?
Yo era secretario general de la juventud de Erro, que era bastante fuerte en aquella época. Ese era mi cargo, pero tenía mucha importancia en la movilización, en el apoyo al ministro y en su relación hacia fuera. Era un país muy distinto. El Ministerio de Industrias era distinto, era Industrias, Trabajo y Abastecimiento, manejaba muchas cosas. Erro tuvo una serie de conflictos muy duros, entre ellos con la Comisión Honoraria del Azúcar, por el precio del azúcar, lo quisieron coimear. Erro metió un personaje de aquella época preso. Fue una batalla que, en alguna medida, preanunciaba la gestación de lo que iba a venir. Era una de las tantas crisis que empezaban a insinuarse en los partidos tradicionales. En el Partido Colorado también pasó con la gente que rodeaba a Michelini, con él mismo, que era una especie de benjamín de Luis Batlle. Era una época que empezaba e impactaba en el fondo, las transformaciones que se habían dado en el mundo de posguerra, cuando los términos de intercambio cada vez se degradaban más en contra nuestra. Aquel Estado paternalista y amortiguador ya no tenía con qué.
¿Se venía cayendo después de la guerra de Corea?
Sí. En realidad reflejaba eso en lo político y en lo social, los movimientos sindicales buscaban aglutinarse en ese largo proceso, muy conflictivo que va a desembocar en una central única. Cosa curiosa porque, fíjese usted que nosotros, antes de ayer fuimos a un lugar llamado El Parao, en la frontera entre Treinta y Tres y Cerro Largo, una rinconada imponente, con tierra llena de piedra y de granito, ya queda muy poca gente. Había un hombre viejo que me dijo: «usted es el segundo presidenciable que viene acá. Hace cincuenta y pico de años vino Benito Nardone. Después no vino más nadie». El tipo lo tenía registrado.
¿Cuánta gente vive en esa localidad?
Deben ser unas ochenta a cien personas, no son más. Es un caserío desparramado. Tuvo más gente, porque se ven taperas deshechas. No tienen ómnibus aunque están a cuarenta kilómetros de una carretera. Se sale como Dios pueda. Son arrastres que quedan ahí. En esa zona se ve algún molinete. Según UTE, en el Uruguay profundo quedan unas seis a siete mil familias sin luz. Costaría alrededor de 40 millones de pesos llevarles la luz.
Porque son localidades muy desperdigadas.
Seguro, entonces es caro llevarles la luz. Pero es bravo también vivir sin luz en esta época. No se le puede pedir tanto a la gente. Pero ese pedido que te lo hacen, me parece que, para resolverlo, tendríamos que empezar por otro lado. Aunque resulte un poco esquemático. ¿Qué época, qué etapa de la historia humana vivimos? A mi juicio, no sé si el hombre que va a venir será más feliz o menos, pero a ojos vista entramos en la civilización del conocimiento, donde la principal forma de propiedad, no la única pero la principal, es la propiedad del conocimiento. La renovación tecnológica y el alud científico, no sólo tienen un enorme volumen, sino que han adquirido una velocidad tan cuantiosa que el hombre tiende a vivir permanentemente como atrasado, como fuera de época. En ese contexto, el Uruguay tiene un conjunto de problemas de corte estratégico, que son muy importantes para dentro de 25 años. Uno, el Uruguay está ubicado casi en el centro de la última reserva agrícola que le queda a la humanidad. El mundo dispone de apenas 1.500 millones de hectáreas agrícolas, poco más, poco menos. Allí están los límites biológicos elementales para producir comida. Y de aquí al 2030 se necesita el doble de comida, para seguir comiendo mal y desigual como hoy, por el crecimiento de la población mundial. Después, probablemente, cambie la curva demográfica del mundo, porque el área emergente va a ir mermando su natalidad. Pero hasta ahí se va a dar una tensión en la demanda de alimentos. Eso significaría que habría que duplicar, por lo menos, en estos años, la producción global. No es fácil, no es sencillo, porque existen barreras biológicas. Por ejemplo, usted no puede poner el doble de fertilizante en una hectárea porque si no se agrede al medio ambiente. Existen ciertos elementos positivos como las biotecnologías, que tal vez puedan ayudar. Como ese sorgo que apareció, que van a sembrar en tierra salina. Pero este proceso, de aquí al 2030 corre el peligro de que, por lo menos algunos alimentos tiendan a valer mucho más, y castiguen, por ejemplo, las necesidades de los pobres. Esta región va a ser terriblemente demandada, va a haber mucha presión acá. Por las reservas de agua dulce, por una cantidad de factores. Esa Argentina de los 85 millones de toneladas de granos tendrá que saltar a más de 200 millones.
¿Y nosotros cuántas reses más vamos a necesitar?
No es lo que podamos tener. En las dimensiones de este escenario, no es mucho. Pero el problema es el papel del Uruguay. Mi tesis es la siguiente: ese fenómeno me parece que es inevitable. Fundamentalmente habrá un crecimiento de la demanda por parte de Argentina y de Brasil, también mucho va a ser Paraguay y Bolivia, en la zona de los llanos. Allí hay un fenomenal mercado para vender insumos de inteligencia, útiles a ese proceso agropecuario que se está dando ahí. El sector agropecuario no sólo produce materias primas, sino que además consume insumos y cada vez consume insumos más calificados en inteligencia. Me refiero, por ejemplo, a las vacunas, a los embriones, a lo que significa la fitotécnica y los cambios genéticos en la semilla. Una semilla tenemos que verla como un aparato complicadísimo y sofisticado. Yo siempre pongo la imagen del tomate o el morrón que compramos para plantar en invernáculos. Pagamos un sobrecito de semillas a cien dólares por dos tomates. Me están vendiendo a 50 dólares cada tomate. Pero claro, son semillas híbridas, producidas por la inteligencia holandesa. Pero tengo que plantar eso porque me dan veinte kilos por planta. Toda la agricultura se dirige a eso. La semilla híbrida de maíz, de dos, tres o cuatro generaciones atrás es carísima. Lo que planteo es la especialización del Uruguay para eso. Eso está en manos de las multinacionales hoy. Pero hay segmentos de multinacionales que trabajan acá, en el Rincón del Cerro, por ejemplo. Allí hay un señor que hace de escalón intermedio para una transnacional italiana. Eso es vender inteligencia. Porque se dice que el Uruguay tiene que apostar a la calidad. Yo estoy de acuerdo, pero no la calidad sin definición.
El país necesita un rumbo de alta especialización.
Ahí hay que unir varios elementos porque existe el INIA…
Existe el INIA pero hay que poner el énfasis en las ciencias biológicas, en la Facultad de Ciencias.
Que no son las más estudiadas.
Claro. Eso da una orientación de cómo hay que gastar el Presupuesto y hacia dónde se va. Probablemente como signo industrializador hoy no sean las fábricas sino los laboratorios. Probablemente algunos de los laboratorios que tenemos, con experiencia, pasen a ser fundamentales. Pero tenemos que aportar para vender trabajo calificado, conocimiento.
Y eso no es sólo una computadora.
No, la computadora es un apoyo imprescindible, pero esto no se arregla con una computadora. Esto requiere investigación. Acá hubo un mito: «somos pequeños, acá no podemos estudiar Ciencias Básicas». Estamos equivocados. La Naturaleza es infinita. Yo voy a Nueva Zelandia y nos reciben en la Universidad de Lincoln, en el campo. Llega el Presidente de la República y lo reciben en el campo. En realidad nos hicieron una demostración para hacernos una oferta. Los tipos han puesto a punto una tecnología que incide en el ciclo del nitrógeno. ¿Qué tiene que ver esto? En las tierras agrícolas contemporáneas hay que aumentar la disponibilidad de urea que se le echa, porque son de alto rendimiento, pero eso agrede las capas freáticas y una parte se va para abajo y te embroma y otra parte se va para arriba y también te embroma. Un producto que los neocelandeses pulverizan en determinada época del año, mejora ese ciclo y uno termina gastando mucha menos urea, sin agredir el medio ambiente y los vegetales lo aprovechan mejor. Ellos descubrieron eso porque tienen ese problema. Ahora se lo venden al mundo.
¿La propuesta era vender ese producto?
Ellos mostraban la tecnología. Hicieron un convenio con el INIA que ahora lo va a probar. Con el cambio climático, los neocelandeses están recreando vegetales que los prueban de a uno en un laboratorio gigantesco que nos mostraron y cada uno tiene una atmósfera como ellos prevén que va a ser de acuerdo a la evolución climática para dentro de 25 o 30 años y ven cómo se comportan. Es decir, están preparando las cosas que van a plantar, ahora eso lo van a vender. Yo creo que es una fuente de riqueza para nosotros, que estamos rodeados de una demanda muy sólida, como es Argentina y Brasil; pero nosotros tenemos que agarrar el camino de Holanda. Un país pegado a Francia y frente a Inglaterra se decidió a construir un porvenir de nación vendiendo inteligencia.
Un país muy pequeño que le ha ganado tierras al mar.
Sí, es como Tacuarembó, pero creo que es la décima economía del mundo. También rapiñaron en las colonias y todos lo demás, vamos a no comernos la poesía. (Risas). Tienen su buena historia. Una visión de este tipo no digo que es lo que tiene que hacer la gente, pero creo que, socialmente, hay que definir el rumbo. Después el mercado va a indicar los caminos, pero dentro de ese rumbo. Porque somos un país pequeño que no puede especializarse en cualquier cosa o en todo.
Ahí hay que articular al pequeño y al gran productor, multinacionales, empresas nacionales, laboratorios, educación.
Ahí la clave es una educación preferencial y una política de estímulos en determinado sentido. Yo ponía como ejemplos extremos, porque cuando uno habla tiene que sintetizar, pero se corre el peligro de que a uno lo agarren al pie de la letra. Es el problema que tiene la síntesis y entonces te sacan una monstruosidad. Quería dar esta imagen: si me piden una zona franca para poner galpones para guardar mercaderías, que no embromen más con eso. Ahora si viene Bayer y me pone una planta de investigación y me pide una zona franca, capaz que le pongo la alfombra. Porque me va a llevar botijas, investigadores de acá, que no se van a ir del país, que se van a desarrollar acá y uno sabe por experiencia que, aunque la investigación sea de ellos, el contrabando que no se puede parar es el de la inteligencia, no tiene fronteras.
Ahí lo van a acusar de extranjerizador.
-Sería como pedirle a Engler que en el Uruguay pudiera desarrollar la tecnología que se puede desarrollar en Upsala. No, si no se tiene un soporte material y científico no averiguás nada. (Risas) No podemos ser tan indios pampa. Sin embargo yo creo que ahí tenemos para ganar y mucho.
Ese es un ejemplo. ¿También hay que estimular la vuelta al país de investigadores que tenemos en el exterior?
Como pasó con el Instituto Pasteur, donde hay gente que vino hasta de EEUU. Pero ojo ¿eh?, nosotros tenemos un retraso bárbaro. Si tuviéramos las mismas cifras, en proporción a cualquier país europeo, tendríamos que tener 15 mil investigadores y tenemos apenas mil.
¿Por falta de presupuesto?
No, por falta de políticas deliberadas que es lo que se requiere. Creo que el primero que se dio cuenta, en la historia política del mundo, de la importancia que tenían los hombres de ciencia, fue Bismarck en Prusia y comenzó a poner el Estado para apoyarlos. En otras partes a los hombres de ciencia los explotaban. Bismarck, antes de la unidad alemana, los empezó a prohijar. Fue el primero que se dio cuenta del papel de la escuela pública. Cincuenta años después de Bismarck comenzó Alemania a levantar. De esto tenemos ejemplos históricos, pero lo que planteo es una especialización en las ramas fundamentales de la Biología al servicio de la agropecuaria, buscando y estableciendo que hay un mercado infinito para vender inteligencia y que va a estar en el marco de la región. La integración tiene que ser a partir de datos reales, no de sentimiento ni de buena intención. Tenés que ser funcional, servir a la región. Porque estas cosas tienen problemas in situ. La solución que pueda haber para una cosa en un lugar no es la misma que hay para otro. Por ejemplo, acá en el Uruguay se inventaron algunas variedades de arroz, que son estupendas para la región, pero si se las saca de la región, no pasa nada. Si se traen otras buenas, de lejos, tampoco pasa nada. Ojo, los problemas locales a veces son claves en esto. Hay que tenerlo presente.
Eso no se discute en la campaña electoral.
No, nunca. Acá lo que hay es la afirmación de lo que espontáneamente se ve. La logística parece que camina. Bueno, vamos arriba con la logística. Ahora, si mañana viene un loco de la Argentina y te cierra el dragado por ejemplo, ya tenemos la experiencia de Perón, adiós con la logística, marchaste. Porque nuestro puerto funciona para el Uruguay en un 20%, el resto va para la región. Si querés desarrollar logística hay que tener una diplomacia con los vecinos, digo yo. No pretenderás desarrollar la logística estando peleado con el Paraná.
Cuando todavía no se había terminado de hablar de Chile como modelo en medio de esta crisis, se dio a conocer que ese país entró en recesión. ¿Cómo lo ve?
Creo que está en tela de juicio coyunturalmene pero no sé cuánto va a durar la crisis. El modelo de desarrollo basado pura y exclusivamente en la exportación…
En Chile, con el cobre sustancialmente.
El cobre es lo que lo ha mantenido a Chile viento en popa, con todo lo demás que dijeron y que es real, pero el cobre, por momentos, había subido, en proporción, mucho más que el petróleo. La crisis mundial ha tirado abajo la demanda. Seguramente que lo está sintiendo. Pero me da la impresión que, por un tiempo vamos a seguir asistiendo a un relativo enfriamiento de la financiación de las exportaciones desde el mundo rico hacia el pobre, donde adquiere gran importancia el uso de los recursos propios y su inventiva y el no abandono del valor que tiene el mercado interno, a pesar de ser muy pequeño, en países como el nuestro. Se están notando en el mundo central signos de proteccionismo que, inequívocamente, nos van a afectar. Entonces vamos a tener que tomar cuidado de impulsar una política de paliativos. Si Chile, que se ha dicho que ha hecho las cosas tan bien y ha suscrito tratados de libre comercio a troche y moche, por lo visto, no hay tanto libre comercio en el mundo. (Risas). Cuando las papas queman te lo dejo para el costado porque cada cual defiende la suya. De estas cosas hay que aprender el valor que tiene la región y nosotros tenemos que ser precavidos. La gente del FMI me decía el otro día que ellos prevén que primero o más fácil se va a recuperar América Latina que EEUU, porque la hondura de la crisis en EEUU es tal que va a ser lento para remontarla. América Latina está mejor que hace quince años. Es probable que a golpes, hubo cierta precaución en man
tener los equilibrios, las reservas, menos déficit fiscal, menos cuentas a pagar que te ahoguen, en fin. De todas maneras me parece que el comercio exterior va a estar complicadito, aunque no tanto para el Uruguay. Algunos de nuestros productos siguen valiendo. Lástima que no tenemos mucho. Uno de ellos es la carne que se sigue vendiendo bien. Pero nadie sabe si esto dura dos años o tres.
En cuanto a las políticas estratégicas que usted plantea, ¿se puede dejar de discutir la chiquita y encarar acuerdos de largo plazo?
Yo planteé un esquema que podría resumirse en esto: un país que utilice todos los caminos posibles que contribuyan a especializarlo, no únicamente, pero una fuerte especialización, en el desarrollo de recursos que rodean a la biología agropecuaria, como motor principal de una hipótesis de desarrollo de futuro. ¿Atrás de qué? De la necesidad de vender inteligencia, productos calificados. Ello no significa abandonar las otras ramas, significa marcar eso. Lo hago en función de interpretar lo que va a devenir en la región, pero acepto que otros puedan discrepar. Lo que me cuesta aceptar es que el país no necesite una definición central de rumbo.
Llegar a un acuerdo en que el déficit fiscal tiene que ser el menor posible o que no tiene que haber, es relativamente fácil porque todo el mundo piensa eso.
Ya es un lugar común.
Pero ¿no hay capacidad en los partidos políticos uruguayos para acordar en pensar el país con visión estratégica?
Estamos en una etapa previa, no es que no haya capacidad, eso sobra en todas partes. Es que no está planteada la necesidad. Acepto que me digan: «Estás loco. Especialización en la Biología, no». Lo que no acepto es que me den otra hipótesis de rumbo, porque andamos como una hoja al viento. Nos pegan una cachetada y vamos para acá o para allá.
«Hay que volver a leer a Herrera»
¿Es posible mejorar las relaciones con Argentina?
Hay que pelearlo, yo creo que sí. El corte del puente se va a terminar, no da para mucho más. Empieza a haber mucha resistencia allá mismo, empieza a haber cansancio. Para nosotros es estratégica la relación con Argentina. Hay que volver a leer a Herrera, en eso sigue estando vigente. Las repercusiones de la Argentina acá, desde el punto de vista de la economía son fundamentales. Tienen razón los que luchan por el turismo. Es una bruta actividad. Hay cantidad de uruguayos que se ganan la vida con eso. Vamos a ser coherentes, el 80% del turismo es de Buenos Aires. No se puede vivir de espaldas a eso. Y tenemos entre 300 mil y 400 mil uruguayos viviendo allá. No es poca cosa.
«FINLANDIA, UN MODELO DE NACION»
¿Qué tipo de integración podemos tener con nuestros vecinos en el Mercosur en ese sentido?
-Creo que ellos van a ser un mercado demandante, ya lo son. Las importaciones de Argentina en estos terrenos son gigantescas y de Brasil no te digo nada. Porque si fuéramos un país como China o como Brasil, no tendríamos que tener estas discusiones. Por el solo devenir del mercado sus especialidades son prácticamente todo, pero nosotros somos un pequeño país. No podemos ser especialistas en todo, estamos locos. Tenemos que ser brillantes en algo. Por ejemplo, los finlandeses, que son pequeños como nosotros, han construido un modelo de nación a partir de explotar lo único que tenían que era la madera, en un lugar muy frío. Se aburrieron de que los suecos la llevaran a trabajar ellos, agarraron la celulosa, el papel, se fueron calificando, pero nunca abandonaron los troncos. Se hicieron capos en eso, pero de allí sacaron elementos para el desarrollo de la electrónica. Hoy Nokia es capo. Eso lo financiaron los troncos. Ellos no abdicaron, lo siguieron haciendo lo mejor posible, pero de allí sacaron medios para construir ese país inteligente que sale al mundo hoy. En alguna medida, lo que estoy planteando es eso. Seamos un país agropecuario, usémosla como banco de pruebas y de desarrollo, pero no sólo para vender pulpa. No, sino para vender conocimiento en la región. Hay 250 millones de vacas en la región. Cada vaca necesita dos o tres vacunas, pero hay mucho más. Millones de cerdos y de aves. ¿Qué estás vendiendo? Balero. El trasplante embrionario. Se están llevando embriones de acá, que se están insertando en China. Eso es trabajo calificado. Tenemos que apostar a vender conocimiento y trabajo calificado, todo lo más que podamos. Yo veo que las Ciencias Biológicas son un camino. Estoy planteando un rumbo de gran vocación, de inclinación nacional hacia ese lado. A la luz de la región en la que estamos. Pero descartemos eso. Lo que no acepto es esa idea de que tenemos que ser especialistas en nada y que todo viene bien, porque eso equivale a que quien va a trazar la estrategia es el mercado y él está sometido a modas. Ahora estamos con la pulpa de papel y mañana no sé si no desatan en el Norte de la Argentina algo así y quedamos con las ruedas para arriba. El Uruguay no tiene una inclinación deliberada. Esto no quiere decir que el gobierno uruguayo tenga que decirle a un laboratorio lo que tiene que hacer. Lo que no acepto es esa idea de que tenemos que ser especialistas en nada y que todo viene bien.
Compartí tu opinión con toda la comunidad