Armando Raffo: "Peri, como le decían en La Huella, fue un libro abierto"
En una parte de la ceremonia religiosa, en nombre de la congregación que dirige, el superior provincial de los jesuitas, Armando Raffo, dijo: «Hoy nos congrega el fallecimiento de alguien muy querido y muy valioso. Nos juntamos, como siempre hacemos los cristianos, para asumir e integrar en esta ocasión este dolor tan profundo de la muerte de Perico. Pero asumiéndolo e integrándolo con entereza, humanidad a flor de piel y esperanza liberadora». «Perico murió atropellado por un ómnibus cuando viajaba en bicicleta. Es una muerte incomprensible y absurda para nosotros. No logramos comprender cómo alguien tan atento, ordenado y cauteloso podía morir de esa manera. Cómo alguien tan significativo y lleno de vida se nos escapa de las manos».
«Hoy más que nunca debemos pedir a Dios que recree esa esperanza, que habita en lo más profundo de nuestros corazones, y que nos arranque de las tinieblas de la angustia, para abrirnos al horizonte del amor de Dios, que nos acoge en su eternidad», señaló. «Perico, como le decíamos casi todos nosotros, o Peri, como le decían en La Huella, fue como un libro abierto, porque todos sabíamos en qué andaba y a qué dedicaba su vida. Pero el verdadero secreto en todos sus desvelos y secretos en sus trabajos fue su amor a Jesucristo».
Con voz entrecortada por la emoción, Raffo dijo: «Nada de su vida se puede entender sin esas motivaciones profundas o sin asomarnos a sus largas horas de meditación de la palabra de Dios y contemplación de Jesucristo resucitado en los empobrecidos y despreciados de nuestra historia». «Perico tuvo una sensibilidad muy fina y aguda para detectar cualquier situación que fuese injusta y violadora de la dignidad humana. Fue un hombre de fe, un hombre de Dios y un apasionado por la justicia». «Hoy no solo lloramos su ausencia, sino que también lamentamos en lo más hondo de nuestro ser la pérdida que supone su partida para la sociedad y la Iglesia uruguaya».
Con lágrimas en los ojos, Raffo expresó: «Perico reflejaba las múltiples dificultades que tuvo que enfrentar, pero que nunca lograron borrar la serena sonrisa de sus labios ni la paz de su corazón». «Debemos pedir a Dios, con toda humildad, que su partida sea un acicate firme y profundo, para nuestro propio seguimiento. Que nos aliente la esperanza y que la desesperanza no gane terreno en nuestras vidas, como nunca lo pudo hacer en la vida de Perico».
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