Emoción. Testimonios personales, flores y bolígrafos

Defendiendo la alegría de las "mayúsculas y de la muerte"

Mario partió, como vivió toda su vida, rodeado nada menos que por los trabajadores y los estudiantes.

Varios de los integrantes del cordón no podían contener las lágrimas, así se vio llorar a curtidos trabajadores de la construcción, del puerto, metalúrgicos y a muchachas y muchachos de la Universidad, que tomados de la mano, honraron al poeta nuestro.

Entre el silencio y las lágrimas se destacó la presencia de una nutrida delegación de estudiantes del liceo Miranda que llegaron a la escalinata del Palacio minutos antes de partir el cortejo, todos los presentes los recibieran con un cerrado aplauso. Los liceales traían poemas de Benedetti escritos en hojas de cuaderno y los portaban como banderas.

Daniel Viglietti, Eduardo Galeano ambos emocionados fueron quienes cargaron el féretro hasta la carroza vestida con flores; que luego marcharía acompañada por una multitud por la calle Yaguarón.

Niños, escolares, ancianos, madres, siguieron la marcha fúnebre hasta el Cementerio Central.

Los momentos de emoción fueron muchos, difíciles de resumir en una crónica, pero algunos no se pueden obviar.

Una mujer, de unos 50 años, llevaba un papel apretado en su mano y consultada sobre el contenido respondió con los ojos bañados en lágrimas: «Hace 30 años, mi esposo se me declaró con un poema de Mario, «Corazón coraza», fue nuestro himno de amor, guardé esa carta todos estos años y se la traigo a Mario».

Una muchacha abrigada, traía la tarjeta de su próximo casamiento, que según confió será en una semana, en el papel artesanal se leía: «Si te quiero es porque sos, mi amor, mi cómplice y todo, y en la calle codo a codo somos mucho más que dos».

Al paso del cortejo, que de fúnebre tuvo poco, salieron los niños de dos escuelas con sus túnicas blancas y sus maestras. Los gurises de un liceo, serios, inclinaron las banderas ante el paso del féretro y aplaudieron hasta que pasó la marcha.

No solo los centros educativos públicos homenajearon a Benedetti, también colegios privados. En uno de ellos dos religiosas con sus hábitos aplaudieron con mucho cariño y con los ojos nublados.

En varios talleres mecánicos, comercios y pequeñas fábricas, los trabajadores salieron a la calle, con sus mamelucos y uniformes a rendirle tributo.

Un momento especialmente emotivo fue cuando la marcha pasó frente a dos centros de educación inicial. En ambos casos, las niñas y niños pequeñitos, aplaudieron serios el paso del poeta y la multitud les correspondió con emoción y cariño.

En los balcones salían familias enteras para observar el pasó de la marcha, una señora se detuvo en medio de la avenida frente al Palacio Legislativo a orar, a otros se los podía ver realizando la señal de la cruz sobre sus rostros, otros aplaudían, otros gritaban «bravo poeta» o «es Mario», distintas fueron las reacciones de la gente que consternada acompañó el cuerpo del poeta.

Ya al llegar a la calle Gonzalo Ramírez comenzaba a visualizarse la otra multitud de personas que esperaban en las puertas del Cementerio Central y lo acompañaron hasta el último minuto en la triste despedida.

Dentro del Cementerio Central, el féretro entró en hombros de trabajadores y estudiantes, en el alma de todos garuaba finito. Cientos de mujeres y hombres le dejaron flores, la señora le dejó la declaración de amor de su marido, la muchacha su tarjeta de matrimonio y otros, simplemente bolígrafos.

Mario, luego fue trasladado al Cementerio del Buceo, donde descansa junto Luz, su compañera.

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