Del Toto y Moreira

Dos frases memorables ¡por fin…!

Comenzada a la hora prevista, como si hubiese presidido la Mesa Líber Prudente y no Rafael Michelini, la convocatoria del ministro Víctor Rossi a la Comisión Permanente concluyó antes de lo que casi todos habían previsto. Pocas veces ­si hubo alguna- se vio a las filas opositoras tan raleadas y carentes de entusiasmo, y se oyó a sus argumentos tan repetidos y cansinos. A las 15.23 horas de la tarde hubo más que un final, una expiración. Por otra parte, esta vez nadie se durmió, nadie se zambulló en modernas computadoras, nadie tropezó ni tomó demasiado café. No obstante, que vaya a creerse que de una sesión tan peculiar sólo se extrajo el resultado político esperable y mucho aburrimiento; no, no, querido lector, ¡error!. Alfredo Asti, por ejemplo, luego de confesar que «a veces nos cuesta mantener la boca cerrada», críptico comentario supuestamente inducido por lo que oía de la oposición, dio su elocuente respaldo al ministro; en realidad, esa elocuencia se intuyó por alguna palabra aislada y los gestos del legislador, ya que, fiel a su costumbre, habló tan cerca del micrófono que, además de morderlo y mojarlo, impidió que se le entendiera a cabalidad. Iván Posadas, siguiendo un hábito recurrente, habló casi al final con un espíritu de resumen. Es decir, juntó todo ­en particular cifras- lo que se dijo durante el debate y lo reiteró, sin añadir una pizca de novedad, con la voz tan impostada que recordó a Luis Medina Castro recitando «El Sur», de Borges. Pero lo mejor, lo que hizo a este día diferente, histórico, fueron dos frases memorables, de esas que dejan con la boca abierta. El Toto -¿lo puedo llamar así, ministro?- pidió disculpas: «A veces esto me hace pensar en la incapacidad que tengo para comunicar cosas sencillas». Fue después de que Carlos Moreira repitiera por enésima vez una pregunta. Fue enternecedor el modo tan benévolo de Rossi y esa actitud de cristiano misericordioso, iluminado por la fe, de padecer con el otro. Moreira no se quedó atrás.

Expresó algo que debería ser cincelado en bronce en todos los frontispicios de las magnas ágoras de este noble país, parlamentarias o no. Yo la estamparía hasta en la sede de Peñarol: -Evidentemente, no nos vamos a poner de acuerdo.

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