"Salgo con la conciencia tranquila, más firme y convencido que nunca"
El 19 de marzo de 1984 fue liberado el general Líber Seregni tras 10 años de prisión. Una multitud lo esperó en la esquina de su apartamento, en Bulevar Artigas y Bulevar España.
Desde hacía una semana un grupo de jóvenes ocupaba el pequeño enjardinado y la entrada al estacionamiento del edificio para exigir su inmediata liberación.
Seregni abandonó Cárcel Central a las 17.45 horas y menos de una hora después se dirigía desde el balcón de su departamento a un nutrido grupo de personas, mayoritariamente jóvenes, que enarbolaban, desafiando a la represión, banderas del Frente Amplio, ilegal en ese momento y de los partidos que lo integran, igualmente prohibidos.
Los gritos de «soy del Frente, soy del Frente», «Seregni amigo el pueblo está contigo», «Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar» y «Liberar, liberar, a los presos por luchar», sonaron fuerte.
Seregni empezó a hablar sin amplificación y luego le alcanzaron un megáfono.
Su mensaje sereno y emocionado, convocando a la paz, a la reconciliación nacional y exigiendo la inmediata liberación de los presos políticos, fue escuchado con emoción. La concentración fue controlada al detalle por los servicios de inteligencia de la dictadura (ver nota aparte).
El discurso
Texto completo del discurso pronunciado por el general Líber Seregni:
«Muchas gracias compañeros.
Quiero decirles dos o tres palabras. Primero, mi tremenda emoción, mi reconocimiento y mi cariño para ustedes (le alcanzan un megáfono). Bueno, con esta ayuda creo que voy a poder hacerme entender mejor…
Han pasado 10 largos años. Salgo con la conciencia tan tranquila como entré, salgo más firme, salgo más convencido de nuestros ideales, salgo más decidido que nunca a entregar hasta el último átomo de mis energías al servicio de nuestro pueblo.
Es momento de expresar una tremenda alegría; pero es momento de pensar el camino que tenemos que transitar hacia delante. La Patria marcha a la reconquista de la democracia. En ese camino está. Todos nuestros esfuerzos para facilitar esa marcha y para alcanzar la libertad y el total ejercicio de la democracia. Por eso compañeros, pedía recién a ustedes, ni una sola palabra negativa, ni una sola consigna negativa. Fuimos, somos y seremos una fuerza constructora, obreros de la construcción de la Patria del futuro.
Sólo quiero repetirles ahora mi tremenda emoción de este momento, mentiría si no les dijera que en estos largos años cuantas veces soñé con el momento de ser reintegrado a la libertad que me había sido sustraída. Pero una cosa es soñarlo y otra cosa es vivirla compañeros, como lo estoy viviendo en estos momentos. Sólo quiero decirles una y mil veces muchas, muchas gracias compañeros por estar acá.
Antes que ustedes se retiren, quiero decirles una cosa, la gran preocupación de este momento, para poder transitar efectivamente los caminos a la recuperación de la democracia es la pacificación de los espíritus, la pacificación nacional. Lo sentimos como la necesidad, no hay democracia si no hay paz. Y la pacificación que lleve al reencuentro de los orientales tiene que reconocer necesariamente la más amplia de las amnistías, la libertad de los presos políticos, el retorno de los exilados, la desproscripción de hombres y partidos.
Sólo les pido a ustedes, que en una demostración cabal de que el pueblo se ordena a sí mismo, que nuestro pueblo siempre se ha ordenado a sí mismo vayan ahora para sus casas. Les pido a ustedes, que en la forma más pacífica y más tranquila cada quien retorne a su hogar.
Hoy es un día que espero inicie el camino en que todos los que están detrás de rejas por motivos ideológicos y por motivos políticos puedan salir en el más breve plazo, que puedan abrirse las puertas y estar todos en la libertad de este país.
No más compañeros; comprendan que estoy no cansado, estoy tremendamente emocionado. Muchas gracias, otra vez a todos muchas gracias».
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