Media hora espesa

Duelo verbal por el acto del Presidente

Fue como si dos belicosos, facón en mano, se batiesen contra un enemigo invisible mirándose al espejo. Empezó Alfredo Asti (Asamblea Uruguay) ­traje gris claro de elegancia que no habría avergonzado a los nobles de Herefordshire­, hablando velozmente, triturando el micrófono con su registro de barítono constipado, y sin otear más que al frente. Dijo que el acto del presidente Vázquez había sido «una forma legítima de comunicación, de rendirle cuentas al pueblo sobre los logros obtenidos».

Confesó, azuzado por una energía que le diluyó esa imagen de abate Pierre que exhibe a veces, que «fue un acto político, no partidario sino de política con mayúscula». Enseguida declamó: «¿Qué más republicano que compartir lo hecho con los ciudadanos? ¡Este no es el país de las maravillas, es de las realidades!».

A su cierre, le brotaron inevitables críticas a la oposición y elogios a cómo se está enfrentando la crisis global. Varias exposiciones después, Gustavo Espinosa (Foro Batllista), cuyo enojo le evitó que la descorazonadora delgadez de su voz recordara a Ignacio Corsini, denunció una velada amenaza del presidente Vázquez», cuando, en su discurso, advirtió que nadie se atreviese a preguntar por el costo del acto, «ya que este acto es una inversión, no tiene costo». Espinosa, erecto su flaco cuerpo como una tacuara, afirmó que el presidente, «en su soberbia, pasó por encima de la constitucionalidad».

Ya asado en la calentura, gritó, golpeando la mesa: «¡Fue un acto de Hollywood que pagamos todos! ¿Y la crisis? ¿Y la austeridad?». Apurado por la Mesa, exclamó, cortando para la salida: «¡El Presidente se burló de la oposición y claro que yo haré el pedido de informes que había anunciado antes sobre cuánto nos costó esto!».

El presidente Roque Arregui ­un poco menos pedagógico que otras veces­ tropezó y llamó a Espinosa «señor presidente» en lugar de «señor diputado», ante la hilaridad general. Fue suficiente. Esta media hora previa pasará al mejor anecdotario del Parlamento.

Hay quien dijo que la controversia no fue a mayores por obra y gracia del colega Ricardo Portela, quien, en la bancada de prensa, lució una remera melón flúor, tipo baliza, que, ah, sin dudas lector, impresionaba.

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