La paz social es prioritaria
El Frente Amplio no tiene una estrategia común para ganar las próximas elecciones nacionales, y por momentos, da la impresión de que no tiene ni una sola estrategia. Y todo esto ocurre por varios factores.
Por primera vez la izquierda tiene que defender un gobierno nacional y a la vez ganar electorado con planteos de futuro con miras a las elecciones nacionales del próximo octubre. Y eso no se aprende en pocas horas.
A la vez que tiene el desafío de cumplir con las dos premisas anteriores, se encuentra en medio de una elección interna a la que no está acostumbrada, en la que todos hacen promesas de no agresión pero cada vez que alguien abre la boca deja caliente al otro. Pero quizás, el mayor desafío que hasta ahora nadie o muy pocos se han planteado, es asumir la responsabilidad del movimiento social y no solo el de los trabajadores sindicalizados. En estos cuatro años la izquierda frenteamplista no ha tenido una política común en materia de la conducción del movimiento social. Se puede decir más: hay un cierto divorcio entre la fuerza política y la militancia de izquierda en los sindicatos. En los próximos meses estas carencias se pueden ver agravadas si se dispara la inflación, lo que va a llevar a una reacción inmediata de los sindicatos. Esto ha sido bien percibido por el presidente Tabaré Vázquez, quien ha encabezado junto al Banco Central la lucha contra el aumento de los precios. Cosa que los parlamentarios del FA parecen no haber captado; en tanto al ministro Ernesto Agazzi solo lo ha defendido en medio del debate por la sequía, algún legislador del Espacio 609 e intendentes frenteamplistas del interior del país.
Continuar en el gobierno
El peor escenario para el Frente Amplio sería llegar a las elecciones nacionales en un clima de inestabilidad social. Es que está escrito en la tapa del libro que el centro político electoral del Uruguay, ese que hay que enamorar para ganar las elecciones nacionales, no razona «progresistamente» si hay conflictividad social.
Da la impresión que esto lo sabe mucho más la derecha, la dirigencia de los partidos tradicionales, que la izquierda, tanto su dirigencia política como sindical. Hoy hay una derecha empresarial, urbana y rural, dispuesta a crear condiciones para que esa inestabilidad social se manifieste, a la vez que coincide con el discurso apocalíptico de los precandidatos blancos y colorados acompañados por el diario El País y algunos canales televisivos que apuestan al negocio de la crónica roja que se han transformado en los mejores relatores de todo lo malo que puede pasar si continúa la sequía y si se agudiza la crisis mundial, después de la asunción de Barak Obama a la Presidencia de Estados Unidos.
Si llega a predominar la idea de que la izquierda tiene como prioridad abrazarse a la estrategia de que está ante un «gobierno en disputa», eso puede llegar a provocar enfrentamientos laborales y de otro tipo no deseados.
Solo basta mirar para el costado, sacando la cabeza debajo de la almohada, para ver que la enseñanza por el rechazo a la ley de educación por parte de los sindicatos, y COFE por sus reivindicaciones salariales, pueden ser zonas conflictivas que arrastren a otros, y si esto ocurre en la campaña electoral los blancos y colorados van a poner la agenda de la inestabilidad y no la discusión sobre los logros de este gobierno progresista, que es lo que le debería importar a los uruguayos.
Es claro que el Frente Amplio y el gobierno no pueden permitir que las conquistas que ha obtenido la gente gracias al gobierno progresista, se pierdan. Pero a la vez, la izquierda tiene la obligación de impedir la radicalización innecesaria y la aventura sindical, cuando lo que importa es seguir avanzando en la conquista de una nueva sociedad, que solo se logra si el FA continúa en el gobierno.
Para volver ganar al gobierno se necesita paz social y asimismo debe tener la capacidad de jerarquizar la lucha política, el debate de ideas y de programas, que solo se puede desarrollar si el grueso de la militancia se traslada a los barrios. Es que la lucha política tiene en lo barrial su principal escenario, y a los Comités de Base hay que preservarlos de las miserias de la campaña interna, porque a partir de julio serán más que prioritarios.
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