Un peso por Alonso
Por Raúl Legnani
Señor Director de LA REPUBLICA
Doctor Federico Fasano Mertens
He pensado en estos últimos días, no sé cómo lo tomará, pedirle unos días de licencia porque me encuentro bastante cansado.
El problema es que Enrique Alonso Fernández, el muchacho triste de Pando y que nunca mira a la cara, no me ha nombrado en ninguno de sus ataques contra LA REPUBLICA. Y eso, se lo confieso, me ha generado una gran preocupación.
Estuve tentado en sus dos salidas al aire por CX36, de llamar y pedirle que algo dijera de mí. Por lo menos que explicara cómo hizo hasta lo imposible para que yo me tuviera que ir de LA REPUBLICA en 1995 o cómo fue provocando y persiguiendo a distintos compañeros, hasta que los terminó expulsando.
Quería que me nombrara para agradecerle, para decirle que no me equivoqué en lo que siempre he pensado de él, de cómo es capaz de cambiar en diez minutos de opinión para terminar siempre persiguiendo a aquellos periodistas que practicamos un periodismo independiente, sin ataduras de ningún tipo.
Como comprenderá, hace varios días que no puedo dormir. Y en esas noches de caminar y fumar por la casa, pensé sobre el destrato que tenía por los compañeros, o sobre cuando intenté volver a esta casa y a cada rato le decía a todo el mundo que si yo retornaba a LA REPUBLICA él se iba. Tampoco me voy a olvidar cómo trataba de censurar sin suerte las entrevistas que hacíamos con Jorge Arellano en CX30, porque al pobre se las pasábamos por el jopo.
Claro que ahora entiendo un poco más, porque leyendo un semanario me enteré que es amigo de Juan Carlos Bugallo, el verdadero «terminator» de todo aquel buen equipo de radio que había montado Arellano con su programa Plaza Independencia.
Alonso, como buen derechista y fundamentalista (de batllista no tiene nada) soportaba a la gente progresista de a uno, pero si nos juntábamos se ponía insolente, casi primitivo. Tan primitivo como se mostró cuando Hugo Cores y Víctor Rossi ingresaron a cargos de dirección de LA REPUBLICA, al grado que no pudo soportar que dos dirigentes de la izquierda ingresaran a este diario y por eso se fue.
A la vez le digo: no se vaya a enojar conmigo, porque estoy dispuesto a hacer todo lo que sea necesario por él.
Estoy dispuesto a impulsar una campaña solidaria –¿no podremos conseguir un 0800?– para tratar de encontarle alguna cura, algún tipo de mejora espiritual. Cuente, de mi parte, con un peso como contribución a tan digna cruzada solidaria y humana.
¿Me puedo ir de licencia, señor Director?
Chau.
Compartí tu opinión con toda la comunidad