SIN TESTIGOS SUELTOS

­¿Qué pasó después de la balacera?

­Después nos enteramos que a El Monje lo habían dejado tendido un buen rato en la escalera exterior hasta que decidieron llevarlo al Hospital Militar. Se comentaba que en el camino lo iban judeando… A nosotros nos sacaron en fila con las manos en la nuca y cagándonos a palos en las costillas y la espalda.

 

­Y afuera, ¿qué les esperaba?

­Cuando salimos ya las chanchitas estaban puestas de culata arriba de la vereda, haciendo un semicírculo en torno a la escalera de afuera para que nadie viera nada desde la calle. Nos metían en la parte posterior donde había uno que nos recibía a garrotazos entre la nuca y la espalda. Caíamos en un pedacito de un metro y medio por dos, que tenía asientos de madera, donde quedábamos unos arriba de otros apretujados…

 

­¿A dónde los llevaron?

­El camioncito tomó por Arenal Grande hacia 18 de Julio. Por la ventana de atrás vimos a funcionarios y médicos del Casmu que increpaban a los policías. Después por 18 de Julio llegamos a Ejido, doblaron hacia la Rambla, luego por San José nos llevaron debajo de Jefatura. Ahí nos sacaron lo poco que teníamos, cintos o piolas de cinturón, los cordones y nos pasaron a un patio con rejas y chapas con mirillas por las que nos miraban y se burlaban. También habían detenido a gente del Casmu, a alguno que pasaba y a unos que estaban en un boliche. No querían dejar ningún testigo sin fichar.

 

­¿Los ficharon a todos?

­Sí, nos llevaron a Fichaje y nos metieron en unos calabozos chiquitos, de a uno o dos, de los cuales nos sacaban a cada rato para interrogarnos en una pieza pequeña debajo de una escalera, donde había una mesa, una máquina de escribir y un funcionario. El que interrogaba era el propio inspector Víctor Castiglioni.

­¿Cuándo los largan?

­Esa noche nos pasaron al 3º o 4º piso a pasar la noche. Al otro día, como a las 9 o 10 de la mañana del domingo, nos llevaron a un juzgado por la calle Soriano o Durazno, nos bajaron como a criminales, cercados por policías y nos metieron en esa casona donde al fondo nos tomaban declaración y cotejaban con lo que habías dicho antes. Nos llevaron de nuevo a Jefatura y nos soltaron con lo que teníamos y sin un peso.

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