PEGADO CON EL ADHESIVO PARA PROTESIS DENTALES

«En algún momento de 1983, cuando todavía su hermano Victoriano deambulaba por los cuarteles con muestras dentales para resolver los problemas de las prótesis, Sendic solicitó autorización para devolver a sus familiares un libro de odontología, relativamente costoso, que le habían prestado. ‘Nosotros le llevábamos los dientes, él los marcaba donde le molestaban y nosotros los hacíamos arreglar.

Fue un problema eterno’, cuenta su cuñada Elita, que acompañaba a Victoriano a las visitas pero no podía entrar. ‘El día que devolvieron el libro, Raúl le insistió a Victoriano para que lo leyera.

‘¿Qué tendrá ese libro?, me preguntaba yo’.» Victoriano lo sospechó, y en la tapa dura del libro encontró las pequeñas hojitas de fumar donde Sendic había resumido sus apuntes sobre economía.

«Copiamos a máquina aquellos apuntes y se los mandamos a Alberto, con un hermano mío que viajaba a Europa y que no sabía lo que llevaba. Después le pregunté a Raúl cómo había podido pegar tan bien la tapa del libro, y me explicó que lo había pegado con el polvo adhesivo para prótesis dentales», cuenta Elida Menoni de Sendic, «Elita».

A Raúl Sendic Antonaccio siempre le gustó la economía porque según él «la economía explica un poco las actitudes políticas. Por eso yo también evito tratar a Perón o a Evita independientemente de la situación económica imperante en la época». Aunque reconoció que su carrera predilecta hubiera sido la medicina, lo único que pudo hacer, por razones de horarios de clase, fue la abogacía a la que definía como «un instrumento para llevar adelante la lucha social».

En 1984 se publicó en México una primera versión del libro de Sendic, «Reflexiones sobre política económica. Apuntes desde la prisión», bajo la supervisión de su hermano Alberto, que vivía en Francia. El prólogo, escrito por Mario Benedetti, llama la atención del lector sobre «las peculiares condiciones en que el trabajo fue compuesto, como signo inequívoco de una voluntad indoblegable». Salvando las distancias, Benedetti compara la obra de Sendic con la del «notable historiador belga Henri Pirenne (1862-1935), alguien que durante la Primera Guerra Mundial se enfrentó con coraje a los alemanes». Sin poder consultar ningún texto ni verificar ninguna fecha, Pirenne escribió «a solas con su memoria» su Historia de Europa.

Por eso Benedetti habla del diálogo del preso con su memoria para rescatar lo que, a su juicio, es lo más relevante del trabajo: «la tenaz vinculación de lo económico con lo sencillamente humano, y sobre todo, en cierta inesperada transfusión de calidez y comprensión, en la fría enunciación de las cifras y porcentajes». Benedetti simplemente se asombra por «el hecho de que un ser humano pueda sobreponerse al resentimiento, a la tentación del odio, a la frustración, al descalabro político, al aislamiento de la familia, al silencio obligatorio, y también a la propia desconexión con los inevitables relevos y transformaciones que, en su teoría y en su práctica, ha experimentado el pensamiento económico en toda una década. Me asombra comprobar cómo ese obligado y nada vocacional anacoreta puede moverse con objetividad, con lucidez y hasta con humor en la compleja urdimbre de la economía».

Algún tiempo después de ser liberado, Sendic viajó a Europa y estuvo en París donde habló, con su debilitada voz para sus compañeros uruguayos, sobre economía. «A pesar de que yo vivía en París, desde hacía varios años y estudiaba Economía, no podía comprender, cómo aquella persona que había estado incomunicada desde 1973, podía comprender tan perfectamente la economía mundial en ese preciso momento», dijo uno de los testigos a LA REPUBLICA.

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